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Ramón Palomares partió de vuelta a casa

El poeta trujillano murió ayer en Mérida a los 80 años.

  • INDIRA ROJAS

06 de marzo de 2016 11:10 AM

"Aceptemos que todo sea entramados/ y no el camino vuelto un cauce viejo,/ o sendas polvorientas donde canta la arena... / hablo de otras veredas, seda y aire/ que han tendido la araña y las abejas/ y que conducen por un patio pequeño/ al otro lado de la huerta,/ por donde vamos de regreso a 'la casa'/ pidiéndola, añorándola/ para con gajos de algún fruto muy denso/ arrancarnos la sed que ha venido mordiéndonos". Vuelta a casa parece hablarle a su autor, el poeta trujillano Ramón Palomares. Falleció la noche del viernes, a sus 80 años. La noticia la divulgó el ministro para la Cultura, Freddy Ñáñez, en un comunicado de 140 caracteres de los que ya no necesitan a la televisión o a la radio para difundirse. En un tuit escribió: "Con mucho dolor informo al país que Ramón Palomares, el más grande de nuestros poetas, acaba de fallecer. ¡Hasta siempre viejo lobo!". Desconoce la causa exacta de la muerte del escritor, nacido en Escuque el 7 de mayo de 1935, pero asegura: "su recaída fue por una cardiopatía".

Su gran amigo Gustavo Pereira, poeta y crítico literario, afirma que Palomares "varias veces estuvo al borde de la muerte" debido a su enfermedad en el corazón. Un corazón que padecía sólo físicamente, porque, comenta Pereira, fue el "cariño de su esposa, María Eugenia Chávez, y de sus cuatro hijos lo que prolongó su vida". Por cierto, la primera de sus primogénitas lleva el nombre de una "de las musas griegas" del escritor: Polimnia. "Así se llamaba su abuela, y en efecto hay poemas hermosos sobre ella", comenta el autor margariteño, quien forjó con Palomares una estrecha amistad desde 1967. La poeta Patricia Guzmán escribe en el prólogo de Vuelta a casa, edición de la Biblioteca Ayacucho de 2006, que Polimnia era en verdad una tía. Realmente poco importa. Quedan las menciones sobre ella entre los poemas del trujillano, en los que aparece convertida en un pájaro que lo ve desde el cielo. ¿Volará ahora a su lado?

Seguramente prefieren el firmamento de Los Andes, tierra de la que Palomares tomó su lenguaje, paisajes y sensibilidad. "Digamos que el poeta asume como urgencia el acto de oír para poder luego levantar su voz o hacer escuchar la voz de los otros, de los paisanos de Boconó, Chejendé, Betijoque, Escuque y demás poblados de Los Andes", escribe Guzmán.

Considerado uno de los escritores más notables del país y de Latinoamérica, "sin caer en exageraciones podrías conceptualizarlo de universal, sus textos están impregnados de sencillez y cotidianidad, donde la palabra refleja el impacto del entorno que lo vio nacer", explica la investigadora y escritora Maén Puerta de Pérez en uno de sus ensayos. Dice el ministro Ñáñez que cuando "Pablo Neruda vino por primera vez a Venezuela pidió información de la poesía joven local. Miguel Otero Silva le dio a leer varios libros, entre esos uno de Palomares. El gigante de Chile pidió que lo llevasen a ver al joven, pues aseguró que no había otra mejor referencia poética que este. Así que lo llevaron a Margarita, donde Ramón vivía. Y su cita fue en un hospital, ya que el poeta había sufrido un accidente. Esto demuestra que fue un grande".

Antes de llegar a conocerlo en persona, Ñáñez se encontró con Palomares en su obra. "Estaba yo en plena adolescencia, en esa edad terrible en la que no logras asirte de nada. Vivía entonces en un pueblo tachirense llamado Santa Ana. Comenzaba a leer poesía con frecuencia, pero con mucho escepticismo. Hasta que encontré ese poema". Cuando se le preguntó si recordaba el nombre de la obra, dijo que incluso la llevaba consigo (el ministro se encontraba en el foro internacional "Chávez: líder del siglo XXI"). El poema en cuestión se titula El patiecito. "Él fundó un lugar, un tiempo y un decir a partir de su poquedad, a partir de su no-ser", agrega. "No es poesía coloquial ni cotidiana. Es su poesía la emergencia de su innombrable realidad".

Para Pereira, difícilmente una traducción podría capturar "toda la ternura, melancolía y epifanía" que caracterizan sus textos. "Su poesía será imperecedera mientras exista la sensibilidad".

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