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Economía para no economistas

Los precios los fija el mercado. He allí el error de la Ley de costos

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JOSÉ RAMÓN ACOSTA |  EL UNIVERSAL
lunes 7 de mayo de 2012  12:00 AM
Qué tiene que decir la teoría microeconómica de la Ley de costos y precios justos? Al menos tres cosas: que los costos no tienen nada que ver con los precios, que las variaciones de precios no son inflación y que los controles son inútiles en economía. Trataremos solo la primera idea.

Es posible que usted siempre haya creído que los productores fijan sus precios en función de los costos, ya sea porque lo ha escuchado muchas veces, porque lo ha leído o porque -si ha estudiado Economía, Administración o Contaduría- se lo enseñaron así. Esto se conoce comúnmente como el cuerpo doctrinal establecido o paradigma, independientemente de si se trata de la teoría clásica del valor o de la teoría marxista del valor, que en el fondo son lo mismo. Más allá de la escuela doctrinal a la que pertenezca su profesor de teoría económica, lo tenga consciente él o no, es posible que le haya dicho algo así como: para determinar el valor de un bien se contabilizan los costos de los factores de producción, incluyendo el costo de oportunidad, y en función de esto se fijan los precios.

¿Qué es esto de costo de oportunidad? ¿Por qué los economistas lo separan de los demás costos? El costo de oportunidad es, en términos sencillos, el costo de la alternativa. Cuando se emplean fondos con un fin, este propósito siempre tiene una opción, una alternativa. Los fondos que se emplean en los factores de producción pudieron haberse empleado en otros factores distintos o en alguna otra cosa. Esa "otra cosa" es el costo de oportunidad. ¿Por qué los economistas diferencian ese costo de los demás? ¿Por qué ese énfasis? Simplemente, porque el costo de oportunidad es el más difícil de estimar. Además los otros costos son previos, pasados; ya se incurrió en ellos. En cambio, el costo de oportunidad cambia, si cambian las circunstancias. Es presente y subjetivo.

El problema central, por cierto, no es la estimación del costo de oportunidad. A los economistas nos encanta suponer que lo conocemos. Pero incluso, aunque sea así, de todas maneras no es cierto que los precios lo fijen los costos, incluido el costo de oportunidad, y, tampoco es verdad que una vez establecida la suma total de los costos, se determina el precio del producto en función de dichos costos.

Un ejemplo: usted. es pescador, todas las madrugadas sale a pescar y a media mañana regresa con la pesca. Entonces, antes de vender el pescado procede a calcular el precio al que va a vender el kilo. Usted pescó ese día 100 kg y sus costos fueron de 10.000 unidades monetarias (UM), incluyendo el costo de la alternativa. En este caso, ¿cuál es la alternativa? A lo mejor es no pescar, es decir, el ocio, que no es un costo monetario; o a lo mejor la opción es sembrar o trabajar como empleado, ganando un salario; en fin, no importa. Supongamos que podemos calcular todo esto. Sumados a los demás costes financieros, depreciación incluida, usted incurrió en 10.000 UM de costos para obtener los 100 kg. de pescado. Entonces la cuenta es muy simple: usted debería vender el pescado a 100 UM el kilo. No puede hacerlo a otro precio. Si lo vende más caro será un especulador, y si la vende más barato perderá. Con esta cuenta en mente se dirige a la playa, donde le esperan los compradores.

Al llegar a la playa se da cuenta de que también regresaron los demás pescadores. Observa que -según la cantidad total de pescado y la cantidad total de clientes- el pescado está vendiéndose a un determinado precio. Esta situación es lo que los economistas llaman el mercado. En él se fija el precio de acuerdo con la oferta y la demanda, en este caso de pescado.

Ante esta realidad existen tres posibilidades: que la demanda sea igual a la oferta, en cuyo caso usted podrá vender el pescado a 100 UM; que haya más demanda que oferta, entonces podrá vender el pescado a un precio superior a las 100 UM; que exista más oferta que demanda, en cuyo caso es muy probable que. termine vendiendo el pescado a un precio menor.

Pongamos otro ejemplo con la lejía, que no se daña rápidamente como el pescado. Usted tiene una planta de este producto. Sus costos, incluyendo el de oportunidad (ser pescador, por ejemplo) es de 10.000 UM, y fabrica 100 litros diarios. Contrata un economista quien le dice que debe vender a 100 UM el litro. Cuando salga a venderla, lo único relevante del precio será la demanda de lejía, no lo que le haya dicho el "experto".

Los precios los fija el mercado. He allí el error de la Ley de costos.

cedice@cedice.org.ve

@cedice



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