Sin miedo
No más embustes sobre la inseguridad, la agricultura, la electricidad, las universidades...
Pocos momentos de nuestra historia se parecen a los que estamos viviendo. Quizás los días previos a los plebiscitos y elecciones de Pérez Jiménez, o los últimos momentos de la dictadura gomecista. Porque nadie se llame a engaño, el gobierno que tenemos se parece mucho más a éstos que los democráticos que tuvimos desde 1958. La diferencia fundamental con los finales de dictadura estará en que el desenlace será electoral y que habrá una transición peor, mucho más difícil.
En estos momentos millones de venezolanos escogen al próximo Presidente de la República. El candidato de la oposición que se elige hoy será según todas las tendencias el sucesor de Chávez el próximo 7 de octubre. Al igual que en cualquier regreso a una democracia plena, el comandante, líder o como quiera llamarse a sí mismo el Presidente sigue manteniendo una alta popularidad, pues todo sistema autoritario depende exclusivamente del número, asegurado por el clientelismo o el miedo o ambas cosas. Los gigantescos programas sociales que nunca terminan, el pobre debe seguir siendo pobre, las casas se prestan y así se asegura el voto. Pero esa popularidad, es el único resto de democracia que todavía respeta el chavismo, ya no equivale a votos. El abismo entre la aprobación de Chávez y la intención de voto es la tragedia de los estrategas del gobierno.
Entonces, es el momento de la imaginación, el momento de la visión del país que comienza con el nuevo gobierno. Primero, la verdad. No más embustes sobre la inseguridad, la agricultura o la electricidad, sobre las universidades militarizadas o el candor de Gadafi o Raúl Castro. La verdad en todos los sentidos, pues no se trata de creer ahora como Bambi en la bondad del Comando Sur o en la generosidad colombiana. La verdad pura y dura, dejar de ver todo en blanco y negro (rojo y negro sería más correcto decir, sufrimos de una Venezuela stenhdaliana) y comenzar de nuevo con los matices.
Verdad y educación. La verdad de que un importante sector de venezolanos, por mucho tiempo mayoría, al menos tolera el presente estado de cosas y vota por él, requiere renovar la educación cívica, convencer de que democracia es mucho más que votar y que si bien los líderes son indispensables, no son mesías ni profetas. Quien hoy se elige no es ninguna de estas cosas, pero seguro que será joven, democrático(a) y republicano(a).
glinares@cjlegal.net
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