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Reflexiones de Armando Scannone, Gastrónomo e ingeniero civil

Los barrios en Caracas como problema humano

La Escalinata (César Enríquez, 1950) narra la historia de Pablo, cuya infancia transcurre en una zona popular y como logra llevarse a su familia lejos del barrio, dejando tras de si a los amigos de la infancia para no volver a verlos sino hasta muchos años más tarde cuando el lugar donde trabaja es asaltado por Juanito, uno de sus amigos de la infancia. El asalto termina con un homicidio por parte de uno de los acompañantes de Juan, este hecho ocasionará que Pablo regrese al barrio en busca de Juan y descienda por la escalinata para recordar la vida de sus primeros años y a Delia, la hermana de Pablo, de la cual siempre estuvo enamorado.

  • ARMANDO SCANNONE

19 de diciembre de 2016 15:23 PM

Actualizado el 22 de diciembre de 2016 11:58 AM

PARA COMPARTIR

Los barrios en Caracas como problema humano

Este trabajo se comenzó a escribir el 26 de febrero de 2009 y fue revisado y ampliado varias veces, hasta esta última versión del 31 de enero de 2011, motivada por las fuertes lluvias y funestas consecuencias ocurridas en los últimos meses del 2009 y, como consecuencia, la gran cantidad de damnificados que perdieron sus hogares, y para los cuales se pretende construir una importante cantidad de viviendas, lo cual podría aprovecharse para  acelerar el desarrollo de lo propuesto en las partes SEGUNDA y TERCERA, y eventualmente, en la CUARTA, de este trabajo, con el añadido, que permitiría corregir el enorme desorden urbano y la mayor depauperación que acarrearía llevar a cabo, como se pretende, una solución desordenada, sin plan directriz y a la carrera, y considerando que llevar a cabo el plan contenido en esta propuesta, no involucraría mayor tiempo para iniciarlo, a la vez que se comenzaría ordenadamente el mejoramiento de la ciudad actual y así lograr una Gran Caracas en tiempo  considerablemente menor. Eso se hizo en algún momento, y a veces más de una vez, en las que son hoy grandes y bellas ciudades: París, Nueva York, Barcelona, Viena, etc. y en las que recientemente fueron semi-destruidas: Berlín Dresde, Varsovia, Colonia, Londres, etc. 

Se trata, además de patriotismo, amor al país y amor profundo a la ciudad.

PRIMERA PARTE

Dos ciudades que conforman una ciudad

Caracas reúne condiciones excepcionales para ser una bella y muy agradable ciudad. Lo fue. Sin embargo, los barrios de ranchos, construidos en los cerros que la circundan completamente, han dado origen a una ciudad dividida en dos ciudades diferentes, que no tienen comunicación real, de ninguna clase, entre si: La que está asentada en el valle y la que está asentada a los cerros que rodean el valle, y a la que, por sus características, denominamos "marginal". 

En la primera se desarrolla toda la actividad económica de la ciudad y de buena parte de la de todo el país, y sus habitantes, en general, tienen relativa afluencia económica. Es posible habitar en ella con relativo confort. La segunda permite a sus habitantes solamente "habitar" precariamente, con muy poca o muy escasa vialidad vehicular, y cuando la hay, sólo para rústicos, y ninguna peatonal, sólo largas escalinatas y angostísimas veredas, que permiten, difícilmente, el acceso a las viviendas y las cuales son en realidad las calles de esa parte de la ciudad; además, los servicios básicos faltan o son insuficientes, en la mayoría de los casos, para disponer de un mínimo confort. Allí impera la pobreza y la pobreza extrema. Sus habitantes son, en gran mayoría, trabajadores de baja escala económica, que trabajan en la primera y duermen en la segunda, “su ciudad”, en la cual hay poca o ninguna posibilidad de trabajo estable. Los habitantes de la primera, no visitan la segunda y tampoco tienen necesidad de hacerlo. En todo caso, se trata de una ciudad que ocupa el valle plano y otra, una aglomeración mas que ciudad, en los cerros, de ranchos. 

 cada día se hace más perentoria una intervención profunda, rehacer Caracas."

En ésta no se puede hablar de calidad de vida para sus habitantes, pues no existe, lo que a su vez afecta la calidad de vida de la primera, que carga con problemas de la segunda. Desde el punto de vista humano y físico, toda la ciudad está enferma, se podría afirmar que, en partes desvencijada y en partes cercana a estarlo, a tal punto que cada día se hace más perentoria una intervención profunda, rehacer Caracas, si se quiere dejar como herencia a las generaciones que nos sigan, una ciudad deseable, en la cual todos puedan desarrollar plenamente su dignidad personal y como consecuencia su autoestima, como elementos básicos de vida y para el desarrollo pleno de otros valores, una ciudad de verdaderos ciudadanos, integrales e integrados a su ciudad, no lo que cada día se deteriora más.

La misma estructura se repite en todas las ciudades más importantes del país, aún las situadas en sitios planos, sin embargo, estas reflexiones las hago como ciudadano de Caracas que soy y donde he vivido siempre. Por eso, a lo largo de este trabajo sólo me referiré  concretamente a Caracas.

