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Feliz Año 2011

HUGO SANTAROMITA |  EL UNIVERSAL
miércoles 13 de enero de 2010  11:58 AM

Otro año termina en Venezuela con la inmensa tristeza de ser testigos del accionar de un régimen que no ha exhibido sino una seguidilla de fracasos y dejado entre los venezolanos un camino de penurias y desazón. Pensar que 2010 será un año de logros y convivencia para la democracia y la justicia es un sueño aún postergado en nuestra nación. Después de casi 11 años de pesadilla chavista, nos encontramos con un país desvencijado, maloliente a revolución fracasada y con una población cada vez más depauperada, esa misma población que creyó en un proyecto político que hoy en día es una evidente, flagrante e inescrupulosa mentira, asistida desde lo más alto por el culto a la arrogancia y la inmoralidad.

Chávez y su grupete sólo llegaron al poder para destruir la memoria de una nación y para arruinar el futuro de millones de sus habitantes, amparados en una visión sectaria y fundamentalista para hacer política, que nos ha llevado a un nuevo apartheid, dirigido a todos aquéllos que no comulgan con la ideología imperante y trastocado con el más infame y barato populismo.

Decir entonces Feliz Año 2010 es una temeraria manifestación de cinismo y una burla a los millones de compatriotas que han visto arruinados sus sueños por el odio y el resentimiento de una élite convertida en una máquina de destrucción progresiva, amparada por una cuantiosa factura petrolera, que ha transformado a Chávez y sus acólitos en una nueva versión de Alí Babá y sus 40 ladrones. Por esta razón postergamos nuestro saludo de Año Nuevo para el 2011.

El inventario de logros, entonces, después de una década es realmente patético, como también lo es el de los sueños por venir, mientras esta cofradía militar controle los destinos de este país. Venezuela experimenta el momento más oscuro de su historia republicana, producto de la incapacidad de una élite que ha mostrado una supina torpeza para enrumbar a Venezuela por la senda del desarrollo, las libertades políticas y económicas, y la convivencia. Para desgracia de los venezolanos, el paso del tiempo ha confirmado la existencia de un proyecto político de aspiraciones comunistas, del cual ya se sospechaban sus objetivos.

Y es que son muchas las transgresiones a la Constitución en las que este oprobioso régimen ha incurrido desde que prácticamente asumió el control del país: violación a las libertades políticas, a las libertades económicas y laborales; a la libertad de expresión, de culto y de educación; a la propiedad privada; destrucción progresiva del aparato productivo; estatización compulsiva de sectores económicos vitales para el país; discriminación a los derechos de la oposición política; reiterados fraudes electorales, entre ellos la ilegal "enmienda" realizada en 2008 que, como una vil argucia, se opuso a la consulta sobre la reforma de la constitución, en 2007, y en la cual salió derrotado el Gobierno, desoyendo así la voluntad popular; desinstitucionalización progresiva del país; pérdida absoluta de autonomía de los poderes públicos; administración ilegal de la justicia con fines políticos, en detrimento de la libertad de muchos venezolanos que no han gozado del debido proceso (el presidente dicta justicia política directamente por encima del Tribunal Supremo); omisión absoluta y deliberada para combatir la inseguridad social (son de la tesis de que en el caos de gobierna mejor y se justifican las acciones autoritarias), entre otras "joyas de la corona".

Chávez sigue desestimando la acción de la sociedad civil. Cree que, por sobre todas las cosas, es imbatible y que su revolución es un designio del destino. Ninguna revolución se impone a costa de la muerte de alguien, sobre todo, si esas muertes han sido incentivadas por el propio régimen. Eso es burdo fascismo: intolerancia, prepotencia y manipulación desde lo más empinado del régimen. Tal vez quieran irse, ante su rotundo fracaso, pero ni siquiera pueden hacerlo porque están embadurnados hasta el cuello con manejos oscuros que más temprano que tarde significarán su juicio final. Habrá que forjar un buen año 2010, con muchas acciones de protesta por parte de la sociedad civil, para poder decir entonces Feliz Año 2011.

hugo.santaromita@gmail.com



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