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Entrevista a Mélanie Sadler

Sadler interroga al pasado

Una conversación con la autora resultó esclarecedora para entender los motivos que la impelen a hacer un particular acercamiento a la historia desde la ficción en su novela "Cuando los grandes de este mundo no son lo que parecen", publicada en español por Monte Ávila editores.

ASTRID DI CROLLALANZA

  • SIMÓN RODRÍGUEZ LANDAETA

24 de noviembre de 2017 09:19 AM

Actualizado el 27 de noviembre de 2017 09:36 AM

PARA COMPARTIR

 "...no podemos hacer que el pasado renazca." #Verbigracia

"Es imprescindible que no nos quedemos pasivos frente a la «Historia»." #Verbigracia

En el fondo, un buen investigador siempre es un buen alquimista

Mélanie Sadler

Mélanie Sadler (1987), escritora francesa, egresada de la Escuela Normal Superior de Lyon, es una investigadora especialista en la historia y la cultura hispanoamericana. Los conocimientos adquiridos en sus estudios le han dado el material necesario para construir su primera novela, Cuando los grandes de este mundo no son lo que parecen (2015). La historia es protagonizada por un catedrático de la Universidad de Buenos Aires llamado Javier Leonardo Borges. Este hombre hace un descubrimiento inusitado: un grabado de Coatlicue, diosa de la mitología azteca, en medio de unos documentos de origen turco pertenecientes al siglo XVI. Partiendo de esto, se da rienda suelta a una exhaustiva investigación en la cual se explotan las técnicas del relato policial para darle vértigo a una narración que se nutre también del género de la nueva novela histórica. A lo largo de la obra se va saltando temporal y geográficamente para descubrir una secreta conexión entre el linaje del último emperador del pueblo azteca, Moctezuma, y el de Solimán, sultán del Imperio otomano.

¿Por qué se convirtió en escritora?

No sé si uno se convierte en escritor:  siempre me gustó leer, y siempre me encantó inventar y contar historias. Ya de niña, me apasionaba dibujar pequeños tebeos, inventar sketches de teatro y escribir cuentos en cuadernos. Creo que la lectura y los intentos de creación siempre estuvieron estrechamente vinculados para mí, como dos caras de una misma moneda. En un principio, nunca pensé en publicar. Esto fue otra etapa —mucho más tardía — del proceso.

Es muy difícil y peligroso hablar de una «verdad» histórica."

¿Qué relación existe entre el trabajo del investigador y el del creador? 

Depende mucho de las novelas por supuesto. En Cuando los grandes…, más allá de la investigación histórica propiamente dicha, quería interrogar nuestra concepción de la Historia. Todavía hoy (aunque se notan progresos importantes en las corrientes historiográficas de estas últimas décadas), solemos difundir relatos hegemónicos, la «Historia de los vencedores», cuando solo se trata de la historia de unos conflictos, por ejemplo, o meramente la Historia que se construye desde la perspectiva del hombre (masculino) blanco occidental. Es absolutamente necesario que cambien las perspectivas, que se establezca un diálogo, que otras voces puedan participar en estos relatos. Fue también uno de mis propósitos en esta novela dar la palabra a estas culturas no occidentales, y a las mujeres, no sólo a los hombres que la historia tradicional siempre coloca en primer plano. Quise recordar el hecho de que la Historia nunca es neutra, que siempre consiste en una reconstrucción y que conlleva cierta dosis de interpretación. ¿Hasta qué punto se pueden reconstruir los hechos del pasado? Es una pregunta compleja que espero haber señalado de manera humorística en la novela.

¿Cómo lidia con esto el hombre que se obsesiona con el conocimiento, con la verdad?

Es muy difícil y peligroso hablar de una «verdad» histórica. Hay hechos del pasado (que ya no existen) que intentamos recuperar (gracias a archivos, testimonios, etc.) con los cuales tratamos de construir un relato inteligible. Siempre hay una distancia, no podemos hacer que el pasado renazca. Y el historiador tampoco es un ser desencarnado que habla desde una eternidad donde reinaría la luz de la verdad. Es imprescindible que no nos quedemos pasivos frente a la «Historia». Que la lectura de los relatos históricos nos haga reaccionar, pensar. Y los trabajos serios y honestos de historia suelen proporcionarnos también claves de lectura para permitirnos interrogar nuestro propio presente.

¿Qué es lo que más te interesa de Jorge Luis Borges? 

Borges es un escritor fascinante en muchos aspectos. Pero quizás sea uno de los más europeizados entre los autores latinoamericanos y me parece una lástima el hecho de que en Europa no se conozcan mejor a otros grandes autores cuya escritura se ve menos impregnada de cultura europea. Sin embargo, claro que Borges es un autor que contó para mí. Cuando lo descubrí, me desestabilizó totalmente su juego permanente entre realidad y ficción con un aspecto filosófico tan presente que parece abrir una nueva dimensión, algo que se está desarrollando entre el lector y el narrador en la mismísima duración de la lectura. Es una experiencia tremenda. En Cuando los grandes…, tengo que precisar que él me proporcionó el ritmo, el tono, la densidad del relato. Al principio, había empezado la escritura del libro con un ritmo mucho más flojo, no me gustaba en absoluto. Abandoné el texto. Hasta que una noche me desperté y mis ojos dieron con los volúmenes de Borges de mi biblioteca; pensé en que él era capaz de inventar y destruir un universo entero en unas quince páginas. Decidí volver a escribir mi fábula desde el principio con otro ritmo, ya que me parecía bastante ambiciosa en relación con las distintas peripecias que contaba. Si hacía el relato mucho más denso y nervioso quizás podría contar todo lo que me proponía. Aquella noche escribí la primera página de la novela. Como el personaje principal todavía no tenía nombre decidí llamarlo JL Borges como un guiño y como un homenaje al autor que me permitió dar cuerpo a este relato.

¿A qué se debe tu interés por el pasado remoto de los pueblos lejanos? 

Creo sencillamente que es una curiosidad por la alteridad. Los viajes (cuando tengo esta oportunidad de descubrir otras regiones, otros países) y las artes participan en mantener viva esta curiosidad (en un círculo virtuoso).

Teniendo en cuenta el riesgo de caer en idealizaciones y discursos exotistas. ¿Cómo debe el extranjero, ya sea desde la historiografía o el arte, representar las culturas que le son ajenas, que no conoce de primera mano?

En mi caso, no pretendo en absoluto describir con exactitud las culturas que represento en este libro. Son figuras históricas con fuerte potencial literario, heroico, poético que elegí. Intenté respetar la «realidad histórica» en cierta medida pero la ficción me otorgó el lujo de reinventar a estos personajes. Intenté desdibujarlos en el modo poético, humorístico, irónico.

El medio literario tiende a pecar de chauvinismo. Siendo de un país tan nacionalista como Francia, ¿el hecho de escribir textos que se sitúan fuera de las fronteras de tu tierra, no te ha traído problemas en tu carrera literaria?

No podría contestar de manera tajante: creo que le gustó mucho la novela a lectores que precisamente buscaban otra cosa, algo distinto del típico escenario francés que encontramos en las novelas actuales (entre las cuales hay verdaderas joyas); lectores que querían dejarse llevar a otro lugar, que sea por la lejanía temporal, el cambio de culturas, los guiñõs a la literatura, o el predominio de la ficción, de la fábula sobre cualquier tipo de realismo. Pero irremediablemente lo que les gustó a unos desagradó sin duda a otros lectores que prefieren otros géneros o que desgraciadamente no logré llevar en esta historia.

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