Días de radio y la tormenta perfecta
En los días de radio, pocos años antes del inicio de la televisión en el país, la gente escuchaba los juegos de fútbol, la pelota, las novelas; y junto a programas populares de toda índole, algunos eran muy divertidos como el de Toribio Aguado en la Bodega de la Esquina y El Bachiller y Bartolo con Amador Bendayán. Durante esos días gran parte de la información estaba controlada por el Estado y las noticias no podían de ninguna forma ser adversas a la directriz oficial, no se aceptaba la crítica so pena de sufrir serias consecuencias. La mayor parte de la población llevaba el día a día sin inmiscuirse en la política. Algunos sintonizaban la radio de onda corta para captar noticias de otros países y muchas veces eso les permitía obtener información diferente a la de los noticieros radiales y los periódicos locales.
El 23 de enero de 1958 fue derrocada la dictadura y la mayoría de la población se enteró de manera sorpresiva ese mismo día; las noticias en los periódicos del día anterior no daban ningún indicio que permitiera detectar alguna amenaza contra el Gobierno. Se produjo un "tsunami" a lo largo y ancho del país que despertó bruscamente al pueblo después de un largo periodo de ignorancia informativa. En ese momento la gente empezó a asimilar el proceso que se mantenía sumergido por tantos años.
Hoy en día las cosas han cambiado radicalmente, gracias a Internet se pueden leer todos los periódicos del mundo con las distintas tendencias y nos hacemos un juicio propio sin necesidad de recurrir a las noticias oficiales, muchas veces distorsionadas. Un turista polaco en Zimbabue puede enterarse de todo lo que pasa en su país, a diferencia de un campesino en su pueblo sin Internet y donde solo recibe la señal del gobierno bolivariano.
En algo se asemeja la información del clima con el de la política. Las noticias políticas aportan información de sucesos locales e internacionales, a partir de ellas se crea una matriz de opinión y la población se prepara según el caso. Por ejemplo, las encuestas dan por seguro que va a ganar tal o cual candidato y el día de las elecciones generalmente ése gana. De la misma manera el servicio meteorológico está en capacidad de darnos con exactitud datos sobre un huracán en proceso de formación y su avance por el océano. Podemos saber con varios días de antelación y con exactitud cuándo va a tocar nuestras costas. Sin embargo, la mayoría de las veces la política no es tan precisa, puede existir alguna información que se trata de ocultar, pero siempre algo se rumorea, filtra o desconoce, lo que genera miedo, incertidumbre y especulación. En esos casos, cuando la noticia llega se siente como un terremoto, y el daño y la devastación es mayor por encontrarnos desprevenidos.
En el mundo existe un proceso sumergido que se maneja dentro de la ilegalidad, donde funcionan transacciones ligadas a intereses del narcotráfico, las mafias, la guerrilla, el lavado de dinero, el tráfico de armas e infinidad de procesos turbios conectados con las esferas del poder. Ellas actúan fuera del radar y por lo tanto fuera del conocimiento de los servicios noticiosos y más aún del ciudadano común; pero cuando menos se espera salta la liebre y nos deja a todos estupefactos. Aquí estamos hablando de un tsunami noticioso. Son dos mundos paralelos que se reencuentran, uno que vemos y otro que desconocemos, este último de cuando en cuando emerge a la luz y deja al descubierto parte de la descomposición sobre la que vivimos, y da pie a que se produzca la tormenta perfecta.
smlgllg@yahoo.com
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