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La universidad como cuna de valores de la sociedad

TOMÁS GUARDIA ORTEGA |  EL UNIVERSAL
viernes 22 de abril de 2011  05:48 PM

A Sixto y Herliana

Ayer fue uno de esos días en la Facultad de Ciencias que uno quisiera que se repitieran con mayor frecuencia. El título de este artículo iba ser La universidad y sus centros de investigación pero lo que sucedió en la tarde marcó definitivamente el contenido de esta reseña. Iba a la biblioteca a preparar mi clase que daré dentro de dos semanas y al entrar me consigo a Sixto, un gran amigo y matemático desde hace más de 10 años. Decidimos conversar un rato sobre algo que quedó pendiente y el diálogo giró en torno a cómo la universidad debe ser un gran centro de investigación para convertirse en una institución que se sostenga en el tiempo por la calidad de su producción intelectual. Durante el renacimiento existieron los grandes hombres de la ciencia, que sin lugar a dudas marcaron el destino de nuestra ciencia actual hablo de físicos como: Newton, Einstein y Maxwell, de astrónomos como Galileo, Copérnico, Kepler y Brahe, de químicos como Dalton, Lavosier, Boyle y Kelvin, de matemáticos como: Descartes, Euler, Leibnitz, Galois, Cantor y Hilbert, de filósofos como Kant, Spinoza, Kierkergaard y Russell, y de músicos como Mozart, Bach, Pachelbel, Schubert y Beethoven. Todos ellos y muchos otros dejaron un gran legado a la ciencia y a la humanidad pero hoy en día el conocimiento es tan amplio que cada uno de nosotros debe ser el ladrillo del gran edificio que da valor a una institución, quedaron atrás los grandes hombres que hicieron despertar la filosofía natural del oscurantismo y desde el siglo de las luces (el siglo XVII) hasta hoy el conocimiento a manifestado su crecimiento de manera exponencial, si el individualismo de cierta persona dentro de una institución prevalece por encima del trabajo colectivo de un grupo de hombres, la institución se viene abajo. En el siglo XXI son los grandes centros de referencia mundial: Harvard, Oxford, Cambrigde, Complutense, UNAM, y en la misma Suramérica el IMPA, centro de matemática mundial con sede en Río de Janeiro, los que valorando el gran trabajo colectivo de sus miembros han hecho de estos centros de investigación instituciones de alto prestigio, y ahora el valor no es quien es uno, sino que uno sea parte de cierta comunidad.

La Universidad Central de Venezuela ha sido y será siempre la institución de educación superior de vanguardia en el país, pero lamentablemente ha venido decayendo por hacer prevalecer el individualismo por encima del esfuerzo colectivo, por supuesto que hay centros de investigación muy bien consolidados y que van desarrollando sus líneas de investigación a lo largo del tiempo, pero deberíamos ser la universidad de referencia nacional en investigación y actualmente es la Universidad de Los Andes la que está a la cabeza, esa otra gran institución ha puesto a un lado el reconocimiento personal de sus miembros y ha comenzado a dar sus grandes pasos que la han llevado a lo que es hoy en día, en segundo lugar está la Universidad Simón Bolívar y de tercero la UCV, tenemos todo el recurso humano para ser la referencia nacional y no lo somos porque no hemos comprendido lo que sí han hecho la ULA y la USB.

Luego al caer la tarde me encuentro con Herliana, una estudiante de química, ex compañera del curso de Ética, Ciencia y Sociedad que tomé en el 2009 y conversamos otro buen rato en el cafetín aquí los temas hablados giró en torno a la desviación de los valores de la sociedad y cómo la universidad es el lugar o uno de los pocos lugares en donde podemos encontrar los verdaderos valores que hacen crecer a una sociedad, el respeto, la honestidad, el esfuerzo, el trabajo, el amor a la vida, entre otros. Discutimos acerca de cómo se han sembrado en el país los antivalores: el irrespeto, la deshonestidad, la mediocridad, y el poco respeto a la vida. Llegamos a la conclusión de que sin una familia que promueva el amor, la armonía, la tolerancia y todas las cosas que deberían formar parte de una lista que moralmente hablando sea lo correcto, no podemos tener una sociedad que promueva desde el seno del hogar hacia el centro de la sociedad misma los valores que se suponen que son los que deberían promoverse y más bien ocurre todo lo contrario, vivimos en una sociedad, caótica, dinámica, explosiva, agresiva y violenta porque lo que se promueve a lo interno y desde lo externo no son los valores trascendentales del hombre sino la apariencia física, el estatus social, la posesión de bienes materiales y la competencia desleal malsana y perversa que ha venido destruyendo a un país que si bien estaba mal ahora está peor.

Pareciera que el venezolano común no se preocupa por crecer integralmente, estudiar, formarse intelectualmente, viajar, conocer otras culturas, visitar museos, escuchar un buen concierto, leer libros. Sino todo lo contrario, tener un bajo interés o casi ninguno por el estudio, escuchar la peor música que degrada al ser humano, escaso interés por la cultura, y la indiferencia total por la lectura de los grandes pensadores. Si de manera individual existiera un mínimo interés por aprender todas estas cosas, definitivamente Venezuela sería diferente.

Nos inmutamos con una absoluta indiferencia ante los problemas comunes que nos atañen, pareciera que no nos importara cuánto la sociedad ha venido decayendo, hasta el punto que podemos ver un niño pidiendo pan, o una persona muriéndose de hambre si somos capaz de atender esa necesidad, no me refiero a dar una limosna sino proveer algo que permita solucionar al menos por ese momento la necesidad de nuestros semejantes, no tenernos el dinero para ir a la panadería y comprar un pan y un jugo para satisfacer el hambre del necesitado, pero sí hay dinero para el vicio el ocio e incrementar los grandes juegos de azar y de envite que con un simple cálculo probabilístico llegaríamos a la conclusión no sólo de que los juegos de azar son injustos sino que partiendo del supuesto de que el juego es justo nunca ganaríamos dinero invirtiendo nuestro poco dinero en los juegos sino más bien por el contrario ese dinero que tenemos que pudiéramos invertir mejor en comprar un libro, por ejemplo va parar a las grandes casas de apuesta a seguir incrementando sus cuentas bancarias y se va empobreciendo el bolsillo del venezolano.

Me contentó mucho tener estas dos conversaciones con mis dos grandes amigos, Sixto Betancourt y Herliana Flores, la voz de la experiencia y la flor de la juventud, respectivamente, en ambos veo el mejor ejemplo de que dentro de la Facultad de Ciencias y de la UCV todavía hay esperanza de que este país pueda convertirse en un lugar decente. Si en Venezuela tenemos a personas mayores como Sixto, que a pesar de sus edad han decidido permanecer dentro de la universidad que es uno de los lugares conde se practica la tolerancia y el respeto hacia el ser humano y a jóvenes como Herliana con el norte bien ubicado en sus cabezas, con esa capacidad impresionante de analizar, criticar y movilizarse de manera sostenida hacia la culminación exitosa de su formación académica, entonces tenemos dentro de la UCV un tesoro hermoso que dentro de la casa que vence la sombra debemos conservar, cuidar, defender y proteger a cualquier precio.

tomás.guardia@ciens.ucv.ve  tguardia@gmail.com



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