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Geopolítica del diablo

HUGO SANTAROMITA |  EL UNIVERSAL
miércoles 11 de agosto de 2010  01:30 PM

Desde que el teniente Chávez afirmó hace tres años que Venezuela limitaba al oeste con las FARC, mientras refrendaba que esta guerrilla no podía ser considerada un grupo terrorista, la duda quedó sembrada en todo el mundo respecto a su relación y su tolerancia con estos grupos irregulares que operan desde hace más de medio siglo en territorio colombiano. Nada de lo que se diga hoy oculta los hechos que evidencian la condescendencia que, desde hace tiempo, el gobierno venezolano tiene con estos factores desestabilizadores en el vecino país.

La reciente acusación colombiana de que Venezuela mantiene en su territorio a unos 1.500 guerrilleros de las FARC -aproximadamente una quinta parte de esta guerrilla- pone en jaque diplomático al gobierno de Chávez y lo obliga a aclarar su posición. Ya antes, Uribe estuvo decidido a desenmascarar a su par venezolano, ordenándole al embajador Hoyos a hacer públicas las coordenadas donde la guerrilla puede ser encontrada del lado venezolano. Recientemente, le puso la guinda a la torta al encausarlo ante la Corte Penal Internacional de La Haya y ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La llegada de Juan Manuel Santos al poder obliga al teniente venezolano a reacomodar un discurso comúnmente ofensivo contra todo lo que se oponga a sus planes de expansión, siempre buscando el apoyo de grupos insurgentes, donde la guerrilla colombiana es apenas el hilo de una gran madeja de complicidades con grupos terroristas. Santos obliga a Chávez a calmar sus ímpetus montoneros, pues se trata de un hombre que promete una línea más dura contra la guerrilla y sus colaboradores, sean quienes sean. Pero decir -como dijo Chávez- que Venezuela limita por el oeste con las FARC es simplemente un acto de provocación y de poco respeto al gobierno del vecino país, pues significa reconocer deliberadamente la legitimidad de un grupo irregular cuyo objetivo es tomar el poder por las armas o la creación de un Estado distinto al colombiano.

El apoyo de Venezuela a grupos terroristas ha llegado a nivel de culto. Es el único país cuyo gobierno ha develado una plaza y una biblioteca con el nombre de Manuel Marulanda, el ex comandante y miembro fundador de las FARC en Colombia. ¿Qué significa esto? ¿Ratificar la admiración por un personaje que ha sido el responsable de cientos de miles de muertes en el vecino país? ¿Con qué moral el gobierno venezolano exige respeto y ética para sus actos y su comportamiento, cuando somos testigos de estas atrocidades oficiales? A decir verdad, no es extraña esta afinidad del mandatario venezolano con personajes de dudosa reputación: Hussein, Mugabe, Ahmadineyad, Lukashenko, Kim Jong Il, Carlos El Chacal, Gaddafi, Al-Bashir, Ceresole, y los guerrilleros Marulanda, Raúl Reyes, Iván Márquez y Rodrigo Granda, estos dos últimos reunidos algún tiempo atrás con Chávez en su palacio presidencial (ver foto).

Aceptar la presencia de cerca de 1.500 guerrilleros es un reto para la paz en Venezuela y un flagelo que será difícil de exterminar en el futuro. Pero lo más grave es la colaboración que las autoridades venezolanas le brindan a estos irregulares, no sólo a las FARC -léase bien- sino también a otros grupos como la ETA. Ya es sabida la protección que el Gobierno les ha brindado a integrantes de esta organización, empleándolos en ministerios o resguardándolos en fincas o pueblos remotos, en cualquier coordenada del país. También hay que sumar a los llamados Guardianes de Chávez, una suerte de fuerzas de choque patrocinadas por el Gobierno -no hay otra explicación- creada para intimidar a cualquier opositor y para resguardar al Presidente ante cualquier amenaza de su integridad y de su gobierno. Ésta es la crítica realidad que vive Venezuela.

El problema del gobierno venezolano es que carece de identidad y de personalidad. Amén de intentar reeditar el fracasado modelo marxista, el ensayo chavista no tiene alma ni corazón para convencer a sus ya mermados acólitos. Lo que sostiene a Chávez en el poder es la indignidad y el fariseismo. Dadas las circunstancias, lo que queda es desmontar esta patraña y tratar de regresar cuanto antes a la cordura y a la decencia.  

hugo.santaromita@gmail.com



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Comentarios (1)
Por pedro sanchez
11.08.2010
1:08 PM
!! SIN DESPERDICIO!!!
 
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