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Sin rendirse

El contendor debe empecinarse en la fe, en la esperanza, en el amor. No con cándida visión...

SOLEDAD MORILLO BELLOSO |  EL UNIVERSAL
viernes 11 de mayo de 2012  12:00 AM
Odio, furia, rabia, ira. Pecados de pagano. Eso siente. Cree que hay que pagarle lo que él está sufriendo. Su enfermedad es culpa de quienes lo han adversado, de quienes han hecho un pésimo trabajo a su lado, del pueblo que exige resultados, de los partidarios que porque lo han votado se creen con derecho a criticar o pedir. Culpables son todos. Tiros, troyanos y niníes. Aplaudidores de oficio, enconados opositores, críticos eventuales, transeúntes de la indefinición, pasmados en el silencio. Todos. Y todos tienen que pagar.

Supersónico

Las ya inmensas deudas de la nación van en aumento supersónico. La corporación petrolera está destruida, morosa, endeudada hasta el tuétano, controlada por un cuatrero sin escrúpulos. La televisora estatal es un antro de fascistas de la peor calaña. Para ellos no hay Ley Resorte ni organismo supervisor ni Contraloría. Es un pozo séptico, una metáfora de lo que es el Gobierno. El Sur agoniza. Remeda a los pueblos de los spaguetti westerns. Los trabajadores de las empresas básicas protestan, hacen hasta huelgas de hambre. Ni lástima por ellos siente el mandatario. Los deprecia. Los damnificados de años ya de tragedias viven en campos de refugiados controlados por mafias. Las muchachitas les paren hijos a los violadores. El narcotráfico hace de las suyas y la comida se vende a cambio de favores. Sobre la corroída piel de los presos que viven el infierno dantesco de las cárceles, llueve el ácido de la mujer más acomplejada y rencorosa del régimen. La lista de lo destruido en la nación es ya más larga que los papelores de Proust.

Pero el enfermo no se sacia. Corroídos el cuerpo y del alma por sus pecados, su voz entona cánticos a los dioses de la venganza. Pide castigo para los culpables. Según él, son todos. Y a todos legará un país en ruinas, un país de casas muertas, un país arrasado por la maldad.

Por ello, el contendor debe empecinarse en la fe, en la esperanza, en el amor. No con cándida visión benevolente, sino entendiendo que de la fuerza de lo bueno, sale la energía para el progreso. Ser un David, un Ariel, un Aquiles. Pero con la virtudes de Salomón.

Continuar, sin rendirse.

Smorillobelloso@gmail.com



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