Ser libres y progresar
El problema de las misiones del gobierno nacional, como programas sociales, no tiene mucha discusión.
Nuestras familias sumidas en la pobreza quieren dejar de serlo. El desafío, lo ha dicho Henrique Capriles en muchas ocasiones, es que nadie se quede atrás. Que seamos capaces de remover todos los obstáculos para que los venezolanos tengamos la oportunidad de progresar.
¿Se requieren programas sociales? Claro que sí. ¿Necesitamos mantener las misiones? Seguro, pero hay que mejorarlas.
¿Por qué han fracasado? Porque no han logrado su objetivo fundamental: lograr que los pobres dejen de serlo. Y no lo logran por diversas causas estructurales, como la economía, el empleo, la inversión, la confianza, la alianza entre los sectores públicos y privados.
Visto desde adentro, las misiones no funcionan, porque palabras más, palabras menos, son una lista de personas que se registran y acceden a una fuente de ingreso precario. La posibilidad de que una persona acceda a varias misiones, o que varias personas de una misma familia se anoten en varias listas, mejora sin duda el ingreso familiar, pero se mantienen en situación de pobreza.
El problema radica en la articulación de los programas entre si y en el como las personas que están en ellos se relacionan con su entorno inmediato.
Quienes dirigen las misiones, son unos despachadores de renta, no unos promotores de desarrollo. Las personas que participan en ellas, reciben un ingreso y alguna formación, pero ninguna mejoría en su entorno, que les permita de manera estructural y no circunstancial, mejorar su calidad de vida.
El problema de la pobreza y su solución, es que durante todos estos años, ha sido pensado en crear programas sociales y no solucionar el problema de fondo. Alguien que no tiene empleo, ni capacitación, y que vive en un entorno precario, por más ingresos que logre al participar en una de estas misiones, aún posee demasiados obstáculos que no le permitirán progresar. Se puede estar recibiendo los beneficios de una misión, pero la vivienda se moja; está en una zona de riesgo; no hay acceso a los servicios mínimos; no hay transporte ni vialidad; no hay una escuela cerca que funcione; ni un ambulatorio que esté abierto y disponible cuando se necesite, entonces tenemos a un ciudadano con su esperanza frustrada, en una comunidad que tampoco progresa.
En el caso de Miranda, cuando el gobernador Henrique Capriles, dio inicio al programa Hambre Cero, lo hizo con dos componentes estructurales.
Primero existe una vinculación entre todos los programas sociales de la gobernación, bajo el paraguas de Hambre Cero. La familia que recibe el beneficio de participar en esta misión, tiene una atención que es temporal, hasta que salga de la pobreza y se pueda valer por sí misma.
En segundo término, la familia es acompañada durante todo el proceso por los equipos parroquiales. Las casas del pueblo hacen seguimiento integral al problema de cada familia y se brindan soluciones en la mejoría de la vivienda; se insertan al sistema escolar, los niños que estén fuera de él; si hay personas con problemas de salud son atendidas en las Casas Amigas de la Salud, para evaluar la condición y mejorarla; se brinda capacitación para acceder a un empleo o ingreso, a través del otorgamiento de microcréditos para el emprendimiento y así poder llevar una vida productiva.
Hacer llegar la bolsa de alimentos con el contenido calórico indispensable a cada familia, no es lo más importante, sino que cada uno de ellos reciba integralmente todos los programas, en el orden y la manera que requiere cada caso.
Uno de los aspectos más trascendentes de Hambre Cero, es que los beneficiarios, han sido identificados por la propia comunidad como los grupos más vulnerables. Generándose así los vínculos y redes de apoyo indispensables para progresar.
Este censo se realiza en presencia de todo el equipo de Miranda. Desde el gobernador hasta los funcionarios que implementarán las soluciones. Todo lo que tiene solución inmediata se resuelve al momento. Todo lo que es a largo plazo se planifica. Desde la construcción de una escuela hasta la construcción de una cancha.
Jamás se menciona política partidista alguna. Con las comunidades hablamos de ideas y no de ideologías. Se habla de cómo mejorar en conjunto la calidad de vida de todos los habitantes.
Queda mucho por hacer, pero el aprendizaje fue grande. Demostramos que los programas sociales no son para hacer listas de pobres, sino para solucionar estructuralmente el problema, con familias que viven y sueñan en comunidad, con grandes aspiraciones de progreso. Gente que hace contraloría social de la buena y que espera dejar de depender del gobierno, para ser libres de verdad.
adrianadelias@gmail.com
@adrianadelia
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