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A 78 años de La noche de los cristales rotos

¿Por qué Hitler la tomó contra los judíos?

La presente reflexión es ponencia de la Ing. Carolina Jaimes Branger. Sus palabras formaron parte de una conferencia organizada por el Espacio Ana Frank, fundado en 2006 con el objetivo de contribuir a concientizar a la sociedad venezolana acerca de la necesidad de propiciar principios y valores de convivencia

ARCHIVO DEL EJÉRCITO ALEMÁN

  • CAROLINA JAIMES BRANGER

12 de noviembre de 2016 11:51 AM

Actualizado el 14 de noviembre de 2016 14:51 PM

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¿Por qué Hitler la tomó contra los judíos?

Es difícil y no creo que haya habido un solo detonante para el antisemitismo de Hitler. Sin embargo, tres razones principales se han identificado: el clima anti-judío que imperaba en la Viena de su infancia y juventud, la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y el convencimiento de Hitler de que había razas superiores.

Muchos historiadores señalan a los años de Hitler en Viena como los que lo marcaron para el resto de su vida. Entre 1908 y 1913, Hitler intentó sin éxito establecerse como artista allí. Fue rechazado como alumno en la Facultad de Arquitectura, asunto que lo molestó y deprimió bastante y del que jamás pudo recuperarse.

A pesar de que en la ciudad había una gran comunidad judía justo antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) -casi el 9% de los dos millones de habitantes eran judíos- el clima social era abiertamente antisemita. No sólo el alcalde Karl Lueger era un radical anti-judío, sino también muchos periódicos y revistas circulaban sin que hubiera restricción alguna sobre el antisemitismo. Odiaban a los inmigrantes judíos que venían a refugiarse en Europa luego del pogromo de 1905 en Rusia. Se referían a una “revolución judía” que quería apoderarse del mundo. Pero el joven Hitler, como apunta la investigadora Brigitte Hamann, no se vio influenciado por esto sino hasta 1918, cuando terminó la guerra y el Tratado de Versalles humilló al pueblo alemán. No hay dudas de que ha debido estudiar a fondo el antisemitismo antes de la guerra, pues cuatro de sus profesores eran antisemitas a ultranza. Pero hay suficientes evidencias de que anterior a esta fecha, como Hamann y otros autores lo refieren, hubo cercanía y hasta admiración de Hitler por familias judías. Fue un médico judío, el Dr. Eduard Bloch, quien atendió a su madre en Linz hasta su fallecimiento. Fueron marchantes de arte judíos quienes tuvieron sus obras en venta.

“En 1913, en el dormitorio de los hombres (Hitler) expresó su aprobación de la tradición judía, que había logrado conservar la pureza de la «raza judía» desde hacía miles de años”.

Ese pensamiento lo acompañó mucho tiempo. Tan tarde como en 1930 Hitler habló extensamente acerca de la capacidad de los Judíos de preservar su raza por medio de reglas estrictas y religión, entre ellas, la prohibición de los matrimonios con los no-judíos. “A través de Moisés el pueblo judío recibió una regla para la vida y el vivir esa vida fue elevado a la categoría de religión, diseñada y adaptada por completo hacia la esencia de la preservación de la raza, de forma sencilla y clara, sin dogmas y dudosas reglas de la fe, con sobriedad y absolutamente realista, contiene lo que sirvió al futuro y la auto-preservación de los hijos de Israel. Todo está orientado hacia el bienestar de las propias personas, nada hacia la consideración de los demás”. Después, Hitler llegó a la conclusión de que hay que reconocer con admiración esta increíble fuerza de la preservación de la raza que tienen los judíos.

