El regreso de Roosevelt
El presidente norteamericano y sus tesis del New Deal renace en la Europa de Hollande
ROBERTO GIUSTI
| EL UNIVERSAL
martes 8 de mayo de 2012 12:00 AM
El triunfo de François Hollande en Francia no sólo representa el regreso del Partido Socialista al poder, luego de más de tres lustros de oposición, sino la inminente posibilidad de un giro de las políticas fiscales de austeridad impuestas a Europa por los gobiernos de Francia y Alemania. Ayer el ahora saliente presidente Sarkozy pagó los platos rotos de su alianza con Angela Merkel y con Hollande al frente de la segunda economía más poderosa de la Unión Europea, se considera inminente una reconsideración de la amarga receta merkozy en la cual Hollande ("la austeridad no puede ser una condena") ha anunciado la necesidad de incorporar un ingrediente desechado hasta ahora: el crecimiento económico.
Pero la rebelión de Hollande no sólo encarna la posición de una mayoría de los votantes franceses, sino de una buena porción de los ciudadanos europeos, sobre todo los del sur del continente, para quienes el rigor (mortis, según algunos cronistas) de los recortes provocó una caída dramática en su calidad de vida. El rescate, hasta ahora lento y tortuoso de la economía europea, recibiría, de acuerdo con las declaraciones de las autoridades de la Unión, un toque rooseveltiano de dinámica frescura y al lado de los ajustes y de la reducción de la deuda (que Hollande reconoce como necesarios) aparecerán estímulos para la expansión.
No será tan fácil desarrollar una política de crecimiento, que requiere inversiones y esto significa créditos, en un momento en el cual se recortan gastos y presupuestos, por lo que la nueva deriva de la conducción económica debe implicar laboriosas negociaciones en el intento de superar lo que algunos ortodoxos consideran como la cuadratura del círculo
Pero el asunto no queda ahí y si los burócratas deben buscar la forma de conciliar intereses contrapuestos, la rectificación puede estar llegando tarde porque al lado de la mesura divergente de Hollande, en las zonas más vulnerables de la crisis florecen las posiciones más extremas del populismo, tanto de derecha como de izquierda, que se manifiestan en los resultados de las elecciones parlamentarias griegas, celebradas paralelamente a las presidenciales francesas. Allí los partidos tradicionales fueron abandonados por sus votantes y junto con la izquierda radical (Syriza) los neonazis de Amanecer Dorado han logrado votaciones inéditas que plantean serias dificultades a la hora de formar un nuevo gobierno.
Frente al resurgimiento parcial de los viejos fantasmas también emerge Hollande, cuya crítica a la creciente brecha entre los ricos y los pobres europeos, en medio de una crisis y desencanto pocas veces vistos desde la conclusión de la Segunda Guerra, parece estar en la fórmula Roosevelt para lograr no sólo la limpieza de las cuentas sino la justicia social.
rgiusti@eluniversal.com
Pero la rebelión de Hollande no sólo encarna la posición de una mayoría de los votantes franceses, sino de una buena porción de los ciudadanos europeos, sobre todo los del sur del continente, para quienes el rigor (mortis, según algunos cronistas) de los recortes provocó una caída dramática en su calidad de vida. El rescate, hasta ahora lento y tortuoso de la economía europea, recibiría, de acuerdo con las declaraciones de las autoridades de la Unión, un toque rooseveltiano de dinámica frescura y al lado de los ajustes y de la reducción de la deuda (que Hollande reconoce como necesarios) aparecerán estímulos para la expansión.
No será tan fácil desarrollar una política de crecimiento, que requiere inversiones y esto significa créditos, en un momento en el cual se recortan gastos y presupuestos, por lo que la nueva deriva de la conducción económica debe implicar laboriosas negociaciones en el intento de superar lo que algunos ortodoxos consideran como la cuadratura del círculo
Pero el asunto no queda ahí y si los burócratas deben buscar la forma de conciliar intereses contrapuestos, la rectificación puede estar llegando tarde porque al lado de la mesura divergente de Hollande, en las zonas más vulnerables de la crisis florecen las posiciones más extremas del populismo, tanto de derecha como de izquierda, que se manifiestan en los resultados de las elecciones parlamentarias griegas, celebradas paralelamente a las presidenciales francesas. Allí los partidos tradicionales fueron abandonados por sus votantes y junto con la izquierda radical (Syriza) los neonazis de Amanecer Dorado han logrado votaciones inéditas que plantean serias dificultades a la hora de formar un nuevo gobierno.
Frente al resurgimiento parcial de los viejos fantasmas también emerge Hollande, cuya crítica a la creciente brecha entre los ricos y los pobres europeos, en medio de una crisis y desencanto pocas veces vistos desde la conclusión de la Segunda Guerra, parece estar en la fórmula Roosevelt para lograr no sólo la limpieza de las cuentas sino la justicia social.
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