Si en principio aceptamos, que los barrios marginales constituyen primordialmente, un problema humano que se debe resolver, se debe comenzar por aceptar y pensar, como concepto primario, lo que es realmente: Un problema que afecta a la dignidad humana de sus habitantes y, en consecuencia, su autoestima y el de la sociedad  de la cual son parte, para lo cual se requiere el desarrollo de valores básicos y vivir conforme a ellos. Es a partir de allí, que debemos preguntarnos qué hacer para, al afrontar las necesidades de la ciudad, estudiarlas a partir de lo primordial: lograr la completa dignidad de sus habitantes, y  quizás lo más importante, dar un primer paso firme, para una cabal formación ciudadana: la disminución de la pobreza, de la inseguridad y, además, liberarlos de la permanente amenaza que en cada  estación lluviosa sufren, perder su vivienda, si no la vida, así como de todos sus enseres, etc.

En otras palabras, de la "marginalidad". Dicho de otra manera, el estudio del problema tiene su origen, en buena parte, en la dignidad del hombre, y para resolverlo nos servimos de los medios técnicos necesarios con la ayuda de urbanistas, arquitectos, ingenieros, sociólogos, etc. Por eso, lo “social” y aún lo “técnico”, enunciados genéricamente, deberían estar primero al servicio de la dignidad del hombre y a lo que le es más próximo: la familia y, después, como consecuencia a la ciudad. Es decir: La solución “social” y la “técnica”, deben pensarse después, y sólo después, de identificar claramente el problema humano, no antes.

El valor humano básico, antes de todos los otros, es la dignidad personal o individual. Ese valor, en el caso de nuestros barrios, algunas veces no puede desarrollarse a plenitud, y por supuesto el potencial humano de cada uno y del conjunto, no por razón de las personas en si, que no son diferentes a los demás habitantes de la ciudad y del país, sino mas bien a su pesar, lo cual es, primordialmente, debido al hacinamiento forzoso interior y exterior, inevitable e irremediable en el que viven por la precariedad de sus viviendas. El espacio disponible por cada rancho, que no permite absolutamente ninguna ampliación, a menos que sea peligrosamente hacia arriba, conservando la estructura básica del rancho original, y por supuesto de su interior, impide la separación o espacio vital para cada miembro de la familia y de cada familia respecto a las otras, lo cual hace, en la mayoría de los casos, que exista un hacinamiento que cada día crezca, y se agudice más, como consecuencia del crecimiento de la familia y, por supuesto, la imposibilidad de tener espacio para satisfacer las crecientes necesidades.

Ese hacinamiento impide el completo desarrollo de la intimidad y como consecuencia de la dignidad personal y familiar y, por consiguiente, sin una completa e integral dignidad personal y familiar, desarrollada plenamente, otros valores no podrán, generalmente, establecerse firmemente. De allí el origen de muchos de los problemas sociales inherentes a los barrios, que sufren también, sus habitantes de buen comportamiento social y como consecuencia, también toda la sociedad, la ciudad, y todos sus habitantes.

 La compasión es una virtud personal, no de la administración pública, pues entonces se convierte en inhumanidad, desprecio, impiedad."

Es importante tener presente que cuando hablaremos de invertir en el desarrollo de ciudadanos integrales y verdaderos, aún a costa de prestarles ayuda económica, no debe pensarse que estamos proponiendo dar una limosna a cada persona que no ha tenido las posibilidades de salir de la pobreza, y menos, ni siquiera pensar que se lo hace por compasión. La compasión es una virtud personal, no de la administración pública, pues entonces se convierte en inhumanidad, desprecio, impiedad. Al contrario se trata de una inversión para hacer mejores ciudadanos y así tener una mejor ciudad y un mejor país para ser disfrutado por todos, con generosidad, desprendimiento y paciencia. Debemos hablar de afecto. Es una inversión para situar a todos en igualdad de posibilidades primarias, y que en principio, debe pensarse sean mucho más altas que lo bajo de hoy, para que de allí en adelante, cada uno haga uso de la libertad, que le permita desarrollarse sin el agobio de la pobreza o de la pobreza extrema. Obligación de todo gobierno. Todo a partir de la condición primaria para ser libre y gozar de la libertad: el derecho de propiedad de su vivienda, firme y debidamente registrada. Recordemos que la Declaración  de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa, incluía: Libertad, Igualdad, Propiedad y Fraternidad, y a su vez, de la Constitución de la Gran Colombia: Libertad, Seguridad, Propiedad, Igualdad. Es decir: La propiedad aseguraba (asegura) la igualdad, la seguridad y finalmente la libertad. Hoy día hemos olvidado la propiedad.

SEGUNDA PARTE

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Proposición y su justificación

Lo que propongo no es nada novedoso o estrafalario. Cuando se fundó la Unión Europea, los países más desarrollados (Alemania, Francia, etc.), asumieron el costo de infraestructura de los países menos desarrollados y más pobres, (España, Portugal, Grecia, etc.), para así establecer, en lo posible unas bases de igualdad que les permitiera a todos integrarse a la Unión y avanzar juntos en la misma senda o al menos, en sendas parecidas. No era por compasión, se trataba de interés para todos, que se traducía en sacrificio económico de una parte, y a la larga en afecto a los menos favorecidos.

