Pásenme la pala para salir de este hueco
La Ley de Costos y Precios es una continuación (i)lógica de las políticas de la escasez
PEDRO GARCÍA OTERO
| EL UNIVERSAL
sábado 30 de julio de 2011 12:00 AM
Ironías de la Historia: mientras Cuba, la antediluviana, comienza a crear los enclaves capitalistas que permitieron a la República Popular China salir de la miseria, en Venezuela, los dinosaurios de la casta gobernante (y en esto nada tiene que ver la edad, hay dinosaurios de 30 años), se preparan a aprobar una Ley de Costos y Precios Justos que terminará de descuajaringar lo poco de libre mercado que queda.
Criticada por Heinz Dieterich, el neocomunista, en términos que nada le envidiarían a un artículo similar de cualquier profesor de Economía de la Universidad de Chicago, la Ley es la continuación (i)lógica de las políticas que han logrado que en este país no haya cabillas, cemento, leche, aceite, azúcar, café, y un largo etcétera.
Jorge Giordani, quien viene a ser algo así como el Tiranosaurio Rex de este Parque Jurásico, considera sinceramente que si la realidad es terca, peor para ella, y que este submarino que no flota ni con el petróleo a 107 dólares por barril necesita otro lastre de plomo para salir a la superficie. El mismo que dijo que nos íbamos a quitar a los inversionistas a sombrerazos tiene que ver cómo hoy, Venezuela es uno de los 20 países del mundo que menos inversión extranjera recibe, según la Unctad. Lo peor de los socialistas reales, en este y en todos los tiempos, es la inquebrantable certeza conque ponen la torta.
Venezuela tiene la mayor inflación del continente, el peor desempeño económico, la mayor escasez, un desempleo encubierto escalofriante. Pero sin mirar hacia Colombia, Brasil, Perú o Chile, que tienen esos problemas superados desde hace tiempo sin una ley, ahora nos vienen con una reedición de lo más oscuro del lusinchismo. Ni siquiera evalúan que quizás la única ventaja de un Gobierno de doce años es que puede compararse con su propio pasado, y en los años de mayor apertura económica, el crecimiento era mayor, la inflación y la escasez menores, y las desigualdades tendían al equilibrio y no a la inversa.
El chavismo está hecho de medias verdades; que el Gobierno sea lo que es no significa que muchas clínicas, por ejemplo, no especulen. Pero la Administración es parte del problema cuando, en vez de fomentar la oferta, la restringe. Es como pretender salir del hoyo cavando en él.
La vía venezolana al Socialismo, que ya lleva ocho años, ha significado un retroceso inédito, pero el Gobierno no puede ya contradecir su discurso, está entrampado en la ideología.
Al verlo, uno recuerda un chiste de la era post-soviética: dos viejos rusos conversaban en una plaza. Uno le dice al otro: "Qué malo, tovarich, que todo lo que nos dijeron del comunismo era mentira". Y el otro le responde: "Pero lo peor es que lo que nos dijeron del capitalismo era verdad".
potero@eluniversal.com
Criticada por Heinz Dieterich, el neocomunista, en términos que nada le envidiarían a un artículo similar de cualquier profesor de Economía de la Universidad de Chicago, la Ley es la continuación (i)lógica de las políticas que han logrado que en este país no haya cabillas, cemento, leche, aceite, azúcar, café, y un largo etcétera.
Jorge Giordani, quien viene a ser algo así como el Tiranosaurio Rex de este Parque Jurásico, considera sinceramente que si la realidad es terca, peor para ella, y que este submarino que no flota ni con el petróleo a 107 dólares por barril necesita otro lastre de plomo para salir a la superficie. El mismo que dijo que nos íbamos a quitar a los inversionistas a sombrerazos tiene que ver cómo hoy, Venezuela es uno de los 20 países del mundo que menos inversión extranjera recibe, según la Unctad. Lo peor de los socialistas reales, en este y en todos los tiempos, es la inquebrantable certeza conque ponen la torta.
Venezuela tiene la mayor inflación del continente, el peor desempeño económico, la mayor escasez, un desempleo encubierto escalofriante. Pero sin mirar hacia Colombia, Brasil, Perú o Chile, que tienen esos problemas superados desde hace tiempo sin una ley, ahora nos vienen con una reedición de lo más oscuro del lusinchismo. Ni siquiera evalúan que quizás la única ventaja de un Gobierno de doce años es que puede compararse con su propio pasado, y en los años de mayor apertura económica, el crecimiento era mayor, la inflación y la escasez menores, y las desigualdades tendían al equilibrio y no a la inversa.
El chavismo está hecho de medias verdades; que el Gobierno sea lo que es no significa que muchas clínicas, por ejemplo, no especulen. Pero la Administración es parte del problema cuando, en vez de fomentar la oferta, la restringe. Es como pretender salir del hoyo cavando en él.
La vía venezolana al Socialismo, que ya lleva ocho años, ha significado un retroceso inédito, pero el Gobierno no puede ya contradecir su discurso, está entrampado en la ideología.
Al verlo, uno recuerda un chiste de la era post-soviética: dos viejos rusos conversaban en una plaza. Uno le dice al otro: "Qué malo, tovarich, que todo lo que nos dijeron del comunismo era mentira". Y el otro le responde: "Pero lo peor es que lo que nos dijeron del capitalismo era verdad".
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