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ANÁLISIS

El territorio Esequibo sigue uniendo a los venezolanos

"La decisión de Guyana de adjudicar a Exxon Mobil la extracción de petróleo y gas en la zona, es un acto de provocación más de Georgetown"

  • RAFAEL DEL NARANCO

02 de agosto de 2015 00:00 AM

Si a lo largo de la existencia de Venezuela sus habitantes han logrado concitar un acuerdo unánime a través de los diferentes períodos de la historia nacional, es, sin el menor titubeo, acerca de la línea limítrofe -marina y terrestre- que han debido disputar durante décadas con la República Cooperativa de Guyana, debido a la zona en reclamación del Esequibo que le fue usurpada.

Existe algo que es inamovible en las reuniones de trabajo con Guyana: "La frontera entre los dos países deberá -irrenunciablemente- fijarse sobre la margen Norte del río Cuyuní, hasta su desembocadura en el cauce del Esequibo".

En opinión de los conocedores del argumento y estudiosos del problema durante años, esta decisión refrendada ahora por los nuevos venezolanos del siglo XXI, explícita y de justicia, le daría a Venezuela lo que es suyo: 14.000 kilómetros cuadrados entre el Cuyuní, el Esequibo y la costa del Atlántico, con sus implicaciones en el derecho del mar y, a su vez, protegerían debidamente las bocas del Orinoco.

En el Oriente con Colombia y en Occidente con Guyana, los reclamos territoriales han sido una constante desde que Venezuela existe como nación de pleno derecho.

Hoy, ahora mismo, se halla sobre la mesa una vez más -y han sido docenas de ellas, y lo seguirán siendo hasta el advenimiento de la justa ecuanimidad- la reclamación del área guayanesa que el gobierno de Inglaterra hizo suya y más tarde entregó, saltando sobre razonables reclamos, a la nueva nación cuyo nombre sería República Cooperativa de Guyana.

Todo lo sucedido en diversas épocas con el intento venezolano de recuperar lo que en justicia le pertenece, ha sido uno de los actos más inicuos que la historia internacional de los laudos conoce.

Aún a sabiendas de que los propios niños venezolanos, desde la misma escuela, comienzan a saber la realidad del expolio, es necesario volver -una y otra vez- al problema histórico con sus aciertos y deslices.

No siempre los gobiernos de Caracas hicieron las cosas bien, existió demasiada dejadez hacia esas tierras que algunos autores de novelas, entre ellos Julio Verne, llamaron "tierras del fin del mundo". Siempre dejadas a la mano de Dios.

Allí reinó la ley del más fuerte. Las distancias eran inmensas y la capital de la República, en el límite máximo de la distancia, miraba, cruzando el mar Caribe, hacia el Norte. Si a esto se le añade que el intento de resolver el conflicto histórico en el momento de la independencia de Guyana en 1966, fue una rotunda frustración, no se necesita tener demasiada imaginación para saber que esa larga espera -200 años, dos siglos, que se dicen pronto- sigue sin ver luz tras el largo túnel de la justa reclamación.

Todo está actualmente en manos del Secretario General de la ONU, es decir, en el limbo. Hay demasiadas disputas de esta clase, llegadas de diversos rincones del planeta a Nueva York, lo que hace casi inviable que la solicitud de Caracas tenga visos de ser solucionada en un tiempo equitativo y perentorio.

La república de Guyana continúa haciendo caso omiso de todo requerimiento y explota sin control materiales auríferos que no le pertenecen, mientras sigue confiriendo concesiones que expolian los considerables recursos mineros de la -en limpia entereza- faja venezolana.

Caracas -y es obligación exponerlo- ha mirado poco y mal esa larga frontera. Allí sigue reinando la ley del más fuerte. Hablamos de asesinatos -y este cronista lo comprobó personalmente en diversas ocasiones a lo largo de los años-, secuestros, robo de oro, campamentos de guerrilleros guyaneses, cambio mal sano en la vida de los indígenas, propietarios históricos de esas tierras benditas, delincuencia desatada, prostitución, droga, tráfico de indocumentados, paludismo, enfermedades venéreas y... paremos de contar.

Lo subrayamos en otras ocasiones para que la conciencia no se adormezca: La zona en reclamación es un cosmos de abandono en uno de los lugares de más importancia territorial frente al futuro del país.

La realidad no es una utopía

Aunque todo lo escrito parezca repetitivo, se debe retornar, una y otra vez, si el país anhela seguir siendo responsable de sus derechos inalienables en la cuestión histórica que nos ocupa.