Alemania Oeste hizo algo parecido cuando pagó para recuperar el territorio de la Alemania del Este, que le había sido arrebatado a la antigua Alemania. También allí se ayudó económicamente a los habitantes del Este, de hecho acostumbrados a medio vivir en un régimen comunista, donde no existía la propiedad privada, y por supuesto, la libertad, sino un estado todopoderoso, y todo se hizo a costa de impuestos a los habitantes de Alemania Oeste.

La reconstrucción de ciudades como consecuencia de una intervención profunda, ha sido frecuente y, a veces, más de una vez, ha dado origen a las que son grandes y deseables ciudades: París,  Berlín, Barcelona, Londres, Nueva York, etc.

Volviendo al tema principal que nos ocupa, en nuestros barrios no penetra la autoridad. La ley la imponen los más fuertes, que son pocos relativamente, pero que forman y se organizan en bandas que utilizan el barrio como refugio, y que a su ley, deben atenerse todos los habitantes del barrio, así como a sus primeras secuelas: la delincuencia y la inseguridad, que a su vez, se desbordan a la ciudad toda, como una ola, de criminalidad y de inseguridad. La delincuencia, en la mayoría de los casos, es ejercida, inmisericordemente, por bandas y por cada uno de sus componentes, para tener cada vez más poder, y muchas veces, la delincuencia se desborda sobre toda la ciudad. Los jóvenes sienten la tentación de ingresar a una banda para tener seguridad y poder, a cambio deben delinquir para lograr un lugar en la banda y delinquir cada vez más, para llegar mas alto y ser más poderoso en la banda.

De acuerdo a las consideraciones anteriores, me permito enumerar, lo que imagino, habría que considerar para comenzar a estudiar y resolver un problema que es de toda la sociedad y, que de no solucionarlo en su raíz, el hacinamiento, permanecerá y se agravará cada día más. Hago notar que hasta ahora no he dicho que el problema que constituyen los ranchos, sea un problema que se pueda resolver completamente, pero si me atrevo a decir que puede estudiarse su posibilidad.

Hago énfasis, en el uso de la denominación: “hombre de campo”, porque ellos no son campesinos en su significado amplio..."

  • El rancho, tiene primordialmente su origen, en nuestro caso, en la falta de políticas públicas, que promuevan efectivamente el desarrollo del campo, las que producirían como primera consecuencia la creación de puestos de trabajo, educación y una mejor preparación para la vida, en forma acelerada, de todos sus habitantes, y además, que la migración del “hombre de campo”, cuando la hubiera, se distribuyera en forma más equilibrada y preferentemente a las ciudades y pueblos más cercanos, contribuyendo, a su vez, al desarrollo regional. Al contrario, por la falta de políticas hacia el campo y la provincia en general, la migración se orienta hacia las ciudades más desarrolladas, las que pasan a ser, indebidamente, polos de desarrollo, y como consecuencia al abandono del campo, y sus pueblos de origen, su hábitat natural, como “hombres del campo” que son, desde que nacen. Hago énfasis, en el uso de la denominación: “hombre de campo”, porque ellos no son campesinos en su significado amplio, tal como los campesinos europeos, que desde que nacen son amantes y atados con amor, a un pequeño pedazo de tierra, muchas veces transmitido por generaciones, del cual son propietarios; que cultivan y que les produce, al menos en parte, el sustento de la familia. Son primordialmente autosuficientes. Nuestro “hombre de campo”, nunca es propietario, ocupan un pedazo de tierra, en el cual construyen su “rancho” con o sin permiso. De allí la denominación “Pisatario” que se les da. Llega el momento que nuestro hombre de campo, no vislumbra posibilidades de avanzar ni posibilidades de una vida mejor. Se le hace la vida  sin futuro y monótona; ve la ciudad como su última esperanza, la salvación, para empezar a construir una vida mejor para su familia y para si mismo. Ante esa situación de estancamiento, de monotonía, la ciudad lo ilusiona como un mundo con oportunidades de trabajo y de mejoramiento para él, sus hijos y su familia, con protección de su salud, y hasta con entretenimiento, es decir una vida mejor y, sin estar muy consciente de ello, aspira a tener una mejor calidad de vida, aspiración absolutamente natural y humana, en un mundo que se desarrolla vertiginosamente y, muchas veces, ese hombre de campo sigue el camino que otros siguieron antes. El no es plenamente consciente de la situación y no piensa que al “mudarse” se convertirá en un desubicado, y que probablemente, permanecerá así por mucho tiempo o por el resto de su vida.
  • El hombre de campo sabe construir un rancho para cobijarse, vivir, y comenzar a tener cierta independencia, cuatro paredes de tierra y un techo, lo hizo y vivió siempre en él. La vivienda es su primera preocupación, pero como obtenerla es para él, relativamente secundario. Él sabe construirla y sabe que siempre encontrará el terreno para hacerlo. Él sabe que el Estado y los políticos, en busca de votos, le permitirán encontrarlo. Llega un momento en que su razonamiento le dice que le conviene “mudarse”, y no considera que cometerá falta o hará algo indebido, si adonde vaya construye de nuevo “su rancho”. Siente o cree, y así es, que el “gobierno” no objetará que él disponga de un pedacito del territorio donde nació o donde trabaja o donde vive con su familia. Para él es un derecho. El no va a hacerle daño a nadie. No le falta algo de razón. Piensa que el “gobierno” debe ocuparse primero que nada de sus habitantes y que (por acción u omisión) tiene culpa de que él con su familia, se vean obligados a emigrar del campo. Tiene toda la razón. Porque no se nace para ser un desheredado toda la vida, ni se gobierna para hacerlos.
  • Nos corresponde reconocer, a los que hemos tenido mejor suerte, que el Estado, por acción u omisión, es responsable que él haya invertido dinero y esfuerzo para construir su nueva vivienda, un rancho, en la ciudad a la que se ha mudado, y que una vez construido con gran esfuerzo, es todo lo que tiene, aun cuando no es dueño de la tierra, solo de las bienhechurías, y aún cuando puede negociar o vender estas, nunca será propietario absoluto de su vivienda. Es una propiedad condicionada y limitada, sin ninguna garantía. Sin embargo esas bienhechurías, adquieren valor de mercado debido a la demanda creciente, valor que habrá que reconocerle siempre y en cualquier caso.
  • Una vez en el barrio, el hacinamiento y el espacio extremadamente limitado, generalmente por toda la vida, son condiciones que facilitan la frustración y la desesperanza y como consecuencia, también se hacen parte importante, de la pobreza material y espiritual de esa población.
  • Como consecuencia, se hace perentorio cambiarle el espacio donde habita, para mejorar la calidad de vida de él, de su familia, de todos, y de la ciudad, y es inhumano tratar de eliminarle su rancho sin ofrecerle previamente otra vivienda, aún mejor que la que tiene, una vivienda de verdad. De no ser así se lo obligaría a construir un nuevo rancho en otra parte.

