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ENTREVISTA /// Miguel Bonnefoy, Azúcar Negra

El Dorado líquido de Bonnefoy

El franco-venezolano vuelve al ruedo editorial a través de Sucre Noir (sello Rivage). Es la historia de un naufragio que desncadena un mito de herencias y riquezas mal administradas

JOEL SAGET CORTESÍA DE GETTYIMAGES ©

  • JONATHAN REVERÓN

24 de noviembre de 2017 10:11 AM

Actualizado el 24 de noviembre de 2017 12:58 PM

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El dorado líquido de Bonnefoy

Tiene Miguel Bonnefoy (París, 1986), una de las virtudes del carácter del escritor francés: bonhomía en el lenguaje; y el poder atractivo del creador caribeño: voluptuosidad narrativa.

Su nuevo título, próximo a publicar en español, con el apoyo de la embajada de Francia, despierta los cimientos del realismo mágico, borda la singularidad de lo propio a la tierra en la que se crió: nuestro parecer impredecible, el estado del tiempo que de pretender atajar, en lugar de danzar con él, nos sumerge en el caos.

...es un clásico en la historia de la literatura que los márgenes entre la magia y la realidad sean porosos.

Cuáles son sus referencias principales del boom latinoamericano, aquello ante lo que Juan Rulfo, con la habilidad de quien se quita una pelusa de la solapa, se desmarcó elgantemente diciendo, el verdadero realismo mágico es que la gente lea.

Bonnefoy predica sobre el género: "Naturalmente que la idea de realismo mágico es el de poner un elemento sobrenatural en un contexto natural y ver cuáles serían las consecuencias naturales". Como ocurre en las primeras líneas de Azúcar Negra: el día había amanecido sobre un barco encallado, clavado sobre la cima de los árbol, en medio de un bosque.

"De todas formas es un clásico en la historia de la literatura que los márgenes entre la magia y la realidad sean porosos", dice Bonnefoy evocando a KafkaCervantesPirandelloGógolBulgákovMarcel Aymé, y buena parte de la biblioteca que lo rodeó durante sus estudios en la Sorbona.

En la novela, la leyenda del tesoro de la embarcación, enterrado tras la sécula, trastoca a una familia que se ha dedicado históricamente a la plantación de caña y al ron como fuente de ingresos. La ambición de un extraño es clave en el giro de la narración.

En el lenguaje y el discurso de Azúcar Negra cabe el término voluptuoso. Algunos pasajes pueden ser fuente para un guión cinematográfico.

Gracias, lo tomo como un halago. La literatura, cuando la escribes en español, a nivel de estilo, puede tener frases que hacen siete u ocho líneas, con quince comas adentro, y aún así obtienes un balance. En francés las frases son más cortas, hay menos barroco, utilizas menos digresiones, adjetivos, adverbios... En el momento en que estás pensando en español y tienes que pasar al francés quieres conservar esa especie de lujuria latinoamericana hacia lo reservado del otro idioma, se va creando un juego de filtro donde de repente hay nuevas palabras.

Hay un compromiso climático (literal y metáforico) con lo venezolanos en tu texto. Una asociación inevitable del tesoro de los piratas en el subsuelo con el petróleo. 

Hablar del petróleo a un venezolano es cliché. Es un libro para franceses que a su vez busca contribuir con el patrimonio venezolano. Para el francés no es cliché y pensé en hablarles a ellos de que la gran tragedia es haber conseguido petróleo en los años 20 y a partir de allí haber creado una renta petrolera. Se redujo todo a una molécula fundamental: el tesoro de los piratas del caribe como símbolo del petróleo, la destilería de ron como el país, y los habitantes de la finca como los habitantes de Venezuela. Tampoco estoy inventando nada, ya lo hizo García Márquez reduciendo el mundo a Macondo.

Confieso que hay un dolor al no permanecer durante estos momentos difíciles en Venezuela..."

Si bien tu formación es francesa, hay una base venezolana, y en cierto grado chilena por parte de tu padre. Has hecho vida en muchas partes. ¿Cuál es tu experiencia de resiliencia?

Yo he tenido una vida desordenada por ser hijo de diplomáticos. Me he permitido crear una geografía propia, donde he creado mi propio refugio, mi propio territorio intelectual: las letras, las palabras, los libros, la escritura. Confieso que hay un dolor al no permanecer durante estos momentos difíciles en Venezuela, lo mismo que hablar o escribir del país estando en Francia. Es tan delicado como paradójico, irónico. Hay también casos como Leonardo Padura, que ha decidido quedarse en La Habana. Mismo caso el de Kamel Daoud, que ha decidido quedarse en Argelia. Ellos están en el lugar para poder conservar justamente el olor real de sus libros. Escribo desde el extranjero, sin embargo quiero creer, que desde estos tímidos libros, que desde mi escritura, puedo dar una prueba esperanzadora de la vitalidad del talento venezolano

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