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Una mujer que ya es toda una leyenda

  • MAYTE NAVARRO

25 de septiembre de 2017 12:46 PM

Actualizado el 25 de septiembre de 2017 13:07 PM

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Una mujer que ya es toda una leyenda

Espiada por el mayordomo, desplumada por falsos amigos y finalmente inhabilitada por su propia hija: la heredera de L'Oreal y multimillonaria Liliane Bettencourt se convirtió en un personaje trágico en la vejez. 
En vez de disfrutar sus últimos años en familia, la mujer más rica del mundo según la revista Forbes, tuvo que lidiar con la Justicia en varias ocasiones. Durante mucho tiempo estuvo bajo sospecha de haber hecho ingresar en la política donaciones ilegales para campañas electorales, siendo uno de los señalados el presidente Nicolás Sarkozy, aunque luego todo se aclaró, pero el daño ya estaba hecho.
Nació en 1922 y su nombre completo era Liliane Henriette Charlotte Schueller, siendo hija única de Louise Madeleine Berthe, quien falleció de tuberculosis cuando Liliane era muy pequeña, y Eugène Schueller,  fundador del grupo L'Oreal que hoy en día alberga varias  marcas, entre las cuales se encuentran Lancôme, Maybelline, Garnier, Vichy.  Se calcula que su fortuna alcanzó los 44.700 millones de dólares y fue uno de los motivos por lo que en su ancianidad, con sus capacidades mentales menguadas, fuera centro de la codicia de algunos de sus colaboradores. En cuanto a sus relaciones familiares tampoco pueden calificarse de  envidiables, ya que su única hija, Françoise Bettencourt Meyer, estuvo un tiempo alejada de ella, sin embargo a la hora de su muerte se encontraba a su lado y al anunciar el fallecimiento, explicó que se había ido serenamente. 
Los juicios que acompañaron la vida de esta empresaria y mecenas a partir de 2008 los encabezó precisamente su hija y se conocen como "Dossier Bettencourt". Françoise demandó al fotógrafo Jean-Marie Barnier, gran amigo de Liliane, por abusar de las debilidades mentales de su amiga en su propio beneficio. Se le acusó de inducirla a darle  regalos millonarios.  Barnier recibió una condena de cuatro años y una multa superior a los 300 mil euros, pero contraatacó apelando que Bettencourt Meyer había sobornado a los testigos para que declarasen en su contra. Después de esto llegaron a un acuerdo para poner fin a la disputa. 
Aunque este escándalo judicial ha tenido relevancia no se puede olvidar la labor filantrópica de la empresaria, quien desde la Fundación Bettencourt-Schueller apoyó a artistas, estudiantes e investigadores, ejemplo de ello es el premio L'Oreal Unesco La mujer y La Ciencia, distinción que pone de relieve el rol de la mujer en el ámbito científico.

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