Un ejemplo que ilustra muy bien lo expresado anteriormente, se puede comprobar en el desarrollo acelerado que ha tenido el Estado Portuguesa, notorio en Acarigua-Araure y toda la zona alimentada por Turén, gran productora de arroz y cereales, base de su transformación. Allí, el Proyecto Turén y el arroz, transformaron rápidamente una zona pobrísima, en un emporio de riqueza, el surgimiento de empresarios emprendedores y de muchísimos trabajadores mejor capacitados para puestos de trabajo estables y bien remunerados, que ahora, también mejor educados, luchan por mejorar su condición económica, espiritual y familiar. Eso confirma lo que antes expresé y muy especialmente, en este caso, que se trata de un desarrollo acelerado por si mismo, producto del desarrollo, que revierte rápidamente lo invertido, promoviendo así, más desarrollo en áreas cada vez mayores. Ideal sería que muchas áreas, en alguna forma similares, fueran limítrofes para desarrollar áreas muy extensas de territorio recuperado. Es difícil imaginarse, si no se lo ha visto, lo que eran las dos poblaciones vecinas, Acarigua y Araure, y lo que son hoy, unidas, Acarigua-Araure, a los 50 años de Turen y el arroz.

Es llegado este momento del análisis, cuando nos enfrentamos al problema y  podemos verlo más claramente, su origen, y hacer su diagnóstico, y al mismo tiempo, lo que imagino corresponde a sociólogos: establecer si la gente de barrio se conforma o les gusta vivir de la manera como lo hacen. Hay que preguntarse: ¿Desean o han deseado alguna vez cambiar y mejorar las condiciones en las cuales viven? ¿Tienen, siquiera, una posibilidad remota de hacerlo? ¿Viven en un rancho porque así fue siempre, quizás desde que nacieron y se habituaron a ello, o al menos, porque se acostumbraron a vivir en ese sitio o vecindario?  ¿Tienen una noción clara de lo que significa ser propietario y vivir en libertad o será posible enseñarlo? ¿Saben cuáles son sus deberes y derechos como ciudadanos?

Es, llegado al diagnóstico cuando es preciso que los profesionales de diversas disciplinas, comiencen a pensar y estudiar lo que se puede hacer para la solución física del problema, y a tal efecto, se pueden enumerar  algunos pasos que, podrían darse para comenzar a solucionar el problema de la ciudad y muy especialmente de todos sus habitantes, a partir de la dignidad personal de cada uno, por igual, de las barriadas de ranchos en Caracas y otras de nuestras ciudades.

TERCERA PARTE

♦♦♦

¿Será factible solucionar el problema de raíz? 

¿Qué hacer y por dónde empezar? 

¿Cuánto tiempo para lograrlo?

