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Carlos Andrés Pérez

FERNANDO OCHOA ANTICH |  EL UNIVERSAL
domingo 2 de octubre de 2011  04:54 PM

Carlos Andrés Pérez es una de las más trascendentes figuras de la historia venezolana del siglo XX. Negarlo, sería una inmensa injusticia. Tuvo aciertos y errores, pero el balance de su vida es indiscutiblemente positivo. Esta verdad ya empieza a sentirse en la opinión pública. Los juicios, que se emitieron en su contra, con gran ferocidad, han empezado a moderarse. La perspectiva histórica de los hechos ha cambiado drásticamente. Los últimos libros que sobre él se han escrito, alguno de ellos por antiguos adversarios, le hacen justicia. Le reconocen su inmensa pasión por Venezuela, su indiscutible fe en los valores democráticos, su ecuanimidad en la lucha política y el carácter para enfrentar con gallardía las circunstancias adversas que le tocó vivir.

Desde joven, militó en las filas de Acción Democrática. El 18 de octubre de 1945 tuvo una importante figuración al servir de enlace entre Miraflores y la Escuela Militar. Al constituirse la Junta de Gobierno, fue designado secretario privado de Rómulo Betancourt. A su lado vivió las complejas circunstancias que tuvo que enfrentar ese gobierno ante las permanentes conspiraciones militares y una intransigente oposición política. La elección de Rómulo Gallegos no detuvo la conspiración militar. En los trágicos días antes del 24 de noviembre de 1948, Rómulo Gallegos lo designó su emisario para coordinar con el teniente coronel Manuel Gámez Arellano, comandante de la Guarnición de Maracay, ciertas acciones para tratar de impedir el golpe de Estado.

Nada pudo hacerse. El descontento militar y la crisis nacional habían alcanzado tal nivel que el golpe militar fue recibido con satisfacción por amplios sectores sociales. De inmediato fue detenido en la cárcel Modelo donde permaneció por más de un año. Durante el exilio se residenció en Costa Rica. En 1958, al regresar a Venezuela, fue nombrado secretario general de Acción Democrática en el estado Táchira. A los pocos meses de iniciado el gobierno de Rómulo Betancourt fue designado ministro del Interior. Desde allí fue factor fundamental para controlar las insurrecciones militares de Carúpano y Puerto Cabello y dirigió las acciones contra la subversión fidelista. Electo diputado por el estado Táchira, fue designado para dirigir la fracción parlamentaria de su partido.

Rafael Caldera derrotó a Acción Democrática en 1968. Al año siguiente, Carlos Andrés Pérez ocupó la secretaría general de su partido. Desde allí desarrolló una inteligente política que le permitió recuperar la tradicional fortaleza de Acción Democrática sin mostrar ambición presidencial. Ante la sorpresa nacional, Rómulo Betancourt decidió no aspirar la presidencia. A partir de ese momento, la candidatura de Carlos Andrés Pérez se hizo una realidad. Los venezolanos miraron con gran esperanza su triunfo electoral. Esta ilusión fue justificada. Un ambicioso proyecto de transformación nacional se inició de inmediato: la nacionalización del petróleo y del hierro, la recuperación del Seguro Social, la creación del Fondo de Inversiones, el desarrollo de Guayana, el Plan V de Sidor, los acueductos regionales y pare usted de contar.

Este gran proyecto de desarrollo tuvo dos debilidades: se fortaleció en exceso la presencia del Estado y se incrementó exageradamente la deuda pública sin considerar la posibilidad de una caída del precio del petróleo. Este fenómeno se hizo una realidad. Se requería rectificar con urgencia. El presidente Herrera no lo hizo permitiendo se crearan las causas del Viernes Negro. A partir de allí, se inició un trágico proceso de empobrecimiento. Durante el gobierno de Jaime Lusinchi tampoco se tomaron medidas que modificaran el proceso de sustitución de importaciones y el Estado de bienestar. Era imposible mantener, en medio de la crisis económica, una política de subsidios que empezaba con la gasolina y terminaba, en la práctica, con todos los productos de consumo masivo.

La situación económica, al finalizar el gobierno de Jaime Lusinchi, era realmente grave: las reservas internacionales se encontraban comprometidas. El nuevo gobierno tenía que tomar un conjunto de medidas económicas, sin considerar el importante costo político. Estas medidas se anunciaron el 16 de febrero de 1989. En verdad, era un gran plan de reestructuración económica, pero requería de una gran capacidad de negociación política. Carlos Andrés Pérez trató de hacerlo, pero no lo logró. Había demasiada intransigencia. Esa fue la causa del 27 de febrero, de los golpes militares y de su derrocamiento. Nadie quiso entender que ese camino comprometía la estabilidad de nuestra democracia. Carlos Andrés Pérez trató de evitar que Venezuela lo tomara. Dolorosamente, los venezolanos no lo entendieron. De allí, a Hugo Chávez sólo hubo un paso.

fochoaantich@gmail.com



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