Cortar amarras
Van cayendo y pagando instituciones e individuos responsables de errores y fraudes
DOMINGO FONTIVEROS
| EL UNIVERSAL
domingo 22 de abril de 2012 12:00 AM
El gobierno venezolano ocupa hoy un lugar disidente y muy minoritario en el concierto de naciones que a nivel mundial vienen tratando de salir entre todas de la profunda crisis económica sufrida durante 2008-2009, de la cual todavía no se ha emergido en forma plenamente confiable. Desde China y Arabia Saudí, pasando por Brasil, Alemania e Inglaterra, y llegando a Sudáfrica, Chile, India y muchos otros, son decenas de países que han venido cooperando en el marco de acuerdos multilaterales, regionales y bilaterales para minimizar los costos causados por la adversidad y tratar de mantener intactas las instancias para la recuperación futura.
Las causas de la crisis son bastante bien conocidas por gobiernos y analistas, y entre todos, al corriente nivel de lectura, se ha hecho un balance que luce satisfactorio: las mayorías se beneficiaron, mientras pudieron, de los errores de otros, antes de la crisis, y ahora se trata de que las mayorías se beneficien de las rectificaciones de todos en la superación definitiva del problema global. En el camino van cayendo y pagando instituciones e individuos responsables de errores y fraudes cometidos en el proceso que condujo al desplome económico. Y, afortunadamente, se va despejando el camino para el futuro.
Esta actitud constructiva no es aceptada, sino más bien rechazada, por los pocos gobiernos esteparios que subsisten, que se empeñan en repetir viejas consignas de confrontación a todo trance, como la de "rock the boat" (ayuda a hundir el barco) que se cantaba en melodías extranjeras de hace 40 años y otras con menos reminiscencias y más anacrónicas, de raigambre marxista. Estas posturas radicales serían menos incomprensibles si fueran asumidas por grupos civiles tremendistas con la finalidad de llamar la atención. Pero cuando un gobierno asume la actitud del tremendismo, está jugando en sentido literal con la condición de vida de los ciudadanos que viven bajo su imperio y supuesta protección.
Venezuela se encuentra actualmente muy aislada en el ámbito internacional. Se ha aliado, sin razón práctica alguna, con los pocos gobiernos opuestos al nuevo orden mundial que se viene construyendo con esfuerzo en medio de la cooperación internacional, mientras que en paralelo ha roto con otros gobiernos que fueron sus solidarios en años pasados.
Los costos económicos de esta postura son importantes. Se miden en petróleo dejado de producir y vender, así como en el bajo precio promedio al que se vende en el extranjero el que se sigue exportando; en empresas de otros sectores vertebrales de la economía nacional, como el acero, el cemento y aluminio, que se han convertido en zombis dentro del panorama productivo; en las obligaciones externas que se acumulan con cargo al pretendido buen crédito de un gobierno petrolero que aparenta fortaleza, pero a un costo creciente y con implicaciones futuras de mucho peso muerto para las perspectivas de recuperación, por mencionar algunos.
Mientras este gobierno permanece anclado a un pasado que retrocede a cada segundo y ha atado la vida nacional a su rupestre visión, el país merece alcanzar nuevos horizontes. Habrá que cortar las amarras que detienen a esta hermosa nave que es Venezuela. Ahí está la misión principalísima de la alternativa democrática para estas elecciones.
dfontiveros@cantv.net
Las causas de la crisis son bastante bien conocidas por gobiernos y analistas, y entre todos, al corriente nivel de lectura, se ha hecho un balance que luce satisfactorio: las mayorías se beneficiaron, mientras pudieron, de los errores de otros, antes de la crisis, y ahora se trata de que las mayorías se beneficien de las rectificaciones de todos en la superación definitiva del problema global. En el camino van cayendo y pagando instituciones e individuos responsables de errores y fraudes cometidos en el proceso que condujo al desplome económico. Y, afortunadamente, se va despejando el camino para el futuro.
Esta actitud constructiva no es aceptada, sino más bien rechazada, por los pocos gobiernos esteparios que subsisten, que se empeñan en repetir viejas consignas de confrontación a todo trance, como la de "rock the boat" (ayuda a hundir el barco) que se cantaba en melodías extranjeras de hace 40 años y otras con menos reminiscencias y más anacrónicas, de raigambre marxista. Estas posturas radicales serían menos incomprensibles si fueran asumidas por grupos civiles tremendistas con la finalidad de llamar la atención. Pero cuando un gobierno asume la actitud del tremendismo, está jugando en sentido literal con la condición de vida de los ciudadanos que viven bajo su imperio y supuesta protección.
Venezuela se encuentra actualmente muy aislada en el ámbito internacional. Se ha aliado, sin razón práctica alguna, con los pocos gobiernos opuestos al nuevo orden mundial que se viene construyendo con esfuerzo en medio de la cooperación internacional, mientras que en paralelo ha roto con otros gobiernos que fueron sus solidarios en años pasados.
Los costos económicos de esta postura son importantes. Se miden en petróleo dejado de producir y vender, así como en el bajo precio promedio al que se vende en el extranjero el que se sigue exportando; en empresas de otros sectores vertebrales de la economía nacional, como el acero, el cemento y aluminio, que se han convertido en zombis dentro del panorama productivo; en las obligaciones externas que se acumulan con cargo al pretendido buen crédito de un gobierno petrolero que aparenta fortaleza, pero a un costo creciente y con implicaciones futuras de mucho peso muerto para las perspectivas de recuperación, por mencionar algunos.
Mientras este gobierno permanece anclado a un pasado que retrocede a cada segundo y ha atado la vida nacional a su rupestre visión, el país merece alcanzar nuevos horizontes. Habrá que cortar las amarras que detienen a esta hermosa nave que es Venezuela. Ahí está la misión principalísima de la alternativa democrática para estas elecciones.
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