Muy concretamente y sin explicaciones previas o suplementarias, me atrevo a sugerir o proponer una serie de pasos sucesivos que considero posibles:

  1. Ubicar sitios dentro o fuera de la ciudad actual, para ampliar y comenzar a fabricar la futura Gran Ciudad, y por sectores, a hacer el traslado ya que, sin duda, no sería posible hacerlo todo a la vez ni al mismo sitio; medir su factibilidad; proyectar y construir, las viviendas durables, higiénicas y dignas, para la reubicación, tomando en cuenta, que de una vez, se deberá disponer siempre y previamente, de todos los servicios básicos, incluidos transporte permanente a las ciudades cercanas, escuelas, hospitales, iglesia, estación de policía, agencias bancarias, abastos, recolección de basura, plazas, parques, etc. en lo que serían, preferiblemente, partes integradas a una nueva gran ciudad o de ciudades adyacentes o periféricas, como Guatire, Guarenas, San Antonio, etc.
  2. El Estado no deberá regalar esas viviendas. La propiedad no se regala, se adquiere con esfuerzo y trabajo. Si deberá reconocerse, con amplitud, el valor de la vivienda que tienen y donde viven, como primer pago de la nueva vivienda, al mayor valor de mercado y aún más, como obligación del Estado y por compensación por lo perentorio y por haberles permitido, por omisión, hacer algo indebido. Deberá ofrecérseles, además, los mejores préstamos posibles, pagaderos en el mayor tiempo posible, sin intereses o a las tasas más bajas posibles, incluso pensar en formas de subsidios por constreñirlos a mudarse, que de hecho, les otorga el derecho a una contraprestación.
  3. Al hacer los traslados, se irán obteniendo espacios libres de ranchos, que una vez, esos espacios sean de tamaño suficiente, se podrán a la vez, reurbanizar para un uso adecuado, y esas zonas actualmente marginales, integrarlas completamente a la ciudad, con espacios amplios y agradables, inclusive con reforestación arbórea, de acuerdo a lo que pueda acordarse, porque ahora no se trata de cubrir el cerro con una capa de viviendas adosadas, como se ha hecho, y que volverían a la larga a producir hacinamiento. Se trata además de integrar, mejorar  y embellecer toda la ciudad.  Sin duda, la iniciativa privada podría y debería intervenir y se puede asegurar que estaría dispuesta a trabajar en este campo y, el Estado tendría la oportunidad de recuperar parte de la inversión mediante el cobro de plusvalía a quienes invirtieran en la transformación, no directamente, al dueño del rancho.
  4. En todo caso, lo que se haría en esas zonas recuperadas para la ciudad,  debería tener calles para el acceso directo a las vías del valle. Nada de escaleras ni de veredas. Se deberá proveer amplio acceso a ambulancias, bomberos, patrullas policiales, transporte público, etc. Es decir integrarlas absolutamente a una sola ciudad única o total.

Es importante tener en cuenta en todo momento que poseer por derecho una vivienda confortable y digna, convierte de una vez, al habitante de un rancho, en verdadero propietario y ciudadano, que pasa, de una vez, a formar parte de una categoría con verdadera y completa ciudadanía, con dignidad, derechos y deberes. No sólo derecho a voto y a deberes. (*)

Dos puntos a tener en cuenta son muy importantes e imprescindibles: Debe pensarse en lapsos de 50 años o más, para empezar a vislumbrar lo que podría ser la nueva ciudad y, además, lo más difícil, garantizar, de alguna manera, corrupción cero, a la que se le ofrece un amplio campo de  penetración, dada la complejidad, tiempo y costo, de un proyecto de tal envergadura. Sin embargo, recordemos que El Silencio y la Avenida Bolívar, respectivamente, se pusieron en servicio, apenas en algo más de un período de gobierno y en ninguno de ellos se comprobó corrupción. París se transformó completamente en 17 años, alrededor de 1.850. Hoy se hacen planes para su nueva transformación, además de las muchas que ha sufrido desde entonces. Barcelona ha sido reurbanizada varias veces, la última, en forma amplísima, con ocasión de celebrarse allí los Juegos Olímpicos, se hizo en menos de 10 años, y se ha seguido mejorando. China lo hace hoy en todo su territorio. Londres lo hizo en ocasión de próximas Olimpiadas de 2012, donde por cierto, se tuvo que derribar edificios en una vieja zona industrial y descontaminar la tierra, que había sido contaminada por industrias. Todo pagado indirectamente por los ciudadanos.

Es importante, que los habitantes actuales de la ciudad, deban ser conscientes y de ningún modo, perentorio para ellos, ver o vivir esa nueva ciudad, sino más bien, contribuir para dejarla bella y confortable a las generaciones futuras, con un alto y sincero desprendimiento, generosidad y paciencia. Lo que si es  urgente, es que los  habitantes de ranchos puedan lograr, pronto y a toda costa, el completo desarrollo de su dignidad personal, para lograr una ciudad de ciudadanos completos, en toda la extensión de la palabra.

De allí en adelante sólo la determinación, el coraje y, sobre todo, sentido de apostolado, para devolver, en el tiempo, la dignidad a las ciudades y a sus habitantes todos, teniendo en cuenta o “inventando” fórmulas de recuperación de parte del dinero invertido, tales como reurbanización y recuperación de los cerros desocupados, ésta vez, como parte intrínseca de la ciudad, empresa para lo cual sin duda, estoy seguro que la empresa privada  estaría dispuesta, si eso se desea, a trabajar con ahínco.


(*) Nos referimos con esta llamada a la importancia que tiene la Propiedad en la formación de un ciudadano con derechos y deberes, a partir de la Propiedad que garantiza finalmente la Libertad y que contribuye primordialmente  a su Dignidad Personal.


