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Carlos Raúl Hernández, politólogo

"Si queremos transición, tenemos que renunciar a la idea de la venganza"

El intelectual afirma que el concepto del diálogo toma más valor en la medida en que las distancias sean más profundas, y hay que rescatarlo antes de que sean insalvables

Hernández señala que la transición pasa por no tener una democracia perfecta, y ni siquiera una imperfecta como la que teníamos antes

Hernández señala que la transición pasa por no tener una democracia perfecta, y ni siquiera una imperfecta como la que teníamos antes

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  • PEDRO GARCÍA OTERO

22 de julio de 2017 05:00 AM

Actualizado el 22 de julio de 2017 11:32 AM

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Carlos Raúl Hernández: Si queremos transición, tenemos que renunciar a la idea de la venganza

Carlos Raúl Hernández es uno de los analistas políticos más reputados del país. Cada domingo, desde su columna en El Universal, llama a la sindéresis en un país que ha perdido el equilibrio: Un equilibrio que, para lograr estabilidad, “no podrá ser perfecto, a lo mejor no reflejará el equilibrio del país; tiene que ser un equilibrio político”, afirma.

-¿Cómo ve la circunstancia del país? ¿Es necesario un diálogo?

-Ha sucedido algo muy bueno: Tras muchos años desacreditando la idea del diálogo, este ha surgido nuevamente. Hay mucha agua que recoger, muchas palabras que tragarse; y el diálogo se está produciendo. Hay información sobre varias instancias en las que se está concretando un diálogo.

Las crisis en los países son de dos tipos: Las que terminan con los países destruidos, “Estados fallidos”, esos en los que los grupos de poder no logran ponerse de acuerdo; y otros donde sí se han puesto de acuerdo y han resuelto sus conflictos, y han vuelto a progresar, como Colombia, Guatemala o El Salvador. 

Por fortuna, hay elementos que permiten pensar que en Venezuela ha aterrizado el ángel del entendimiento.

-¿La confianza entre los actores de ese diálogo no está demasiado deteriorada?

-En los procesos donde hay conflictos normalmente las partes se odian. Afortunadamente, para eso existen los mediadores, que han logrado sentarlos unos frente a otros. En Venezuela han faltado mediadores; al Papa, cada vez que ha intentado acercarse, lo han sacado prácticamente a tomatazos. José Luis Rodríguez Zapatero se ha salvado de que lo linchen en una plaza pública de Caracas; y en la OEA, que hubiera podido cumplir una labor de mediación, Luis Almagro, lamentablemente, confundió su papel. Hubiera podido ser más útil si hubiera cumplido el papel de meterse a resolver el conflicto.

Por fortuna creo que Zapatero ha recuperado la condición de mediador y ha logrado, según la información que circula por el “correo de las brujas”, sentar a los factores de la oposición. Deseo tener confianza a que eso conduzca a soluciones.

-¿Usted ve en el Gobierno buena voluntad? El Gobierno quiere imponerle la Asamblea Constituyente a una mayoría del país que la rechaza, según todas las encuestas.

-Es que esa es la situación. Pareciera que los actores todavía piensan que pueden derrotarse el uno al otro, sin necesidad de conversaciones o que medie nada. Por fortuna, poco a poco se están dando cuenta de que no hay una salida que no sea negociada.

-En democracia, las diatribas se resuelven electoralmente. Esa fue la historia de Venezuela en los últimos 60 años. ¿Por qué ahora necesitamos una negociación?

-Meterse en plano histórico nos saca de foco. Hoy, el problema está, como en todos los procesos de transición democrática que ha habido, como los de los países socialistas, en esos países no se registraron persecuciones masivas a los dirigentes luego de que perdieron el poder. Por el contrario, en muchos de esos países, reconvertidos, continúan en la política o son empresarios.

Si queremos una transición exitosa, tenemos que quitarnos de la cabeza el tema de la venganza. La negociación tiene que ser esencialmente para darle garantías a este Gobierno, que como sabemos, está resquebrajado, tiene 90% del país en contra, de que no se van a producir cacerías de brujas.

Eso implica decisiones políticas, y garantías de espacios de poder: En el caso nicaragüense, al cual yo cito mucho, la señora (Violeta) Chamorro tuvo que dejarle a Daniel Ortega, a través de su hermano Humberto, el Ministerio de la Defensa; la transición chilena tuvo que dejarle a (Augusto) Pinochet la comandancia del Ejército, y la mayoría relancina del Senado, con ocho senadores militares que no elegía nadie.

Si no nos acostumbramos a la idea de que hay que darle garantías al chavismo para que se vaya, y que no va a haber cacerías en la calle, ni linchamientos, vamos a tener muchos problemas para vencer.

-Habla de justicia transicional. ¿Quién podría estar a cargo de esa justicia?

-Hay experiencias muy distintas, Yo tengo muchas reservas en relación con las comisiones de la Verdad, que muchas veces terminan abriendo más las heridas. En Suráfrica, el torturador que mató a Steve Biko contó con gran cinismo como le hizo tragar una hojilla y le destripó los testículos de una patada, y por contarlo quedó libre. Yo creo que hay que establecer espacios institucionales que se respeten, y eso implica un sacrificio de parte y parte.

No vamos a gozar de entrada una democracia perfecta, ni siquiera una como la que teníamos antes, sino que vamos a tener unos antipáticos espacios que deben conservarse para que el país pueda gradualmente estabilizarse.

-¿Cómo se hace potable esa idea tan antipática para una sociedad con estas heridas?

-Bueno, tú imagínate lo que puede haber significado para la sociedad surafricana que aquel torturador dijera lo que había hecho con Biko. El dilema es si queremos entrar en una guerra, o vamos a hacer un esfuerzo muy grande para olvidar y seguir adelante.

-Usted decía que había una negociación en marcha. ¿Qué rol puede jugar la comunidad internacional?

-Sería ideal una intervención de países amigos, como la del Grupo Contadora. La OEA no ha podido decidir un acuerdo de amigos. Así como veo que hay síntomas de negociación, creo que aún no hemos sufrido lo suficiente como para que se entienda que la necesidad de diálogo es dramática. Desgraciadamente nos hemos dado cuenta de que el liderazgo le hace demasiado caso al público de galería que se expresa a través de las redes sociales.

-¿Qué le recomienda al país?

-Hay que entrar en la negociación, en el diálogo, el entendimiento… cualquiera de estas “palabras malditas” que se quiera usar. Hay que acostumbrarse a la idea de que hay que respetar espacios institucionales del chavismo y la oposición, que no es una idea simpática. Hay que hacer un diseño de un país en equilibrio, aunque no sea perfecto y no represente el equilibrio real de la sociedad, un equilibrio político. Y espacios de justicia transicional.

A partir del momento en que empecemos a negociar, empezamos a delinear instituciones que nos lleven a una transición en la que pudiéramos estar si los dos factores se ponen de acuerdo en la necesidad de buscar una salida, que ambos entiendan el peligro de no conseguirla, ese día estaremos en una transición.

-¿Es la Constituyente un peligro?

-Yo la veía en principio más grave. Se ha debilitado, va a ser un bagazo de Constituyente. Incluso si se llegara a instalar. Se le convirtió al Gobierno en un problema, y está atrapado en qué es peor, si suspenderla o mantenerla. Yo no entiendo cómo el Gobierno va a poder trajinar con un organismo tan absurdo, tan contrahecho, por el que va a votar tan poca gente y está tan desacreditado, rechazado por cualquier país. Debería hacerse un esfuerzo por encontrarle una excusa honorable. 

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