Misiones mutiladoras
Aunque parezca impopular señalarlo, las dádivas procedidas de las misiones, sin más, tienden a convertirse en un dañino instrumento de perversión social porque desestima todo estándar de elevación del nivel de vida derivado del trabajo personal o colectivo. No se trata de desatender las miserias y el dilema de los pobres, por cierto, incrementados en el actual Gobierno. Las misiones per se no son condenables, pero sí cuando carecen de propósitos nobles y sólo soliviantan la inacción de quienes las reciben pues a la larga esta práctica se revertirá contra toda la sociedad porque exonera al beneficiado de todo compromiso ante el grupo. En otras palabras, son perversas cuando se usan como estándar de campaña electoral.
Por ejemplo, la Misión Hijos de Venezuela que otorga subsidios por cada hijo gestado por menores de edad, como está ocurriendo con niñas en nuestros liceos, no son más que un guantazo electorero para evadir el fondo de este drama. Francia, país desarrollado, ante un peligroso descenso poblacional en los años treinta, implementó importantes medidas para detener la angustiante caída demográfica. Se instituyó una legislación en pro de la natalidad concediendo asistencia fiduciaria a las familias por cada hijo nacido. La medida, también asumida por otros países europeos, trajo un equilibrio poblacional calificado por los institutos competentes, como "Institud National d´Études Démographiques de París", de prudente.
Argelia, colonia francesa en aquel tiempo, copió literalmente las disposiciones legislativas que Francia había dictado al respecto y, no obstante su alta tasa de natalidad, se estimuló el incremento de la población que buscaba las regalías fijadas. Había familias cuyos únicos ingresos provenían de las primas monetarias que el Estado concedía por cada hijo. Si la tasa de natalidad hubiese continuado creciendo al mismo ritmo la población, al igual que la miseria, se hubiese duplicado en poco tiempo. Conclusión a la que el gobierno argelino llegó pero con varios años de retraso.
Este ejemplo no constituye un caso excepcional. Las organizaciones mundiales que se ocupan de los problemas del desarrollo, conocen bien las controversias que a diario surgen por acciones de gobiernos populistas que se remueven más por preservar el poder que ocuparse de la elevación del patrón de vida de la población más pobre. No son escuchados los expertos que se preocupan, sobre todo, de desarrollar la infraestructura e instituir la base asociativa que haga posible un lento, incluso un muy lento, cambio en beneficio precisamente del más necesitado.
Lamentablemente nuestro país ha entrado en un peligroso círculo vicioso: a mayor ingreso petrolero más regalías sin control mientras se devastan los emporios patronales de progreso como siderúrgicas, petroleras, industrias particulares, desarrollos agrícolas, represas, constructoras, núcleos urbanos controlados y, sobre todo, pequeñas y medianas manufacturas. Los planificadores revolucionarios, aún impregnados del aire remanente dejado por el turbión marxista, se niegan armonizar los subsidios razonados con el progreso personal. Cuba es el más claro ejemplo del entumecimiento colectivo derivado de la falta de estímulo. Nadie conoce sus índices de desarrollo porque no existen. Sólo se percibe una sociedad que busca sobrevivir en un medio ambiente arruinado, hostil y primitivo.
En Venezuela nadie está al tanto del porcentaje del presupuesto utilizado en los últimos 13 años para el desarrollo mientras se percibe el desplome de grandes, medianas y pequeñas industrias. Sí se sabe de colosales fondos consignados en una recóndita caja llamada Fondem que es operada por el Presidente con prodigalidad, a capricho y sin control.
El elemento que domina la mayoría de los pseudoproyectos del régimen es un inmenso prejuicio para condenar a priori a empresas exitosas. Pareciera que el Presidente ambiciona el retorno de épocas anteriores a 1769, era preindustrial, cuando se inicia la invención de la máquina de vapor. Tiene la mirada fija en el modelo del armatoste cubano. De allí la relevancia del voto el 12 de febrero; paso preliminar para recuperar la democracia perdida.
miguelbm@movistar.net.ve
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