CUARTA PARTE

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Rehacer una Ciudad

Unido a lo anterior y debido al desarrollo desorbitado, sin planificación y sin control, de la ciudad,  el cual se acentúa cada día, especialmente hacia el este y hacia el  sureste de la ciudad asentada en el valle, por una parte, y al traslado hacia el este de las actividades económicas más importantes y más productivas, así como de las sedes principales de las instituciones privadas, económicamente mas rentables y muchas de las públicas, se ha producido como consecuencia, el abandono y deterioro ruinoso de vastas zonas de la ciudad, especialmente en su parte oeste, agravado por los retiros incompletos en las calles de esa zona, que a la larga se convierten en basureros, estacionamientos de vehículos o de depósito de autos viejos, en asiento de buhonería, etc. que induce a que no se preste ni se pueda prestar, ninguna clase de mantenimiento a toda la zona, incluso de las propiedades y, como consecuencia además, de ordenanzas inadecuadas, se ha producido un deterioro tal, que ya se puede advertir en zonas que comenzaron a desarrollarse apenas hace cincuenta años, con la esperanza de hacer una ciudad nueva, moderna y altamente valorizada, que no se han desarrollado completamente, ni lo hará, lo que ha devenido en deterioro y envejecimiento irremediable, de vastas zonas de la ciudad, donde ahora comienza a manifestarse la pobreza urbana, con lo que no se contaba. Buena parte ello se debe también a las Ordenanzas Urbanas, tímidas, desubicadas en el tiempo y en cuanto al desarrollo de la ciudad, sin sentido de futuro y de largo plazo, especialmente en lo referente a la red vial prevista y a la manera de construirla. 

Buena parte, de las construcciones en esas zonas, ya tiene 50 años de construidas, edificios de poca calidad y de poco o ningún valor arquitectónico, con revestimientos y acabados baratos y de baja calidad, que si alguna vez tuvieron algún mantenimiento, fue simplemente de pintura y, con el tiempo, se ha generalizado el aspecto ruinoso de todas las construcciones en esa zona. Se siente con tristeza como se envejeció y empobreció esa ciudad, que mas bien parece que llegó al término de su vida económicamente útil. Una ciudad debe pensarse para cientos de años o para la eternidad. Parece llegado el momento de replantearse lo que debe ser nuestra ciudad en el futuro previsible.

Algo parecido ya vivió Caracas en años relativamente recientes, en lo que hoy es denominado “El Silencio”. En los años 40 del siglo XX, esa zona estaba muy depauperada físicamente y se había convertido, en asiento generalizado de prostitución. El gobierno de ese momento, decretó y pagó la expropiación de toda la zona, a su correspondiente valor real, que inmediatamente demolió y encomendó al eminente arquitecto Carlos Raúl Villanueva, que hiciera el proyecto de reurbanización completa de la zona, que lo hizo con gran sentido urbanístico y de futuro, y que contempló la construcción de un conjunto armónico de edificios que ocupan, cada uno, completamente, cada manzana, todos de diseño y alturas similares, constituidos por amplios apartamentos para familias de clase media y comercios vecinales. Siento que el Arquitecto Villanueva pensó lo que podría ser una ciudad latinoamericana del futuro, con características propias. El proyecto no se divorció mucho del entramado importado de España desde la Colonia, conservando además el concepto europeo, para esa época, del gabarito, lo modernizó apaciblemente, alrededor de una gran plaza, hoy mas bien un distribuidor de tráfico, como consecuencia de la construcción de una amplia zona también expropiada, en la cual se construyó inmediatamente después, apartándose y negando lo planeado originalmente, lo que se denominó Centro Simón Bolívar y se comenzó la Avenida Bolívar, el primero para el asiento de oficinas públicas, estacionamientos y una plaza central. En cuanto a la Avenida, quizás por no haber sido construida de acuerdo a los lineamientos originales, propuestos por el Arquitecto Maurice Rotival, dividió longitudinalmente, quizás para siempre, toda la ciudad de ese entonces y a la larga condujo al deterioro de otra buena parte de la ciudad y de la zona oeste a la que nos referimos anteriormente. Se inició así, también, el injerto del urbanismo norteamericano en el trazado original de la ciudad, abandonando de paso, el concepto de Villanueva, con gabarito y con la herencia europeo-hispánica, que imagino, su visión de una  ciudad latinoamericana del futuro, en Caracas.

También, a partir de El Silencio, se construyó la Avenida San Martín, angosta desde el principio para servir a la población futura del oeste de la ciudad, la que ya requiere ser ampliada, y que cruzó e intervino toda la zona hasta el límite oeste de la ciudad de entonces, siendo hoy día, una Avenida fea y sin atractivo, a lo largo de la cual se alinean algunos edificios altos de muy baja calidad arquitectónica y material, de acabados baratos y poco durables y feo aspecto y en parte, viejas y ruinosas casas convertidas en comercios, lo que ha producido que la Avenida, además de prestar servicio muy deficiente, en cuanto a la circulación de vehículos, se ha integrado, en aspecto y depauperación, con el abandono de toda la zona y el asiento allí, de la pobreza, la delincuencia y la inseguridad, en vez de haber sido un factor para un bello, eficiente y valioso desarrollo. Efectivamente las fachadas a todo lo largo de la Avenida, producen desánimo y tristeza, en vez de alegría y vida, como debía ser. Al mismo tiempo, su revalorización, así como la calidad de vida en la zona, no ha alcanzado, ni siquiera, los valores y beneficios que se podían esperar. Al contrario, toda la zona se deteriora cada día más.