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La derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial también tuvo un gran impacto en la visión del mundo de Hitler y sus creencias políticas. Hitler era un soldado y - al igual que muchos otros soldados alemanes - encontró difícil aceptar la derrota del Imperio Alemán. Muchos nacionalistas y conservadores creían que Alemania no había perdido la guerra en el campo de batalla, sino que la había perdido desde adentro, por una traición, una "puñalada por la espalda" de socialistas, comunistas y en particular de los judíos. No se detuvieron a pensar en los más de 100.000 judíos de Alemania y Austria que habían servido en la guerra y en los más de 12.000 que habían muerto. Después de la guerra, Hitler se unió a un nuevo partido de extrema derecha, el Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP), convirtiéndose rápidamente en su hombre fuerte porque podía inspirar a la gente a través de sus inflamados discursos.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que la propaganda contra los judíos y los bolcheviques (a menudo mencionados juntos) tocaba la fibra sensible del público y los votantes. Afirmó que los judíos no sólo eran los responsables de la injusta derrota alemana, sino que también estaban bloqueando su recuperación. La oposición a la República de Weimar se basaba en el alto precio que por la guerra tuvo que pagar Alemania: el Tratado de Versalles (1919) estableció que Alemania tenía que renunciar a grandes extensiones de tierra y pagar exorbitantemente caras reparaciones a los aliados vencedores. Hitler y su partido se opusieron con tanta fuerza a la nueva República de Weimar, que en 1923 intentaron tomar el poder. El golpe fracasó y Hitler fue condenado a cinco años de prisión, de los que sólo sirvió 10 meses de su sentencia, tiempo durante el cual escribió Mein Kampf (Mi lucha). El libro está lleno de pasajes antijudíos y teorías sobre la superioridad de la raza germánica.

"El antisemitismo racional debe conducir a la oposición legal sistemática. Su objetivo final debe ser la eliminación de los judíos por completo”, escribió Hitler en 1919. En Mein Kampf, describió al judío como “el destructor de la cultura, un parásito dentro de la nación y una amenaza”.

Hitler expresa su apoyo a las teorías raciales y va más allá: habla del "Lebensraum" (espacio vital) necesario para el pueblo alemán. La raza alemana tenía que luchar por el dominio en Europa o enfrentaban la aniquilación. Por lo tanto, las personas con discapacidad, con orientación sexual divergente o de una raza diferente tenían que ser “retirados” de la población. De acuerdo con esta doctrina racial, los judíos eran una raza inferior que estaba envenenando Alemania, porque no pertenecía a la comunidad.

A pesar de que entre 1920 y 1930 había antisemitas más abiertos y aún más feroces que Adolf Hitler, sus discursos inteligentes, salpicados de comentarios anti-judíos, su capacidad para organizar y su fervor nacionalista lo convirtieron en una alternativa atractiva para muchos votantes alemanes después de la crisis económica de 1929. Adquirió seguidores leales que no se amilanaban ante la violencia. Después de que Hitler y el Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores llegaron al poder en 1933, pusieron con éxito sus ideas a la práctica. Otto Frank recordaba que ya en 1932 los grupos de tropas de asalto llegaron marchando acompasados por el canto: "Cuando la sangre de los judíos salpica de la cuchilla”.

♦ Teorías raciales ♦

Los estudios genéticos en el siglo XX refutaron la existencia de razas biogenéticamente distintas y los estudiosos sostienen que las "razas" son intervenciones culturales que reflejan las actitudes y creencias que se impusieron en diferentes poblaciones como consecuencia de las conquistas de Europa occidental que comenzaron en el siglo XV específicamente.

El significado moderno del término raza con referencia a los seres humanos comenzó a surgir en el siglo XVII. Desde entonces, ha tenido una variedad de significados en los idiomas del mundo occidental. Lo que la mayoría de las definiciones tienen en común es un intento de categorizar los pueblos principalmente por sus diferencias físicas. En los Estados Unidos, por ejemplo, el término “raza” se refiere generalmente a un grupo de personas que tienen en común algunos rasgos físicos visibles, como el color de la piel, la textura del pelo, rasgos faciales, y la formación de los ojos. Tales rasgos distintivos están asociados con grandes poblaciones geográficamente separadas, y estos agregados continentales también se designan como razas, como la "raza negra", la "raza europea", y la "raza asiática." Muchas personas piensan en la raza como un reflejo de cualquier variación visible entre los grupos humanos (fenotipos), independientemente del contexto cultural e incluso en ausencia de categorías raciales fijas.

