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Humberto Mata (1949-2017)

El maestro de lo breve

El pasado 26 de agosto, murió a los 68 años el escritor Humberto Mata. Como legado dejó algunos de los cuentos más impresionantes de la literatura venezolana

  • GABRIEL GONZÁLEZ

03 de octubre de 2017 15:39 PM

Actualizado el 03 de octubre de 2017 16:39 PM

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Humberto Mata, el maestro de lo breve

El Humberto Mata que nos acaba de dejar puede leerse en sus libros publicados desde 1970 en Monte Ávila Editores.

A los 21 años presentó su libro de microrelatos Imágenes y conductos, en la colección Donaire. Allí se anuncia que escribía desde los 15 años y que pertenecía al grupo organizado en torno a la revista En Haa, en el que participaron también Carlos Noguera y José Balza.

Humberto Mata es un escritor que se fue sometiendo a una permanente mutación"

En este libro apuntaba una búsqueda de narrador que va ensayando temas, estilos, imágenes, con la calidad con la que se sienta un maestro a completar sus obras completas —aunque tenía 21 años—: con un cuidado obsesivo, historias cortas, puntuación acomodada a la voz, al momento preciso de cada narración.

Dudo que un lector salga de Imágenes y conductos sin un texto que lo marque, o sin un vínculo entrañable con el autor. Pareciera que esta obra de apenas 56 páginas la produjeron varios autores. Las imágenes circulares, la naturaleza correctamente descrita, el mundo psicológico que rodea a ciertos personajes, la prosa limpia y nítida, que no evita el circunloquio siendo económica y eficiente, crean grandes cuentos, como “Continuos” o “Los círculos”,  o como “Conoidales”. Este último narra la historia de Marcelo, un anciano al que eligen miembro de un comité, que es a su vez su inexorable prisión. Aquí se vislumbra el carácter mágico y poético del Mata de otros cuentos, con esa escritura perfecta, simbólica, poderosa que lejos de inhibirse florece en sus siguientes libros, con la misma fuerza y vitalidad.

Insisto en que Humberto Mata es un escritor que se fue sometiendo a una permanente mutación —por su capacidad de cambio, de experimentación permanente—, a pesar de lo breve que parece su obra: de narración a narración resulta otro.

Podía tocar cualquier tema, pero la exigencia de una eficiente historia y la moderación de adjetivos son siempre clave"

En Pieles de leopardo (1978), un libro de 25 relatos, escritos por un autor que frisaba 28 años, vuelven los textos breves, plenos de riqueza en imágenes, en historias sorprendentes. Mata posee la virtud de ofrecer con pocas palabras universos complejos. El cuento fantástico venezolano luce allí verdaderas joyas, como aquella narración “Curiara”, que muestra en un proceso bien administrado el encuentro del jefe de una embarcación de algún caño del Delta con los fantasmas que pueblan la oscuridad. Un texto lleno de sensaciones, expresadas por alguien que nunca se despojó de su tierra, de sus fantasías originarias, y que las llevó a un estatuto universal. En contraste aparece “Las puertas de la montaña”, una historia circular, y divertida, pero no menos poética y compleja; o el relato “Baudelaire”, donde la literatura se produce a partir de la pérdida, dolorosa, de una biblioteca familiar (otro cuento fantástico, que muestra perfiles variados y transmutaciones del escritor).

Podía tocar cualquier tema, pero la exigencia de una eficiente historia y la moderación de adjetivos son siempre clave. El relato “Comentario”, por ejemplo, sobre la vida de dos militares realistas, que se pasaron al bando de los patriotas y murieron quizá en forma de espejos, porque “una muerte es (…) motivo de otra y de muchas desgracias”: así que muere también quien predice la muerte del otro. Este cuento perfecto muestra, una vez más, los intereses de un escritor que muda casi completamente de cuento a cuento.

En 1983 publica Luces, acaso su mejor trabajo hasta entonces. Allí está el cuento fantástico “El lector”, una obra poética de una fuerza imaginativa desbordante, de una metáfora hermosa, escrita con un lenguaje sobrio, límpido, que pone al lector a batallar contra la polisemia allí sembrada. Su escritura no está exenta de juegos temporales, interpolación de voces, momentos donde el autor pone en tela de juicio al narrador, o viceversa, como en “Esquiva”, donde el autor expone la relación del escritor, el cineasta y su esposa, cuando deben manipular la historia de la escurridiza Olga, ¿son fantasmas que están en el cuento y que acosan al escritor o son personas de la realidad?

En Luces aparece un magnífico cuento policíaco: “El cansancio de A. P. Frachazán”, con el uso de las matemáticas que usaría en “Boquerón”; donde se aprecia un cambio significativo en su cuentística: narraciones más extendidas, aunque no menos económicas en la forma de decir, casi novelesca, por la profusión de detalles, por la manera de expresar mucho con poco, por encontrar ventanas insospechadas para el relato, por la superposición o los desvíos que se hacen para distraer el paso de la historia, y por seguir, como al principio, el juego exploratorio, la invención de un cosmos narrativo, giratorio, como el de un caleidoscopio, como si fuesen siempre varios autores trabajando para muchos tipos de lectores.

Bajo estos signos aparece Boquerón y otros relatos. Es un libro de seis narraciones. Luego aparece otra antología donde se incluyen casi todos estos cuentos, una selección ampliada para la Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, con el título de uno de los cuentos de 1978, “Revelaciones a una dama que teje”, un magnífico cuento con sueño, dulzura, poesía, brevedad y ovejas. Para mí, junto al misterioso cuento “Gavilán”, “Las confesiones a una dama que teje” es de las mejores cosas que escribió. Escribía siempre cada línea sobre el mejor papel que se haya dispuesto para la literatura venezolana: el de nuestros clásicos. Eso lo sabía perfectamente Humberto Mata, por eso, por esa poderosa lucidez, eligió siempre la humildad con que habituaba regalarnos una parte de su inteligencia.

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