A pesar de todo, la zona intervenida por la Avenida Bolívar, se ha desarrollado algo mejor que el resto comprendido por la zona oeste y de la Avenida San Martín, que la atraviesa y, aunque, de hecho se valorizó algo, aunque poco, hoy no es lo que debía ser, y aunque se comienza a advertir en ella cierta vetustez, quizás consecuencia de intervenciones diversas, de muy mal gusto, sin un plan riguroso como debía ser, que indican poco amor por la ciudad, es menos difícil de remediar.

Da la impresión que toda la Zona Oeste, a la que nos referimos anteriormente, le ha llegado el momento en que puede convertirse en una lacra para la ciudad, como lo fue el antiguo El Silencio y, como hemos dicho ya lo son la Avenida San Martín y sus alrededores, que dentro de un mejoramiento de la ciudad y muy especialmente, de los barrios marginales, podría jugar no sólo un papel importantísimo de transición a una ciudad mejor, sino que, a la vez, permitiría rescatar y embellecer, una buena parte, si no todo, del oeste de  Caracas, una zona muy valiosa, hoy venida a menos, y con poco futuro, debido a su envejecimiento, a su insuficiente vialidad y a lo angosto de la Avenida San Martín que debería reconstruirse para el tráfico de hoy día, y además, ampliando, y quizás reestructurando, toda la vialidad de esa zona, como se hizo en El Silencio, y quizás, ¿Por qué no? entusiasmar a los caraqueños a cambiar, para mejor, toda su ciudad.

Sólo con la plusvalía que se produciría, se podría recuperar, si no toda la inversión, si buena parte de ella y a la vez, como hemos dicho, serviría de transición y origen de una transformación, para bien y con sentido de excelencia, de toda la ciudad. Podría servir además, para repensar buena parte de la vialidad y de la ciudad misma. Es bueno hacer notar, que en esas intervenciones radicales que ha sufrido la ciudad, hubo una gran diferencia y divergencia de conceptos y de objetivos y, por otra parte, al mismo tiempo las ordenanzas  para la ciudad, como se puede observar hoy, no han resultado acertadas en cuanto a la percepción del futuro, lo que indica la necesidad de reformarlas o de formularlas  nuevamente

El Silencio está constituido por viviendas amplias y cómodas y locales comerciales relativamente pequeños, para comercios vecinales, que al principio, fue todo para alquilar y posteriormente vendido a los propios inquilinos, a los que se les brindó una magnífica oportunidad. Su mantenimiento permanece, en parte, bajo la intervención del estado. El desarrollo no ha envejecido y se mantiene bien, quizás porque los propietarios tienen, al menos, voz. En cambio la intervención que se hizo por la Avenida Bolívar, se destinó enteramente a oficinas públicas y, a todas vistas son notorios, su deterioro, sus modificaciones caprichosas y su envejecimiento, en comparación con El Silencio. No parece extraño, ya que los dueños cuidan su inversión y su propiedad y lo del Estado no tiene quien lo cuide, más bien permite que cada nuevo funcionario tenga facultades para intervenirlo a su antojo. Parece que ha llegado la hora para iniciar transformaciones profundas, incluso de vialidad interna, a la ciudad.

La zona oeste a la que nos hemos referido, quizás la primera que podría ser intervenida, estaría limitada y comprendida, al Norte, por una línea más o menos paralela a la Avenida San Martín, unos 100 metros al norte, desde El Silencio hasta El Atlántico-Plaza Artigas; por el Sur, en parte por la Autopista Francisco de Fajardo y en parte por el Río Guaire;  por el Este la Avenida Sur o por la Avenida de Las Fuerzas Armadas y por el Oeste por una línea que iría aproximadamente por El Atlántico-Artigas-Río Guaire.

Ese sector, es menor en área y valor relativo, a lo que fue el intervenido por El Silencio más la Avenida Bolívar. Podría desarrollarse de Oeste a Este, lo que permitiría desalojar relativamente pocas familias y reubicar muchas. Las primeras podrían tener prioridad de reubicación en la misma zona, en la cual ya habría suficientes espacios de vivienda y comercio como para reubicar también a los desalojados de zonas limítrofes sucesivas y de parte de los desubicados de los cerros. Se podría obtener una plusvalía importante que sería una buena ayuda de financiamiento de los mismos trabajos. El destino de viviendas y comercios debería ser de carácter privado, y si el Estado  estuviese interesado en conservar parte y establecer allí algunas de sus dependencias, podría vendérsele sólo el terreno en áreas grandes o manzanas, sin edificación, la cual  debería ser regulada, por supuesto, por los parámetros impuestos para la zona, todo a cargo de un instituto autónomo conjunto del Estado y de la sociedad civil.

