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Unos Juegos imperfectos y un año difícil para el COI

En Río hubo errores en el sistema de transporte y descoordinación en los accesos al Parque Olímpico que provocaron interminables colas

Thomas Bach afirma que en Río fue bueno estar cerca de la realidad y no celebrar unos Juegos aislados             Cortesía

25 de diciembre de 2016 15:10 PM

Actualizado el 25 de diciembre de 2016 15:23 PM

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Pese a la amenaza terrorista, pese a la crisis política y económica, más de 10.000 deportistas compitieron en Brasil por la gloria olímpica

Se presumió que los Juegos del 2016 fueron los más vistos de la historia y, por tanto, de la salud de su principal producto

Madrid.- El de 2016 fue de todo menos un año fácil para el Comité Olímpico Internacional (COI). La organización de unos Juegos siempre es tarea ardua, pero el megaevento celebrado en Río de Janeiro fue especialmente complejo. Si a eso se le añade el escándalo del deporte ruso y la crisis en el atletismo, el cóctel es explosivo.

Con todo eso tuvo que lidiar el presidente del COI, Thomas Bach, quien debió hacer filigranas para mantener en pie la credibilidad del olimpismo y el atractivo del producto. 

En realidad, el alemán aún hace malabares, porque el caso del doping en Rusia está todavía lejos de estar cerrado. Pero al menos Río 2016 quedó atrás, y aunque está claro que no fueron unos Juegos perfectos, tampoco resultaron la catástrofe que parecían presagiar los problemas previos.

"Icónicos" es una palabra que puede significar muchas cosas, así que Bach la eligió bien al hacer balance del evento celebrado por primera vez en una ciudad de Suramérica. Imposible ocultarlo: los problemas fueron algo cotidiano en Río, una ciudad que ofrece imágenes de carta postal pero que convive a diario con fuertes tensiones sociales y deficiencias estructurales.

"No han sido unos Juegos organizados en una burbuja, fue bueno estar cerca de la realidad y no celebrar unos Juegos aislados del país durante 16 días", dijo el presidente del COI.

Después de la rigidez perfeccionista de Pekín 2008 y del verano pop de Londres 2012, el COI se dio de bruces con la realidad de un país que es muy diferente al que ganó la elección de la sede en 2009, en pleno auge económico y pujando por meter la cabeza entre las grandes potencias del mundo, reseñó DPA.

Las dificultades financieras obligaron a recortar el presupuesto y el dinero faltó casi en cada rincón. El metro se terminó en el último segundo. La Villa Olímpica se entregó con deficiencias y la Bahía de Guanabara, sede de las competencias de vela, nunca fue descontaminada.

Hubo errores en el sistema de transporte y descoordinación en los accesos al Parque Olímpico que provocaron interminables colas.

La piscina de clavados se tiñó de un intranquilizador color verde y los huecos en las gradas fueron una constante. 

La seguridad fue también un tema candente. Varios participantes fueron asaltados, hubo robos en la Villa Olímpica, un autobús con periodistas fue atacado y un policía murió en un tiroteo en una de las favelas más peligrosas de Río.

Pero nada especialmente grave en una ciudad donde la criminalidad es un asunto de primer orden. El caso más mediático, el supuesto atraco a Ryan Lochte y otros nadadores estadounidense, resultó finalmente ser un invento de los deportistas, que acabaron pidiendo perdón ante la indignación que generaron entre los cariocas.

Hubo problemas, sí, pero los Juegos se realizaron. Pese al miedo al Zika -del que no se reportó ni un solo caso-, pese a la amenaza terrorista, pese a la crisis política y económica, más de 10.000 deportistas compitieron en Río por la gloria olímpica.

Usain Bolt y Michael Phelps fueron una vez más los grandes protagonistas, como ya lo fueron en Pekín y Londres. En Río pusieron fin a su romance con los Juegos en pleno éxtasis. El atleta jamaiquino cumplió con su propósito y ganó los tres sprints para subir a nueve su cosecha de oros olímpicos. El nadador estadounidense sumó otros cinco a su cuenta para elevar su récord absoluto a 23.

El público brasileño fue criticado por sus abucheos futboleros en deportes poco acostumbrados, sobre todo al pertiguista francés Renaud Lavillenie, que terminó incluso llorando en el segundo escalón del podio derrotado por un atleta local.

Pero los fans disfrutaron como nunca en el Maracaná, templo del fútbol más exitoso del mundo, al ver a la selección de Neymar ganar un oro inédito precisamente ante Alemania, en una pequeña revancha del 7-1 del Mundial de 2014. Brasil obtuvo una gran cosecha de medallas, pero una de las más emotivas fue el oro de la judoca Rafaela Silva, nacida en la famosa favela Ciudad de Dios, víctima del racismo y un signo de esperanza para el Brasil más débil.

El COI presumió que los Juegos de Río fueron los más vistos de la historia y, por tanto, de la salud de su principal producto, que desde septiembre tiene además una plataforma de promoción con la recién estrenada televisión olímpica. 

Sin embargo, los problemas que afronta el olimpismo no son pocos. Tokio 2020 se devana los sesos para reducir costos. Y después de renuncias de Roma y Hamburgo, los candidatos a ser sede del evento en 2024 quedaron en solo tres: París, Los Angeles y Budapest. 

El escándalo del deporte ruso supone además un gran desgaste para el COI. Las investigaciones de la Agencia Mundial Antidoping (AMA) denunciaron doping sistemático apoyado o consentido por Moscú, lo que provocó justo antes de los Juegos un conflicto con ribetes políticos.

Bach, cuyo ascenso al poder contó con la estimable ayuda de Vladimir Putin, se encontró con una situación explosiva entre manos y no ocultó su enojo con la AMA. Los más críticos le exigían una expulsión total del equipo ruso, pero él optó por una decisión salomónica: serían las federaciones internacionales las que decidirían caso por caso. Resultado: unos 280 deportistas rusos participaron en Río. Sólo el atletismo, disciplina central del olimpismo, inhabilitó a todos los atletas del país.

El problema se recrudeció a principios de diciembre, con la presentación de la segunda parte de la investigación de la AMA, el llamado informe McLaren, que denunció que más de mil deportistas rusos estuvieron involucrados en prácticas dopantes y acusó al país de manipular muestras durante los Juegos de invierno de Sochi 2014.

Moscú insiste en que se trata de una "campaña antirrusa", pero la presión sobre el COI es cada vez mayor. El 2017 será pues un año clave para el olimpismo, que tendrá que impulsar las reformas que le permitan recuperar credibilidad en la lucha contra el dopaje y recuperar poco a poco el interés de las grandes ciudades por albergar los Juegos. 

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