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Una nueva fuerza

  • JIMENO JOSÉ HERNÁNDEZ DROULERS Articulista de opinión

03 de enero de 2018 04:59 AM

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Una nueva fuerza

El 5 de julio del año 1889, la Junta Directiva de la Sociedad Unión Democrática, integrada por los jóvenes Antonio Valero Lara, M. Romero García, Nicomedes Zuloaga, Manuel Clemente Urbaneja, N. Silva Bonalde y David Lobo, presidida por Alejandro Urbaneja, constituye una asociación política con el objeto de trabajar para hacer efectiva la democracia en Venezuela y lanza el programa del Partido Democrático.

Se le pide a todos aquellos que simpaticen con tal idea se constituyan en sociedades democráticas permanentes en aras de formar células en toda la República. Éstas trabajarán en fin de llevar a la Legislatura de los Estados y al Congreso Nacional ciudadanos que representen los verdaderos intereses de la nación.

Un soplo renovador se apodera de los espíritus y despierta las fibras del patriotismo adormecido durante casi veinte años de tiranía. En los corazones ha nacido la esperanza de establecer en Venezuela un régimen en el cual la ley sea la expresión de la justicia y no la norma servil para satisfacer las necesidades políticas y pecuniarias de un círculo podrido. Se aspira llevar a la Presidencia de la República, mediante el voto libre, universal y secreto, un hombre que procure la seguridad de gobernar respetando los preceptos de la Constitución. Esta conducta refleja que hay un ambiente creador tras el fin de la era guzmancista y el desmorone del Partido Liberal Amarillo.

Desde la tribuna del periódico “El Partido Democrático” la juventud lanza un programa político para fundar un partido sin vinculaciones con las agrupaciones históricas, esas que hasta ahora se han disputado el predominio político, los conservadores y liberales. Estos jóvenes al tomar parte en la vida pública de la nación ponen manos a la obra en el proceso de reconstrucción social y política con una decisión y empeño admirables.

La casa del periódico es el hogar de las ideas, el núcleo central donde convergen los sentimientos populares para, una vez ilustrados y discutidos, formar una opinión pública consciente de la trascendencia del momento cívico y la necesidad de aprovecharlo. El rotativo tiene como misión difundir el pensamiento de sus directores, constituidos en un grupo selecto de individuos de todas las clases sociales, contagiar al ciudadano con la flama de la ilusión por un futuro mejor que el presente, y guiarlo por el camino que debe recorrer para lograrlo.

Esta época de aliento y emoción se caracteriza por una fe ciega en las instituciones democráticas. El progreso económico, social y político de Estados Unidos, debido a la solidez de su sistema de gobierno, hacen concebir a la juventud venezolana el sueño de ver establecidas en su patria estas instituciones republicanas representativas. La gente cree que basta consagrar en la Constitución Nacional los derechos más avanzados del derecho público para conquistar a los venezolanos mayores garantías individuales y políticas.

Para lograr esto, es necesario una evolución pacífica por cuantos medios proporcionen las leyes para la expresión de la voluntad popular. Evitar las vías de hecho, que solo engendran desmoralización pública y entronizan la autocracia, representada en los caudillos que paren las revoluciones. Este nuevo Partido Democrático propone la evolución como fórmula salvadora de la República pues sabe muy bien que otra revolución tan solo serviría para llevar los principales destinos públicos a las manos de otro cacique de la tribu.

Es por lo anterior que pide al pueblo trabajar directamente y con perseverancia en toda lucha electoral, sin que pueda haber causa que justifique la abstención de este ineludible deber de todo ciudadano, todo con el objeto de llevar a la representación nacional a los hombres más distinguidos por sus virtudes públicas y privadas.

Además excita a todos los ciudadanos a hacer propaganda activa a favor que se arreglen los problemas de los limites de la República con los países vecinos sin que se sacrifique la más mínima parte del territorio nacional; solicita el establecimiento y la efectividad del Municipio como base primordial de la vida republicana; sostiene la conveniencia de adoptar los juicios por jurados; reclama que la instrucción pública se cumpla de verdad en todo el país y aconseja estudiar las fuentes de la riqueza del Estado.

Es así como el generoso esfuerzo tiene su recompensa con el paso del tiempo. Esta agrupación de talentosos muchachos se convierte en un partido, una institución política disciplinada, con unidad doctrinaria, centro de acción, cuya Junta Directiva es elegida por las juntas seccionales subalternas y se dedica a discutir y proponer soluciones a los problemas que hoy afectan a la Nación.

En un gran triunfo cívico siguen la bandera democrática numerosos personajes notables por su posición política, social y científica, así como también una importante masa de trabajadores. Todos ellos forman las filas de la que será la principal fuerza política para las elecciones presidenciales de 1897.

Jimenojose.hernandezd@gmail.com

@jjmhd   

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