El término ”raza” también se ha aplicado a grupos lingüísticos (la "raza árabe" o la "raza latina"), a grupos religiosos (la "raza judía"), e incluso a los grupos políticos, nacionales o étnicos con pocos o ningún física rasgos que los distinguen de sus vecinos (la "raza irlandesa," la "raza francesa," la "raza española", la "raza eslava", la "raza china", etc.).

En ningún momento, a partir de los primeros intentos rudimentarios de clasificación de las poblaciones humanas en los siglos XVII y XVIII, hasta la actualidad, los científicos se han puesto de acuerdo en el número de razas de la humanidad, ni las características para ser utilizados en su identificación, o el significado de raza en sí misma. Los expertos han sugerido una serie de diferentes razas que varía de 3 a más de 60, basado en lo que han considerado las diferencias en las características físicas distintivas solamente (que incluyen el tipo de pelo, forma de la cabeza, color de piel, estatura, etc.). La falta de concurrencia en el significado y la identificación de razas continuó en el siglo XXI, y los científicos contemporáneos están más cerca del acuerdo que sus antepasados. Por lo tanto, el término “raza” nunca ha tenido en la historia de su uso tenía un significado preciso.

La raza como un término de categorización en referencia a los seres humanos, se utilizó por primera vez en el idioma inglés a finales del siglo XVI. Hasta el siglo XVIII tenía un significado generalizado similar a otros términos que clasifican como tipo, especie o clase. La literatura ocasional de la época de Shakespeare se refiere a una "raza de santos" o una “raza de obispos." En el siglo XVIII, el término raza fue ampliamente utilizado para la clasificación de los pueblos en las colonias europeo-ingleses que se veían a sí mismos como personas libres, amerindios que había sido conquistados y a los africanos que estaban siendo traídos como mano de obra esclava, uso que aún continúa en la actualidad.

Enrique, Conde de Boulanviliers y José Arturo Conde de Gobineau, el primero en el siglo XVIII y el segundo a principios del siglo XIX, habían dado un carácter seudo científico a las teorías de las razas superiores. Boulanviliers con su texto sobre la supremacía franco germánica y Gobineau con su ensayo  “Sobre la desigualdad de las razas humanas”.

Aunque la mayoría de las personas siguen pensando en razas como las poblaciones físicamente distintas, los avances científicos en el siglo XX demostraron que las variaciones físicas humanos no se ajustan a un modelo "racial". En lugar de ello, las variaciones físicas humanos tienden a superponerse. No hay genes que pueden identificar grupos distintos, acordes con las categorías de raza convencionales. De hecho, los análisis de ADN han demostrado que todos los humanos tienen mucho más en común, genéticamente, que diferencias. La diferencia genética entre dos seres humanos es menos de 1%. Además, las poblaciones geográficamente muy separadas varían entre sí en sólo alrededor de 6-8% de sus genes. Debido a la superposición de rasgos que no guardan relación entre sí (como el color de la piel y la textura del cabello) y la incapacidad de los científicos en agrupar poblaciones en paquetes discretos raciales, los investigadores modernos han llegado a la conclusión de que el concepto de raza no tiene validez biológica. Seguramente Hitler hubiera mandado a estos científicos a los campos de exterminio.

Muchos estudiosos de otras disciplinas ahora aceptan esta nueva comprensión científica de la diversidad biológica en la especie humana. Por otra parte, se ha entendido desde hace tiempo que el concepto de raza que se refiere exclusivamente a los rasgos fenotípicos no abarca ni la realidad social de la raza, ni el fenómeno de "racismo". Impulsada por los avances en otros ámbitos, en particular la antropología y la historia, los estudiosos comenzaron a examinar la raza como un fenómeno social y cultural, no biológico, y han determinado que la raza es una invención social de origen relativamente reciente, que deriva sus características más sobresalientes de las consecuencias sociales de su uso clasificatorio. Como mencioné antes, la idea de "raza" comenzó a desarrollarse a finales del siglo XVII, después de que el comienzo de la exploración y colonización europea, como una ideología popular acerca de las diferencias humanas asociadas con las diferentes poblaciones -europeos, amerindios y africanos- que convivieron en el Nuevo Mundo. En el siglo XIX, después de la abolición de la esclavitud, la ideología surgió plenamente como un nuevo mecanismo de división social y estratificación.

