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Lucha armada y pacificación (I)

El voto democrático promovió la paz

Luego de casi 15 años de lucha armada los líderes de la izquierda venezolana encontraron la vía de la conciliación.

  • FRANCISCO OLIVARES

28 de mayo de 2017 05:30 AM

Actualizado el 28 de mayo de 2017 13:03 PM

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El voto democrático promovió la paz

“El mayor regalo que el siglo veinte hizo a los venezolanos no ha sido el petróleo, sino la paz. Sobre todo porque esa frase se puede enunciar de manera inversa: La paz es el mejor regalo que los venezolanos han hecho al siglo veinte”.

La frase corresponde a un escrito del historiador Manuel Caballero en un análisis histórico del siglo XX que nos entregara con motivo del 90 aniversario de El Universal. Señalaba Caballero en su escrito que “la paz no ha podido ser rota, pese a algunos episodios sangrientos, incapaces sin embargo de destruir una sociedad”.

Esos episodios a los que se refirió el historiador se presentan en ciclos de cambios políticos que han generado situaciones de crisis en la sociedad venezolana en la permanente búsqueda de la libertad y el bienestar común.

Uno de esos momento se produjo en la década de los años sesenta cuando los movimientos de la izquierda optaron por el camino de la lucha armada para llegar al poder. A pesar de tratarse de un conflicto que llevó a un sector político a tomar las armas como único mecanismo para imponer un modelo de sociedad, más tarde lo líderes del momento supieron encontrar una vía para la reconciliación del país.

“Ningún hecho histórico del presente siglo ha producido más impacto en otros países de América Latina que la revolución Cubana” exponía el historiador Luis José Silva Luongo en su libro “De Cipriano Castro a Carlos Andrés Pérez”. Allí señalaba que esa revolución había despertado cada vez mayor simpatía en casi todos los países del mundo y las figuras legendarias de Fidel Castro y el Ché Guevara, produjeron una seducción especial en las juventudes de buena parte del mundo en los años sesenta.

En Venezuela vino a deslumbrar a muchas mentes juveniles y de políticos de izquierda que pensaron en la posibilidad de repetir la experiencia vivida en dicha isla dando inicio así a la lucha armada en la que la juventud jugó un rol protagónico.

Más de una década sería necesario para consolidar un proceso de pacificación que regresaría a los líderes de esos movimientos a la lucha legal dentro del sistema democrático.

¿Cómo fue posible alcanzar ese objetivo siendo una confrontación tan extrema como lo era la luchar armada?

Algunos de esos líderes de la lucha armada como Fernando Soto Rojas y Alí Rodríguez Araque, tuvieron que esperar 30 años para consolidar el sueño de instalar un gobierno socialista inspirado en la revolución cubana en Venezuela. Lo hicieron tras la figura de Hugo Chávez Frías, pero no por las armas sino con los votos.

Para muchos analistas la Venezuela de hoy está pasando por uno de esos procesos en la que dos corrientes de pensamiento, cada una con un modelo político antagónico, se enfrentan en un espacio extremo que puede dar origen a una situación de violencia. La suspensión de funciones de la Asamblea Nacional, la anulación del referendo revocatorio, la detención de cientos de opositores, entre ellos, líderes fundamentales de algunos partidos, han sido elementos detonantes que han provocado movilizaciones de calle y generado situaciones violentas en el contexto de alta inflación, escasez de alimentos y medicinas y una importante afectación del sector productivo del país.

Mientras el Gobierno ofrece una salida promoviendo una nueva Constituyente como espacio de encuentro para superar la crisis, los opositores reclaman elecciones libres y universales de modo que sea el pueblo soberano el decida el destino de todos los venezolanos.

En la búsqueda de parámetros que nos permitan comprender las lecciones de esos años para lograr la paz, El Universal ha consultado a algunos de los protagonistas aquel período violento y su proceso de pacificación y cómo líderes que habían tomado las armas encontraron un espacio en el cual, sin abandonar sus principios, se incorporaron a la lucha política encontrando en la consulta popular su verdadera legitimidad.

La lucha armada por el poder

En la medida que el proceso cubano se radicalizaba, los partidos de izquierda actuaban bajo su influencia. En agosto de 1960 en la reunión de cancilleres en San José de Costa Rica, el canciller cubano, Raúl Roa, anuncia el retiro de ese país del seno de la OEA. Esa acción, similar a la que hoy asume el Gobierno de Maduro, se basaba en la “intromisión de potencias extranjeras continentales” en los países del hemisferio”.

Como lo refiere Silva Luongo, en el seminario Izquierda, órgano informativo del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)  en su edición del 14 de octubre de 1960, se publica en su editorial la línea de insurrección popular: “Ahora es evidente que no hay solución dentro del marco de la situación actual. No puede haber otra salida  que el cambio de Gobierno, la sustitución del régimen actual por otro que responda a los intereses del pueblo”.

El Partido Comunista, unos meses después, en marzo de 1961, luego de largas discusiones, concluye que es necesario adoptar una política de acción radical y debe irse a una lucha a fondo por la formación de un gobierno patriótico.

Por su parte el presidente electo en 1958, Rómulo Betancourt, les advierte a los radicales que deberán esperar hasta 1964 para  entregar pacíficamente la Presidencia.

Lucha armada vs elecciones

El quinquenio de Rómulo Betancourt que inaugura el nuevo esquema político que se inicia con la caída del general Marcos Pérez Jiménez comienza con el primer proceso electoral de la era democrática en diciembre de 1958.

