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Entrevista a Jorge Marrale / Actor argentino

"A los padres, esta película nos obliga a mirarnos a nosotros mismos"

Actor de cine, teatro y TV, Jorge Marrale, protagoniza la película argetina-venezolana, Maracaibo. Un drama "hondo y cotidiano" que habla desde los secretos y las lagunas narrativas que pueden existir en el entorno familiar

  • JONATHAN REVERÓN

28 de noviembre de 2017 09:15 AM

Actualizado el 07 de diciembre de 2017 13:48 PM

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"A los padres esta película nos obliga a mirarnos a nosotros mismos"

¿Cómo llega el guión de la película y por qué acepta hacer Maracaibo?

El guión me llega a través del director Miguel Rocca en un momento en el que estaba haciendo teatro en Buenos Aires. Lo leí con mucho interés porque desde las primeras páginas empecé a vislumbrar, de alguna manera, lo que iba a desarrollarse más adelante. Me pareció que había una sustancia muy rica para investigar el vínculo del padre con el hijo. Me sumergí en la historia y pedí algunas modificaciones.

Maracaibo, habla sobre la relación padre-hijo, como bien usted lo acaba de comentar. La historia transcurre en el medio de una crisis familiar silente, ocurre en un entorno de padres profesionales, con mentalidades de avanzada...

Más allá de cualquier situación social que pueda existir, del aparente avance intelectual de estos personajes, eso no significa que ese padre conozca a su hijo profundamente y lo pueda comprender. Por eso en esa primera toma cuando vamos en el auto que el hijo habla de los cielos y las nubes, el padre muestra su aspecto racional, más ajustado al oficio suyo de cirujano que al papel de padre; el padre evita mirar en el hijo lo que a él no le gusta. Yo creo que en su inconsciente él había visto su tendencia sexual, pero la conciencia no lo quiso aceptar; por eso discute con su esposa y le dice “¿Cómo no me lo dijiste, si vos ya lo sabías?”, lo cual también desnuda cómo esa pareja que en la superficie funciona tan bien, tiene secretos entre sí. La tragedia desata otro momento en el padre, cargado por la culpa y movido por la indagación. En la indagación ve en el espejo del padre de Ricky su propia imagen.

A los que somos padres esta película nos obliga a mirarnos a nosotros mismos. No se trata de hacer un ejercicio de comparación porque no sirve, pero si transitar el conocimiento afectivo, el sentimiento que la paternidad genera. Yo por lo menos he trabajado en carne viva esta película y su tema central: la desaparición del hijo, el no cerrar un circuito, no haber tenido la oportunidad de comunicarse con él y aceptar lo que es, un chico que ama a otro compañero. Esta es una película honda y para interpretarla tuvimos que ir a nuestras profundidades.

Tiene usted una trayectoria que involucra todos los escanarios posibles de la actuación, dentro y fuera de su país. A veces habla de la necesidad de actuar desde "una mirada interpretativa". A sus 70 años, ¿cómo configura su proceso creativo?

No sé si hablaba de la mirada interpretativa. Lo que puedo deducir es que hay algo en el trabajo del actor que, si bien se posiciona como lector de las líneas de toda la historia, hay un punto en el que más allá de la lectura empieza a conformarse dentro de uno una especie de situación interpretativa. Hay algo que empieza resonar y uno empieza a acomodar su cabeza, su espíritu, su conocimiento, su práctica para ir amoldándose en esta forma primigenia con el personaje. Eso podría ser la mirada interpretativa. Surge inmediatamente; uno apenas empieza a leer un guión sabiendo cual es su rol... es difícil ser objetivo; hay una parte de uno que sí lo es, la comprensión del texto y la situación, pero hay otra que pone parte de sí en lo que uno proyecta como una interpretación primaria.

Maracaibo, dentro del cine latinoamericano actual, se enmarca en el drama social que pone foco sobre la familia y su espejo de la sociedad que la rodea.

Nuestro cine toca mucho lo social por lo que nos pasa como países, porque nos tenemos que reconstituir y transformarnos, lo que hace que el movimiento social sea muy importante, esto es una realidad. Imagino que en Venezuela es similar. En términos de lo social nuestro cine abarca las distintas clases sociales, nuestra historia cinematográfica da cuenta de eso. El cine de género también va ganando espacios. A mi me gusta el cine social, tenemos historias recientes como para que lo social sea preponderante.

Podría decirse también que ha consagrado una vida a la actuación dentro de Argentina, aún en los momentos más difíciles.

Lo que más disfruto de ser actor en Argentina, más allá de las vicisitudes que puede tener este oficio mundialmente, es simplemente ser actor. Es un oficio que le dio sentido a mi vida, me dio un lugar en el mundo. Pude anclar mi vocación en algo que adoro, que me representa, que me conforma como persona; sería una persona totalmente distinta si no hubiese accedido al ejercicio del arte dramático. Haber ingresado a la Escuela Nacional de Arte Dramático en Buenos Aires y salir para poder comunicarme con el público fue muy importante para mí, un gran cambio en mi vida.

La edición XXXII del Festival del Cine Latinoamericano de Trieste, en Italia, acaba de premiar su actuación, y en el mismo marco, Maracaibo recibió el premio FICC (Federación Italiana de Circuitos Cinematográficos), "debido al buen desempeño en la trama, un guión coherente y por un montaje nada trivial"

Espero que la película guste. Es honda y nos toca a todos, no solo por lo dramático, sino porque lo que toca está en lo cotidiano: la comunicación de padres e hijos, lo que sabemos, el mundo de la incógnita, que hacemos los humanos cuando queremos comunicar algo o cuando lo que nos comunican no nos gusta o nos duele, cómo hacemos para amalgamar eso con la comprensión y la sabiduría. Siempre llegamos a que somos seres falibles, como Gustavo que no pudo ver con una mirada más cristalina, y luego fue tarde. Si bien él quiere encontrar ese par en el padre de Ricky, en el momento en que sucede el atraco y la muerte, se da cuenta que ese padre tiene algo de él, es como la búsqueda de un fantasma, como si él también se sintiera responsable de la muerte de su hijo.


Maracaibo (2017) es la tercera película del productor, guionista y realizador argentino Miguel Ángel Rocca (Buenos Aires, 1967) luego de Arizona sur (2007, codirigida con Daniel Pensa) y La mala verdad (2010), y recrea el doloroso viaje al interior de una familia, la cual es golpeada inesperadamente por una tragedia, centrándose en la figura del padre y su evolución interna. 

El cineasta habla sobre cómo surgió el relato: “El origen del guion no tenía que ver con construir algo así sino con el drama que luego tomó color de tragedia. La primera idea con la que empecé a trabajar era en qué momento un padre se da cuenta que un hijo no es la proyección de sí mismo, el deseo de uno, en qué momento deja ir, deja hacer, preguntas existenciales sobre la paternidad”. 

“La relación entre padres e hijos es un tema que me apasiona”, continúa Rocca. “Esto después lo asocié con el tema de la elección sexual, no porque en este caso me interesara directamente, sino como una elección de ser. Entonces qué pasa cuando uno toma una decisión que no es la que el padre quiere. Cuando empecé a indagar sobre esto, por alguna razón, quería seguir el recorrido del personaje del padre, me interesaba trabajar la historia a través de su mirada, y empecé a reconocer el tema de la culpa en lo más profundo. Hace muchos años escuché en un reportaje a Clint Eastwood, que suele abordar este tipo de relaciones padre hijo o hija, que dijo ‘No hay día que no mire para atrás pensando si hice lo correcto con mis hijos’, y es una idea que me convoca”. (www.telam.com.ar). 

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