♦♦♦

Hitler se acogió a los darwinistas sociales. Como las teorías de Darwin sobre la supremacía del más apto y la selección natural ganaron extensa aceptación, los pensadores de todas las tendencias comenzaron a encontrar lecciones en ellas para entender la política y la sociedad de su tiempo, y así usaron el pensamiento de Darwin para apoyar sus propias agendas. Este llamado Darwinismo Social se desarrolló en muchas direcciones políticas diferentes. La rama derecha del darwinismo social -que no era necesariamente la rama más popular de la misma- promovió el racismo, justificó la desigualdad social y política, y glorificó la guerra. De la misma manera inspiró a Adolf Hitler y a sus ardientes partidarios a lanzar una guerra mundial y exterminar a los judíos de Europa. El darwinismo social derechista produjo varias ideas atractivas y convenientes para las clases dominantes de Europa y Norteamérica, y especialmente para las elites guerreras y antidemocráticas de Alemania. La idea más importante puede haber sido "lucha", la noción de que todas las relaciones entre los individuos y entre las naciones son definidas por una batalla sin piedad por la supervivencia. La lucha sigue inevitablemente las leyes de la naturaleza descubiertas por Darwin, y por lo tanto no tenía ningún significado moral. Los mandamientos cristianos de "amar a tu prójimo" y "amar a tus enemigos" no tenían lugar en el reino animal y tampoco debían controlar el comportamiento de los seres humanos, que no fueron hechos a imagen de Dios, sino más bien considerados como nada más que un tipo de animal especialmente inteligente.

De estas suposiciones sobre la lucha se deriva el argumento de que la desigualdad social extrema era natural y permanente. Los pobres eran pobres porque eran menos aptos que los ricos. La caridad para los pobres impedía que la humanidad evolucionara a un plano más elevado, porque mantenía vivos a los miembros de la sociedad que no estaban en condiciones de hacerlo, permitiendo reproducirse y contaminar el fondo genético con su inteligencia inferior y debilidades morales. La creencia en la lucha permanente también apoyó un sesgo hacia la violencia entre las naciones, una glorificación de la guerra. Los pueblos "superiores" tenían todo el derecho de conquistar, explotar e incluso exterminar a los "inferiores". Si tal agresión permitiera que los pueblos superiores se expandieran y fueran más numerosos, la raza humana entera mejoraría a largo plazo; la extinción de razas menores era una causa de celebración más que de compasión. En las relaciones internacionales les parecía correcto que ganando una guerra, el vencedor demostraba que merecía su victoria, porque su gente estaba más en condiciones de sobrevivir que los perdedores.

Esta clase de Darwinismo social fomentó un racismo que era aún más peligroso porque reclamaba tener base en el hecho científico. En parte inspirados en los propios escritos de Darwin, incontables escritores y políticos sostuvieron que cada población humana, cada raza o nación, había evolucionado de los primeros humanos a su propio ritmo, de modo que algunos habían progresado más que otros. Probablemente casi todas las personas educadas en Europa y América del Norte clasificaron a los blancos de ascendencia europea en la parte superior de la escala evolutiva, con los de ascendencia africana en el peldaño más bajo.

En opinión de Hitler, Alemania era demasiado pequeña y demasiado carente de "espacio vital". Se enfrentaba al peligro de "perecer de la Tierra" o servir a otras naciones como "pueblo esclavo".

