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Venezuela y Mercosur

ADOLFO R. TAYLHARDAT |  EL UNIVERSAL
miércoles 28 de diciembre de 2011  12:00 AM
Nadie niega que a Venezuela le conviene ingresar en Mercosur. Los objetivos que persigue ese esquema de integración son absolutamente compatibles con los intereses venezolanos: libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países que lo integran; el establecimiento de un arancel común; la implantación de una política comercial común; la coordinación de las políticas macroeconómicas y sectoriales entre sus miembros; la armonización de las legislaciones para consolidar el proceso de integración. Todo esto con el propósito superior de acelerar el desarrollo económico de los países miembros dentro de un sistema en el cual prevalezca la justicia social.

Esa breve enumeración genera de inmediato una interrogante: ¿son esos objetivos compartidos por el régimen que actualmente detenta el poder en Venezuela? A ningún observador escapa que, contrariamente a ese propósito superior, Venezuela se encuentra sometida a un proceso acelerado de des-desarrollo, de involución, que arrastra al país hacia la ruina económica. Las medidas que supuestamente persiguen la justicia social más bien profundizan la brecha entre los diferentes sectores de la población, empobrecen a la clase media y convierten en parásitos del erario público a la masa de población menos favorecida.

Al fúhrer no le interesa la integración como la describe el Tratado de Asunción de 26 de marzo de 1991. Desde el primer momento, su propósito públicamente declarado es "refundar" a Mercosur, sustituirlo por un "nuevo MERCOSUR". No le interesa la integración comercial o económica sino una institución desde la cual pueda propiciar la implantación de su proyecto del comunismo del siglo XXI.

En las condiciones actuales del país, Venezuela no califica para ser miembro de Mercosur. Sin embargo, sus gobiernos, haciendo "vista gorda" de la realidad que los venezolanos confrontamos día a día, suscribieron el protocolo de adhesión que una vez ratificado por todos ellos convertiría a Venezuela en el quinto Miembro pleno con todos los derechos, prerrogativas y obligaciones que esa condición contempla. El protocolo de adhesión no ha entrado en vigor porque el Parlamento paraguayo no ha autorizado al Ejecutivo a proceder a la ratificación. La bancada de la oposición se niega a dar su aprobación porque en Venezuela no hay democracia, condición indispensable, según el Protocolo de Ushaia, para ingresar en Mercosur.

Durante la reciente cumbre de Mercosur celebrada en Montevideo hubo un intento de forzar el ingreso de Venezuela valiéndose de una artimaña que desautorizaría a la bancada opositora paraguaya y haría innecesaria la aprobación legislativa del protocolo de adhesión. "Lo acontecido en Montevideo en la 42ª. Cumbre Presidencial del Mercosur pasará a la historia como un burdo intento por pisotear la institucionalidad del Paraguay y menoscabar el derecho comunitario actualmente vigente en el bloque regional". De esta manera describe el prestigioso diario ABC de la Asunciòn" y agrega: "... de no haber sido por la generalizada movilización de las fuerzas vivas de la sociedad paraguaya -opinión pública, partidos políticos democráticos, diplomáticos de trayectoria y académicos- el presidente Fernando Lugo jamás habría tenido el temple suficiente para evitar que las instituciones republicanas de nuestro país fueran olímpicamente ultrajadas por aquellos que maquinaban el forzado ingreso de Hugo Chávez al Mercosur, de espaldas a todo lo que establecen el derecho internacional y la Constitución Nacional" .

El subterfugio, obra del Presidente uruguayo, apoyado por sus colegas de Brasil y de Argentina, consistía en hacer que los Presidentes adoptaran una decisión estableciendo que basta el consenso de los Jefes de Estado para que un país sea admitido en Mercosur. Es decir, que no sería necesario que el Protocolo de Adhesión, que es un tratado internacional, reciba la aprobación legislativa necesaria para su ratificación y ulterior entrada en vigor, procedimiento que por lo demás cumplieron en su oportunidad los gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay.

Como dice mi amigo (y excolega como Embajador en las Naciones Unidas) Emilio Cárdenas en un artículo publicado en La Nación de Buenos Aires, "Ni la presencia -y enorme interés en la cuestión- de Hugo Chávez pudieron alterar el resultado. En efecto, aparentemente los mencionados líderes no lograron convencer al presidente paraguayo, Fernando Lugo, que los acompañara en sortear por la vía del consenso las claras disposiciones del tratado con el objetivo de evitar que la falta de voluntad del Parlamento paraguayo -contrario al acceso de Venezuela, por las características poco democráticas del gobierno de Hugo Chávez- continúe postergando ese acceso". "El empellón que finalmente (y afortunadamente, agrego yo) no prosperó hubiera probablemente generado problemas políticos de envergadura para el propio Lugo, en Paraguay".

El presidente paraguayo tuvo que plantarse para impedir que su Parlamento resultara desautorizado. A los otros Jefes de Estado no les quedó más remedio que inventar una "Comisión de Alto Nivel" que en un plazo de 180 días debe recomendar una fórmula para superar el impasse. Esperemos que las presiones que seguramente seguirá recibiendo la bancada de la oposición en el Parlamento uruguayo no la lleve a cambiar su posición que deberìa servir de ejemplo a los demás de la región y del mundo.

La actitud de los parlamentarios uruguayos es digna de reconocimiento. Es el único sector polìtico en el mundo que fuera de Venezuela ha dejado a un lado intereses crematìsticos (el fûhrer intentò sobornar a los parlamentarios paraguayos) y el pragmatismo que ha regido las relaciones de otros paìses con Venezuela para asumir una actitud firme de rechazo a la dictadura venezolana. Esos parlamentarios con toda seguridad tienen en cuenta la actitud también firme y categórica que en su momento asumió Venezuela frente al dictador Alfredo Stroessner.

www.adolfotaylhardat.net/indexbis



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