Sin embargo sería un primer período democrático caracterizado por suspensiones de garantías, conflictos universitarios y acciones guerrilleras en los centros urbanos y rurales, aún así Betancourt logra su objetivo y Culmina su período presidencial en 1963, tal como la había pronosticado.

Héctor Pérez Marcano, uno de los líderes del Movimiento de Izquierda Revolucionario, entrevistado por El Universal para este trabajo, explica cómo las elecciones de 1963 en las que Rómulo Betancourt entrega la sucesión presidencial a su compañero de  Acción Democrática, Raúl Leoni, constituyó un motivo fundamental de reflexión para que muchos de los líderes de izquierda, que estaban en la lucha armada, iniciaran un proceso de rectificación acerca del futuro político de esos movimientos y del país.

Explica Pérez Marcano que cuando Leoni gana las elecciones, el entonces dirigente del MIR, Domingo  Alberto Rangel, secundado por los parlamentarios del partido que estaban presos en el Cuartel San Carlos, fue el primero que dentro del movimiento revolucionario planteó que el  triunfo de Leoni en las elecciones, más la enorme participación del pueblo en el proceso electoral donde hubo una  participación de 92 % del electorado, una de las más altas en la historia electoral venezolana que significaban un mensaje muy claro.

Pese a que el movimiento armado, había aprobado una línea de abstención en las elecciones, recuerda Pérez Marcano, Domingo Alberto Rangel, planteó en un documento que le dirigió  a la Dirección del MIR, que la victoria de Leoni en esas condiciones, significaba la derrota de la lucha armada y que el MIR debía volver a la legalidad.

Ese planteamiento de Domingo Alberto  Rangel, muy anterior a la decisión que tomó el PCV en la misma línea, fue discutido en la clandestinidad, en el Comando Nacional del MIR, que era la máxima autoridad en la clandestinidad. Pero fue derrotada la posición de Rangel y los dirigentes parlamentarios que estaban presos en el Cuartel San Carlos por el asalto al Tren de el Encanto en Los Teques.

Luego de la derrota de Rangel, el MIR reafirma su apoyo a la lucha armada y considera en sus conclusiones, que lo que había sido derrotada no era la lucha armada sino la lucha armada urbana. Y que había que adoptar la táctica de la lucha prolongada de Mao Tse Tung, y poner el acento en la guerrilla rural. Esa es la línea que adopta el MIR a partir de enero de 1964. 

El PCV y la Pacificación

El planteamiento de Domingo Alberto Rangel tuvo repercusión en el PCV y es allí donde germinó la posición de abandonar la lucha armada por casi todos los integrantes del  Buró Político del PCV, sostiene, Héctor Pérez Marcano.

En efecto, en 1966 el PCV adopta una línea que se llamó “La línea de la paz democrática” aprobada por el Comité Central del Partido, al final del gobierno de Raúl Leoni, que significó la ruptura de  el PCV con la lucha armada, mientras que un el sector, encabezado por Douglas Bravo, se mantuvo en el frente guerrillero en las montañas de Falcón.

El grupo que lideró la orientación hacia la paz democrática estuvo  encabezado por Pompeyo Márquez, Guillermo García Ponce,  Pedro Ortega Díaz, Eduardo Gallegos Mancera, Teodoro Petkoff, Jesús Farías y Freddy Muñoz, quienes, influidos y presionados por el PC de la URSS, llegaron a la conclusión de que la lucha armada en Venezuela  había fracasado.

La influencia de la URSS 

El cambio de orientación del Partido Comunista estaba igualmente influenciado por la Unión Soviética, tras el acuerdo con Estados Unidos de retirar las bases de cohetes nucleares en Cuba en tanto que EEUU hacía lo propio en Turquía. El acuerdo llevaba un elemento adicional y era el abandono de parte de la URSS del apoyo a la subversión armada en América Latina a través de Cuba en tanto que EEUU no volvería a intentar una nueva invasión a Cuba como la ocurrida en Bahía de Cochinos.

Los revolucionarios del MIR comienzan a germinar una posición similar que la del PCV, afirma Héctor Pérez. Moisés Moleiro y Pérez Marcano, después de haber desembarcado en Machurucuto con los cubanos y llegaron a la guerrilla del Bachiller, que en ese entonces   dirigía Fernando Soto Rojas, quien fue presidente de la Asamblea Nacional actual, “nos damos cuenta que ese frente guerrillero no tenía mucho sentido”.

En respaldo a abandonar la lucha armada estaban también Américo Martín y Simón Sáez Mérida, Rómulo Henríquez, Lino Martínez, y en ese momento que estaba en ebullición en el MIR el planteamiento de retirarse de la lucha armada, gana las elecciones Rafael Caldera en diciembre de 1968 y plantea la política de pacificación.

Pero es de resaltar que esa política de pacificación tiene sus primeras acciones al final del período de Raúl Leoni cuando se aprueba una Ley  de “conmutación de la pena”, según la cual quienes estuvieran presos por lucha armada, se podían acoger a esa Ley y cambiar la cárcel por exilio. Así salieron al exterior Simón Sáez Mérida, Domingo Alberto Rangel, Freddy Muñoz y otros.

Esta Ley, a juicio del ex dirigente del MIR Pérez Marcano, sería un importante gesto que despejaría el camino para que en el siguiente período, el tercer presidente de la democracia, Rafael Caldera, abriera las puertas hacia un proceso de pacificación de los frentes armados en el país.

Twitter: folivares10

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