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El síndrome del superviviente

El observador se compromete por la democracia, denuncia cuando sea necesario

JUAN MARTIN ECHEVERRÍA |  EL UNIVERSAL
domingo 27 de noviembre de 2011  12:00 AM
Todos estamos bajo la angustia del delito violento y el temor de la represión política: firmantes del referéndum, lista Tascón, Maisanta y quien critique por radio, prensa y televisión, proteste o sencillamente muestre demasiadas ganas de corregir tantos desafueros. En ese horizonte, el Cardenal Urosa declara sobre el derecho constitucional al libre tránsito, que está siendo negado en el 23 de Enero por los grupos subversivos allí instaurados y avalados por integrantes del PSUV, para no hablar del Alto Apure, la frontera, la renuncia al Diferendo y a la zona en reclamación ya que la lógica del enemigo funciona con una dureza que sobrecoge en pleno siglo XXI y así lo sufren los presos políticos con graves enfermedades y los dirigentes de oposición, atacados al hacer campaña en las elecciones primarias.

Los medios desempeñan un rol amplificador de los errores del régimen y la violación a los derechos humanos, la poca atención gubernamental hacia cuestiones como los huecos en las calles, el desabastecimiento y la lógica del amigo funciona en relación a la impunidad por tantos ataques a la disidencia política y delitos contra los ciudadanos; de allí la actitud abierta y pública de la dificultad de juzgar los delincuentes de alta peligrosidad porque están llenas las cárceles, agregándose que los funcionarios de investigación son insuficientes y pareciera que la voluntad política es no molestar a los malandros en los barrios; lo que recuerda la frase de Fernando Vallejo cuando afirmaba que la revolución es una fina operación que mata al paciente pero salva al médico.

Amenaza

Por eso hay que hacer política para salvar a la democracia amenazada y ese es un compromiso de los seres pensantes ante la destrucción de empleo, corrupción, protestas masivas, escasa construcción de vivienda social y, en letras mayúsculas, la ineficiencia de las autoridades, incluso para resolver aspectos de sentido común que se presentan continuamente en la vida cotidiana. El Cardenal Urosa no solamente recoge el pensamiento de la iglesia Católica, sino el de la gente al insistir en que el CNE debe invitar a Observadores Internacionales con experiencia, capacitados y con voluntad de cumplir su tarea, para que nos ayuden a combatir las irregularidades y tranquilizar a los electores. El observador se compromete por la democracia, denuncia cuando sea necesario, es entrevistado por los medios de comunicación social y expresa de manera razonable el alerta o el reclamo oportuno, en un mensaje dirigido a Venezuela y al mundo.

A pesar de las cortinas de humo, de las frases repetidas referidas al imperio y los insultos a la oposición, quedan intersticios donde la realidad puede colarse y llegar a la población; de allí que la corrupción política se haya convertido en un síntoma de la descomposición del régimen y en una estrategia que nos conduce hacia la pérdida de uno de los valores fundamentales del hombre, que es la solidaridad. Lamentablemente está presente, con sus inmensas connotaciones, el síndrome del superviviente.

juanmartin@cantv.net



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