Los inicios de este reclamo debemos buscarlos en el instante mismo de la Independencia, cuando se declara como territorio de la naciente república el espacio correspondiente a la que fuera Capitanía General de Venezuela, cuya frontera este era el río Esequibo.

Las heredades al occidente de ese caudal formaban parte de las colonias que la Corona británica adquirió de los holandeses en 1814.

Los ingleses encargaron al alemán Robert Schomburgk de dibujar el mapa correspondiente y de fijar las líneas fronterizas. Precisamente ahí es donde se origina el conflicto que llega hasta nuestros días. Pese a que en un principio Schomburgk había reconocido que el río Esequibo era la frontera con Venezuela, posteriormente dibujó un nuevo mapa que consideró definitivo, y en el que se incluían 142.000 kilómetros de tierra venezolana.

Las protestas de Venezuela llevaron a acordar entre ambos gobiernos que las tierras en disputa no serían ocupadas, pero los importantes recursos naturales de la zona atrajeron la presencia de colonos británicos, obviando tal acuerdo. De esta manera llegan a dibujar un nuevo mapa donde pasan a ser 168.000 kilómetros los ocupados al este del río Esequibo, que formarían parte de la corona británica. Todo ello conduce a la ruptura de relaciones diplomáticas con Gran Bretaña, hasta que en 1899 ambos países deciden someterse al arbitraje de un tribunal internacional, el cual se reunió en París.

Lamentablemente -se lee en los cientos de folios que tratan el tema- Venezuela no tuvo representación propia en dicho tribunal, sino que fue representada por jueces norteamericanos. De esta forma, en la capital francesa se llega al Laudo Arbitral de París, que prácticamente dio la razón al Reino Unido, despojando a Venezuela de 159.000 kilómetros cuadrados. El país, sumido en conflictos internos entre el presidente Ignacio Andrade y el caudillo Cipriano Castro, no apeló la decisión, aunque nunca la reconoció como válida.

A lo largo del siglo XX, los gobiernos venezolanos presentaron distintas alegaciones en favor de su derecho sobre el territorio ante distintos organismos internacionales, argumentando que el citado Laudo Arbitral estaba viciado de errores. Pero estos razonamientos no produjeron frutos tangibles.

En 1966, año en que Gran Bretaña otorga la independencia a la República Cooperativa de Guyana, Venezuela, Reino Unido y la entonces llamada Guayana Británica, firman el Acuerdo de Ginebra, y en él, las tres naciones involucradas se comprometen a buscar una solución a la disputa. Se crea una Comisión Mixta, con un lapso de cuatro años, con el deseo de resolver el conflicto. Ahora bien -mejor decir, lamentablemente- las posturas de los miembros de la delegación fueron siempre irreconciliables: Venezuela exigía la nulidad del Laudo Arbitral y Guyana lo reconocía como único instrumento válido.

Consumido el tiempo establecido sin solución alguna, los tres apoderados firman en 1970 el "Protocolo de Puerto España", donde se suspende el Artículo IV del Acuerdo de Ginebra por un período de doce años, con el fin de abrir una vía que ayudara a encontrar convenios diplomáticos.

Vencido el tiempo sin haber llegado a ninguna salida, en 1982 Venezuela decide no ratificar el Protocolo, siendo trasladado el conflicto a la ONU. Desde entonces, el asunto territorial está en manos del Secretario General del organismo, a través de la figura del llamado "Buen Oficiante".

Las sucesivas personas que han ocupado este cargo han realizado visitas y gestiones diplomáticas que nunca han llegado a buen término. Entretanto, Guyana prosigue inalterablemente con su política de otorgar concesiones de explotación en el territorio, tratando de apuntalar su soberanía sobre el mismo.

Actualmente si hoy el tema vuelve a estar sobre el tablero político es debido a que en marzo de este mismo año 2015, una plataforma petrolera de Exxon Mobil comenzó a trabajar, con la anuencia total de Guyana, en las cercanías del estado Delta Amacuro, en aguas cuya soberanía aún se discute. Allí existe un filón inmenso de petróleo y gas.

Hace unos años Venezuela poseía un slogan impreso en medios de comunicación que desapareció: "El Esequibo es nuestro y vamos a recuperarlo".

El primer ministro Hugh Desmond Hoyte accedió a la presidencia y fue elegido formalmente en las elecciones nacionales de diciembre de 1985. Hoyte revirtió gradualmente las políticas de Burnham, cambiándose de socialismo de estado y un control unipartidista, a una economía de mercado y libertad sin restricción de la prensa y de reunión.

Ahora el conflicto aumenta con la presidencia del ex militar David Arthur Granger. El ya ha dicho con dureza que no entregará ni un metro de lo reclamado por Venezuela.

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