La ley del más débil
"La historia del Derecho es también una historia de utopías (mejor o peor) convertidas en realidad".
Luigi Ferrajoli. La ley del más débil
Una reciente y muy comentada fotografía recogida por la prensa mundial mostraba la imagen de Luiz Ignacio Lula da Silva, expresidente del Brasil, fundido en un abrazo con el actual presidente paraguayo, Fernando Lugo. La escena, según se dijo, habría tenido lugar en el prestigiosísimo Hospital Sirio-Libanés de Sao Paulo, probablemente uno de los centros oncológicos más importantes del mundo. Lula da Silva, como en su día informara formalmente su vocero, sufre de un carcinoma epidermoide de laringe, lo que no sorprende dado el conocido historial tabaquista del expresidente. En el caso de Lugo, el diagnóstico correspondió a una variedad de linfoma no-Hodgkin. Así fue hecho público por la propia Presidencia de la República del Paraguay. El mismo tino quisieron - pero al fin no pudieron- tener los voceros médicos de la Casa Rosada al hacer pública la situación de salud de la presidenta Kirchner: una pifia que desdice de la gran tradición médica argentina, convirtió en carcinoma tiroideo a una benigna afección adenomatosa! En todo caso, los mencionados pacientes, sin excepción y merced de sus altísimas investiduras, tuvieron acceso expedito a algunos de los mejores centros médicos del continente, con tecnologías de punta disponibles, especialistas de primera y protocolos de actuación adecuados al estado del arte en la materia. Al poder no hay puerta que no se le abra como tampoco oportunidad que se le niegue. Las mismas escenas son frecuentes aquí en Venezuela también. Bástenos con un recorrido muy mañanero por los principales hospitales privados de Caracas: ¡quién te ha visto y quién te ve!: la toute Caracas del alto gobierno allí sentadita, exhibiendo la batita desechable de color azul que distingue a quienes van camino al quirófano. Nadie, que yo sepa, ha visto jamás a generales, ministros o magistrados haciendo cola a las puertas del P.E.P.O de Catia o del Pescozón...
Al poder siempre se le abren todas las puertas. La ley del más fuerte opera así, ipso facto. Pero, ¿qué pasa con el más débil, con el enfermo sin medios económicos? A ese, salvo que por la bondad de alguno, por el contrario se le cierran todas. Es el portazo cotidiano del "no hay", del "esto está cerrado", del "vuelva mañana". Una de las grandes tareas que esperan al futuro gobierno democrático está en la de nivelación de las espantosas inequidades en el acceso a servicios médicos que caracterizan a Venezuela y que hace que los grandes grupos de enfermedades -el cáncer, por ejemplo- no tengan siempre el pronóstico que les señala la literatura sino el que imponen la condición social y económica del enfermo. Ello es político y, sobre todo, éticamente inaceptable.
Con profundo respeto apelo aquí a aquellos luminosos textos del grande ius constitucionalista italiano Luigi Ferrajoli que la generosa mano del profesor Ricardo Combellas pusiera en las mías hace unos pocos años, en ocasión de aquel memorable seminario doctoral de Derecho Constitucional en la UCV al que tuvo la generosidad de admitir a este modesto clínico como alumno. En la Venezuela democrática por venir es mandatorio poner coto a la recurrente necedad de las utopías y tomarnos en serio los derechos de los ciudadanos. Hay quien por afirmarlo nos haya acusado de "populistas", probablemente porque nunca enfrentó el drama de tener al hijo o al padre enfermo "a mitad de quincena", sin póliza de seguro o, peor aún, siendo un desempleado sin un centavo en la cartera. Liberal en lo económico como he sido, jamás justificaré que un Estado botarate como el venezolano, administrado ahora por un gobierno de pillos, posea líneas aéreas inseguras, hoteles de pacotilla, areperas o pretendidos complejos agroindustriales que no producen ni para un tequeño. Por mí, que quiebren. Lo merecen por ineficientes y poco competitivos. Pero jamás acompañaré la infeliz idea de dejar a un enfermo a su suerte. Así como a los poderosos a quienes, imponiendo su ley, se les abren de par en par las puertas de la gran Medicina, cercanos están los días en que lo mismo ocurra cuando el que arribe a un hospital sea, ya no un alto jerarca de la nomenklatura, sino el más humilde de los venezolanos. Porque en la Venezuela democrática por venir será en la que impere ¡por fin! la ley del más débil.
Secretario de Salud del Estado Bolivariano de Miranda
gustavo.villasmil99@gmail.com
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