El gran duelo, Godzilla vs. King Kong
El país decidió, será una batalla entre socialistas, por un lado la cepa benigna que encarna Henrique Capriles y su partido Primero Justicia, y en el otro, la cepa virulenta de Chávez y el PSUV, el objetivo de ambos será el gran caudal de votos que representan los pobres y un segmento de la nueva clase media emergente. Ambos tienen ventajas y desventajas ante el choque electoral, veamos algunas de éstas.
Por un lado Henrique, a pesar de que el asunto ideológico le tiene sin cuidado (dice él), pareciera que está dispuesto a montar en su autobús del progreso a cualquiera que le dé el voto en una especie de populismo indiscriminado cuyo principal rasgo es que él encarna todo lo que Chávez no es (Retrógrado vs. Progresivo).
Su principal estrategia política pareciera estar dirigida a cosechar el inevitable deslave que se está produciendo en el chavismo, sumar, no restar es su gran preocupación; su partido de jóvenes y exitosos burócratas ha demostrado que puede administrar el país en términos de minimizar los conflictos, reparto equitativo de bienes y servicios y eficiencia en las operaciones que afectan la cotidianidad de los ciudadanos.
Primero Justicia demostró el avanzado posicionamiento con que cuenta a nivel nacional, cosa que pone nervioso a potenciales aliados, por lo que van a tener que hilar muy fino para contar con el respaldo de los demás partidos de la oposición; si lo logran, van a marcar una diferencia notable con su contendor que ha agotado a la gente con tanta confrontación, descalificación y discriminación.
Henrique mantiene su interés de usar la fuerza del aparato del Estado en hacer justicia social, comulga con el estatismo petrolero para lograr sus fines, con una distribución más justa de la renta, con una mano suave pero firme en el intervencionismo estatal, con un claro deseo de permitir la participación en su gobierno de sectores que han sido renegados y maltratados, sin perder de vista su preocupación principal, atacar y disminuir la pobreza y la desigualdad (una vez que sea electo presidente será deber de quienes somos de la derecha, demostrarle que el Estado de Bienestar o estatismo es un error).
Esta es una posición que el grueso del país entiende y comparte; si logra ponerle límites a la conflictividad social (si los chavistas se lo permiten), podrá tener éxito en hacer la transición hacia una mejor democracia, en pocas palabras, Henrique Capriles es nuestro socialista, estatista, populista, el de todos los venezolanos; los cubanos tienen el suyo, y se llama Chávez.
Pero Capriles enfrenta a un enemigo formidable, el comandante-presidente y sus huestes no van a cambiar de dirección en su proceso, están trabajando con el factor miedo en la sangre, saben que están perdiendo terreno y que la ilusión mediática tiene sus límites y ya están allí; los años perdidos, los recursos malgastados, la torpe ineficiencia del hiperestado que han creado, están cobrando duro en lealtades y simpatías, ha pasado demasiado tiempo y se siente el desgaste, las mismas caras, el mismo discurso, las promesas incumplidas han hecho mella en la estructura del edificio chavista.
Lo peor, el tiempo confabula en su contra, hay inseguridades por la viabilidad de que el candidato pueda sostener la campaña al ritmo que desde ya ha impuesto, su salud es un gran misterio en la ecuación; cada día que pasa es más claro que no se trata de un movimiento democrático, participativo y popular, demasiadas élites rojitas en conflicto, una boliburquesía que no se puede ocultar, una injerencia extranjera exagerada y grosera, un extremismo ideológico que los hace tóxicos a muchos indecisos.
La inseguridad y la inflación se los están comiendo vivos, y los trapitos que pusieron para contener la hemorragia parecen haber exacerbado los problemas, cada semana que transcurre los hace ver más como un régimen policial y eso no le gusta a nadie.
Es indudable que el socialismo benigno de Capriles luce más atractivo, el gran problema será en cómo Henrique va a manejarse con el contendor que, ya es obvio, lo tiene a él y a los suyos como enemigos de la ultraderecha, a quienes hay que destruir por cualquier medio posible; tengo la impresión de que los venezolanos no queremos un mártir, o que nuestro candidato se convierta en un saco de boxeo donde Chávez practique sus golpes bajos, pero menos aún, debamos tener que presenciar la lamentable escena de un buen muchacho aullándole a la luna, cuando le metan cinco millones de votos virtuales en el conteo final y pierda el encuentro por trampa, quedando el país decente tendido en la lona, de allí la necesidad perentoria de pedir y lograr una reestructuración más equitativa en la composición del CNE, más transparencia y auditorías constantes para una depuración del registro de electores, esto sólo se va a lograr con grandes movilizaciones de calle y presión internacional.
saulgodoy@gmail.com
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