Otros sectores de la ciudad están igualmente deteriorados. Por el Norte: Desde Propatria y Gramoven a Miraflores;  Desde Sarría, Guaicaipuro, Santa Rosa, hasta Maripérez, etc. otros en la parte Sur del Valle, como San Agustín del Norte y del Sur, El Conde, Prado de María, El Cementerio, etc. Todo tendría que ser a su tiempo. Mucho tiempo.

Algo a tener en cuenta, si se quiere una ciudad que perdure bella, siempre habitable y agradable en el tiempo: Olvidarse del urbanismo Californiano: Torres sin ninguna relación entre ellas, autopistas, elevados y distribuidores, al contrario, volver los ojos a Europa y a Villanueva: Madrid, Paris; Roma, Londres, pare de contar. Establecer un “gabarito” continuo y regulado. Torres aisladas,  sólo en grandes espacios o que, al menos, ocupen su propia  manzana. Muy lógico y encomiable en el caso de la Ciudad Universitaria

Puede parecer utópico para nosotros, que acciones que suponen una labor continua, de muchos años o por siempre, se puedan pensar, dado lo difícil en realizarlo y el coraje, persistencia y determinación que se necesitaría, en un país en el cual, hoy día, un plan que dure, siquiera lo que un gobierno, es casi irrealizable. Pero algún día vez habrá que pensarlo, y hacerlo de alguna manera, de otro modo las generaciones que seguirán, heredarán un caos, -como comienza a verse-, vivirán hacinados o les tocará vivir en otra parte, llevando consigo mucho, especialmente desarraigo y recuerdos y, sobre todo la nostalgia de no haber disfrutado plenamente, como hubieran podido hacerlo, del magnífico valle que ocupa Caracas con su maravillosa luminosidad y su extraordinario clima, y por si fuera poco, recostada como está, a esa bellísima montaña: el Ávila, que ahora es tan difícil siquiera ver. 

A las generaciones actuales nos toca pensar y actuar con generosidad, desprendimiento y afecto, -nunca compasión- hacia los más pobres y hacia los más jóvenes, que hoy no pueden disfrutar de calidad de vida, muchas veces la razón primordial para que se instale la pobreza y para emigrar, así como hacia las generaciones que nos seguirán, para que todos puedan disfrutarla, recordando además que Caracas, tiene actualmente, una marginalidad de alrededor de unos 2.000.000 ranchos y en Venezuela cada año aumentan 150.000 familias nuevas.

Estoy seguro que muchos, si no todos, aquellos que hayan leído todas estas reflexiones, pensarán que es una bella e irrealizable utopía, pero si pensamos en un período muy largo de tiempo, 50 a 100 años, podríamos dejar en herencia una gran ciudad, a generaciones futuras. Por mi parte estoy seguro que, no tendré oportunidad de presenciar algo parecido, ni siquiera la colocación de la primera piedra, lo que no me impide desear, que los caraqueños soñemos, además, de que todos sean verdaderos ciudadanos, tener la maravillosa ciudad que éste, nuestro Valle y sus habitantes, merecemos, por afecto a mi ciudad y a sus habitantes

APÉNDICE ►

Algo más ambicioso se hizo una o mas veces en ciudades que hoy día son admiración, por su belleza y excelente planificación: París, Nueva York, Barcelona, Madrid, etc. conservando  lo que era verdadero patrimonio, y sin contar lo destruido en la Segunda Guerra Mundial, que a veces fue toda la ciudad: Berlín, Londres, Colonia, Dresde, Varsovia, Tokio, etc. incluso eran países que quedaron en la peor pobreza. En todos los casos había patriotismo, amor a la ciudad y afecto al ciudadano. En Suramérica, se ha hecho algo en los barrios, que ha sido ejemplo para nuestros profesionales y que muchos comparten: Mejorar, Habilitar, Consolidar, pero sin intervención profunda, y solo tomando en cuenta algo secundario para la parte física de la ciudad como tal. El caso de Río de Janeiro, se considera un éxito extraordinario. No lo creo así. Allí, como en Caracas, las favelas eran el asiento de bandas delincuentes y de la inseguridad de la ciudad. ¿Qué se hizo?: Se militarizaron y se instaló la policía  en ellas; se logró disminuir la delincuencia y la inseguridad. No se acabaron. Las favelas quedaron físicamente iguales y el problema de la Dignidad Personal, y de los valores familiares y ciudadanos quedó igual, con el agravante de vivir, quizás un poco mas tranquilas, pero bajo la mayor ofensa a las personas y ciudadanos, hacerlos vivir en zonas militarizadas, con mucho de cuartel. Allí no hubo afecto, solidaridad. Quizás la peor forma de compasión, de limosna, que se tira con desprecio al desamparado. Recientemente vivimos un ejemplo: la militarización en zonas de Caracas y otras ciudades, con efectivos militares, equipados con armas de guerra, se ha implantado, con resultados desastrosos, en Coro, por ejemplo, donde hubo recientemente muertos y heridos, inocentes, de una familia, que como sospechosos, el auto en el cual se desplazaba fue acribillado por un grupo, numeroso de militares con armas de guerra; vigilancia que, si es necesaria, debía ser ejecutada por la policía, no por militares.

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