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Aumento de crímenes de familias alerta a expertos

Altos niveles de violencia en la sociedad permearon hasta la familia.

 El asesinato de la familia Padilla fue por un apartamento ubicado en los edificios Los Grandes de Caucagüita

Fernando Sánchez

  • CARLOS D'HOY

30 de julio de 2017 05:30 AM

Actualizado el 30 de julio de 2017 11:31 AM

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Aumento de crímenes de familias alerta a expertos

Caracas.- El 4 de julio Belkis Coromoto Padilla se acostó a dormir, ya se habían quedado dormidos sus dos hijos menores, Alejandro de 11 años y el más pequeño Richard Eduardo, de 11 meses de nacido.

En otro cuarto del apartamento estaban el hijo mayor de Belkis, Anthony de 23 años, y su pareja embarazada.

El apartamento marcado con el número 306 quedó a oscuras, el silencio se hizo esa noche en el edificio. A mitad de la noche Anthony y su pareja salieron de la habitación y con pasmosa y silenciosa eficacia asesinaron a puñaladas a Belkis y Alejandro, luego fueron contra el bebé a quien estrangularon.

Nadie se enteró del crimen hasta varios días después cuando fueron localizados los restos en las faldas de un barranco ubicado a menos de 200 metros del edificio.

Sociedad primitiva

El asesinato de la familia Padilla es el último de una serie de crímenes ocurridos en el seno de familias en la Gran Caracas.- Esta tendencia activó las alertas entre criminólogos y organizaciones dedicadas a velar por los derechos del niño, que  ven con preocupación el incremento de la violencia extrema en el seno de familias.

Al respecto el criminólogo Fermín Mármol García señala que estos hechos expresan una primitivización de la sociedad venezolana.

“Este retroceso se observa además en el incremento de los linchamientos, sicariato, los crímenes con mutilaciones, saqueos y bachaqueo, entre otras actividades no naturales en nuestra sociedad. Una cultura retrocede cuando aparecen obstáculos que le impiden al ciudadano solventar las crisis de manera pacífica”.

Por su parte, el abogado Luis Izquiel apunta hacia una desintegración de la familia como base de la sociedad. “A veces se apunta a las drogas, al alcohol como causas, pero quizá lo fundamental es que las familias están fallando”, reflexiona.

Mármol León añade que si bien puede señalarse a factores externos, hasta los video juegos como coadyuvantes de hechos de violencia, “estos por sí solos no son peligrosos, pero cuando fallan la familia, la educación y la religión, el individuo pierde los frenos morales y se hace más susceptible a ser víctima o victimario”.

También sostiene que la situación por la que atraviesa el país tiene incidencia en la comisión de este tipo de delitos. “La impunidad se convierte en un factor determinante, si la gente cree que puede salirse con la suya optará por cometer hechos que no haría si tuviera la certeza de que sería sancionado”, precisa.

Miguel Dao, exdirector del Cicpc se pregunta “cómo se puede proteger a la familia cuando el Estado, que tiene la obligación de atender en materia de seguridad a la familia, no está en capacidad de darle esa protección. Si no puede garantizar la seguridad en la calle menos lo hará en la casa, estamos a la buena de Dios, estamos expuestos al riesgo, sobre todo cuando el peligro puede estar en casa”.

Dao agrega que el problema del deterioro de los valores que vivimos debe ser atendido de manera urgente. “Necesita de un compromiso para restituir el orden normal de las cosas, la única forma en la que podemos atender eso, es a través de la educación con capacitación, atención y ayuda a la familia”.

Fernando Pereira, de Cecodap, explica que tener desavenencias familiares es algo normal en cualquier grupo de parientes. “Pero lo que no es normal, es que un problema genere ese tipos de respuestas, las personas no pueden plantearse esa posibilidad ni darse la licencia de hacerlo, demostrando que nada se los impide”.

 Finalmente los cuatro entrevistados coincidieron en señalar que es necesario apostar por la educación como la manera de formar al ciudadano para resolver sus diferencias.

Cuando la violencia se mete dentro de la casa

Entre los casos reseñados por la prensa en el transcurso del último año se encuentran los siguientes:

El 14 de diciembre de 2016, Dagluys José Cisneros Contreras (24), quien era conocido como “El Avenero”, mató a puñaladas a su tío y dos primos en  Guatire porque no le dieron dinero para comprar los regalos de navidad para sus hijos, el asesinato ocurrió el día del cumpleaños de su tío, en su defensa dijo: “el diablo se me metió adentro”.

El 27 de enero, Alejandro Rodríguez Pinzón (23) asesinó a su papá, a su mamá y a dos hermanos en Los Frailes de Catia, era la familia de un Cicpc quien localizó los cuerpos cuando fue a la casa de sus padres porque no  respondían sus llamadas. El asesino alegó que el crimen lo cometió por órdenes de Satán.

El 16 de marzo, funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) localizaron el cadáver de Carmen Dolores Hernández, de 70 años, dentro de su apartamento, había sido asesinada a puñaladas seis días antes por su hijo adoptivo  Jesús Hernández (22), este ocultó el crimen hasta que los malos olores alertaron a los vecinos.

El 19 de mayo, Norman Naranjo (49) asesinó a su esposa, le disparó a su hija y se suicidó en su casa en Catia, la joven sobrevivió al ataque.

El 19 de mayo de 2017, Jesús Pérez (52) llevó a su mamá hasta un CDI en Kennedy, dijo que se había caído, la verdad es que la había asesinado a golpes, fue detenido por el Cicpc cuando intentaba escapar.

El 30 de junio,  Stefany Martínez, quien vivía con sus víctimas, envenenó, asfixió y apuñaló a Dayerlin Marín (31) y a sus tres hijos Samuel Valdés (7), Mariangel Valdés (8) y Dayleth Blanco (14) en la urbanización La Raiza, en los Valles del Tuy.

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