Adolf Hitler unió los hilos de este pensamiento radicalizado en su manifiesto "Mein Kampf", donde explicó su visión darwiniana de las relaciones internacionales en una larga discusión contra el pacifismo, que él llamó "absurdo judío": "Quienquiera que viva, que pelee, y quien no quiera pelear en este mundo de lucha eterna, no merece la vida". Oponerse a la guerra era ignorar "las leyes de la raza" e “impedir la victoria de la mejor raza", que era “la precondición de todo progreso humano". En opinión de Hitler, Alemania era demasiado pequeña y demasiado carente de "espacio vital". Se enfrentaba al peligro de "perecer de la Tierra" o servir a otras naciones como "pueblo esclavo". En consecuencia, "Alemania se convertiría en una potencia mundial o dejaría de existir por completo". Hitler fusionó su temor al comunismo, su demanda de espacio vital y sus creencias sobre la inferioridad racial de los rusos y los judíos en una visión integral de la política exterior de Alemania. Alemania podría anexar su espacio vital necesario de Rusia, porque ese país estaba "maduro para el colapso." Los rusos "inferiores" habían llegado a ser una gran energía solamente porque habían sido conducidos por una clase dominante germánica, pero los comunistas -que en la mente de Hitler eran necesariamente judíos porque creía que los judíos habían instigado el comunismo- habían "casi exterminado" completamente este elemento germánico. "El judío", según Hitler, "es el parásito eterno, un chupador de sangre, que se extiende cada vez más ampliamente como un bacilo dañino", un microbio que mata a su huésped. Los judíos que supuestamente controlaban la Rusia comunista, por lo tanto, no podían mantener un gobierno estable, y Alemania podía fácilmente conquistar la Unión Soviética.

En la mente de Hitler, Alemania necesitaba destruir a la Unión Soviética, no sólo para ganar la tierra y los recursos que harían de Alemania un gran poder, sino también para eliminar la amenaza del comunismo de inspiración judía. Esta amenaza estaba "constantemente presente", porque era "un proceso instintivo, es decir, el impulso del pueblo judío hacia la dominación del mundo". "El judío", escribió Hitler, "sigue su camino, el camino de infiltrarse en otras naciones, ahuyentándolas y luchando con sus armas usuales, mentiras y calumnias, contaminación y desintegración, intensificando la lucha para el sangriento exterminio de su odiado oponente ". Hitler insistió en que "el judío" siempre, a través de los siglos, había buscado la dominación del mundo socavando a los pueblos desde adentro. El comunismo ruso era sólo la última página de esta oscura historia. Estas creencias llevaron a Hitler a lanzar una guerra genocida contra la Unión Soviética en la que murieron 25 millones de ciudadanos soviéticos y también a ordenar el completo exterminio del pueblo judío. Trágicamente, el ejército alemán apoyaría activamente ambas políticas.

Los judíos han sido vindicados por el descubrimiento y desciframiento del genoma humano, que terminó de echar por tierra todas esas teorías de razas superiores. De hecho, los análisis del ADN han demostrado que todos los humanos tienen mucho más en común, genéticamente, que diferencias. La diferencia genética entre dos seres humanos es menor del 1%.

Por eso hay que estar siempre alertas ante los movimientos racistas y otros movimientos que degradan y denigran la condición de ciertos grupos humanos. Hoy menos que nunca, y a la luz del desciframiento del genoma humano, puede volver a existir un genocidio. Y que no suceda es responsabilidad de todos.


Carolina Jaimes Branges es ingeniero de sistemas egresada de la Universidad Metropolitana. Hizo estudios de postgrado en Historia del Arte y Master en Educación, en Harvard University. Es miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua. Conductora del programa "Carolina en Éxitos" por el Circuito Éxitos de Unión Radio. Articulista semanal de El Universal, doce diarios de provincia y varios medios digitales. Entre sus publicaciones destacan: El anclaje del subdesarrollo, Los 7 encuentros, Yo nací en esta ribera, Carmen, de primavera. En agosto de 2016 presentó su primer poemario, Del amor tuyo y el mío.

Referencias 

“How Could This Happen: Explaining the Holocaust” ► Dan McMillan. Basic Books, 2014

“The Role of Darwinism in Nazi Racial Thought” ► Richard Weikart JHU Press, 2013

“The Young Hitler I knew” ► August Kubizek, H.R. Trevor-Roper Editor, 1955

Hitler's Vienna A dictator's apprencticeship ► Brigitte Hamann, Oxford University Press, 1999

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