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Señales, estúpido, señales

  • MIGUEL SANMARTÍN

11 de marzo de 2017 05:00 AM

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Señales, estúpido, señales

Recordando aquel episodio que se hizo mundialmente famoso durante la campaña electoral que llevó a la presidencia de Estados Unidos a Bill Clinton, cuando un asistente  a la conferencia del entonces candidato lo emplazó a que hablara de la economía del país (“la economía, estúpido, la economía”, le increpó) resulta propicio requerir una conducta semejante del régimen verdirrojo-rojito en su desesperado afán de persuadir a tirios y troyanos que se tome por serio, sincero y honesto su propuesta de retomar el diálogo con la oposición.

En efecto, la pillocracia regente, desencajada pero no mensa, decidió “jugar adelantado” esta partida. Es consciente que viene en camino la Carta Interamericana Democrática (eso sugieren todos los indicios: continuas declaraciones del Secretario General Luis Almagro y de varios  Presidentes de países miembros de la OEA “muy preocupados” por la “grave crisis” que hoy afecta a Venezuela). Esa sanción sería una más de las que ya están en curso (el llamado Decreto Obama y otras medidas de EEUU contra funcionarios del régimen y sus testaferros por presunta corrupción, lavado de dinero, tráfico de drogas, sobornos y depósitos bancarios en los denominados paraísos fiscales, así como mayores restricciones para la colocación de bonos y la tramitación de nuevos créditos que requiere la maltrecha economía nacional). 

El incremento de la arremetida externa contra el régimen por su desempeño antidemocrático (viola derechos humanos, desconoce el Parlamento, controla los demás órganos del poder público, influencia jueces, anula una elección de diputados, destituye y suplanta gobernadores y alcaldes, incumple lapsos electorales, restringe funciones de los partidos de oposición, desacata decisiones de los tribunales y mantiene presos políticos); el distanciamiento cada vez más evidente de antiguos aliados internacionales (fue obvio durante los actos conmemorativos de los cuatro años de la muerte del Eterno); el empeoramiento del desabastecimiento, el incremento de la inflación, la inseguridad y la corrupción; además de su pésima evaluación según reflejan las últimas encuestas impulsaron a la cúpula revolucionaria a anticiparse a los desafíos que vienen.    

Como sospecha el régimen, la aplicación de la Carta Interamericana Democrática pudiera convertirse en el motor de un progresivo aislamiento internacional político, económico,  comercial, financiero y diplomático con consecuencias impredecibles tanto para el colectivo enquistado en el poder como para algunos exfuncionarios y sus asociados (boliburgueses-bolichicos) radicados  en el extranjero y para la población en general que será sometida a mayores restricciones y penurias.

Así como anticipa las medidas que le vienen encima también teme a las consecuencias de las mismas. Esta vez la presión está siendo mayor. Hay más determinación, personalidades, instituciones y países (mandatarios) decididos a intervenir en defensa de los oprimidos y depauperados ciudadanos venezolanos. Como Dios manda y lo requieren las normas universales de convivencia civilizada. El Vaticano lo tiene claro. Tanto las penurias como el sufrimiento de la gente y las soluciones requeridas. Al fracasar el anterior intento de diálogo (gobierno-oposición), en el cual medió con Unasur, se alejó tácticamente de Caracas. Tomó distancia de la satrapía regente y su fariseísmo que frustró aquellas negociaciones. Tan claro tiene hoy el mundo el talante antidemocrático del régimen y su sistemática violación de derechos y libertades ciudadanas que hasta la alcaldesa “ñángara” de Madrid, Manuela Carmena, exigió a Caracas la excarcelación de los presos políticos. De esas tenazas y del repudio mundial pretende, con tretas y mentiras, librarse el  régimen castro-chavista-madurista.

El régimen es malvado, no humanista. Es manipulador, no condescendiente. Es oportunista, no generoso. Es controlador y opresor. Ha demostrado con hechos que poco le importa la gente. Hace (insufribles) cadenas diarias de radio y TV, canta, baila y derrocha recursos en  simposios inútiles mientras niños, adultos y ancianos hurgan en la basura buscando mendrugos. Desdeña si comen, tienen con qué curarse o fallecen. Su alardeado “amor” por los pobres es una excusa. ¿Por qué no autoriza el ingreso de alimentos y medicinas como ayuda humanitaria? Por los beneficios sociales que otorga a sus acólitos exige a cambio incondicionalidad, a veces indebida. Chantaje político. Con presión y represión ha logrado, por ahora, mantenerse en el poder.

Ni cambio de este comportamiento, ni cese de la opresión, ni restitución de las facultades de la AN, ni indulgencia con los presos políticos, ni rectificación del llamado Plan de la Patria (causante de las calamidades y padecimiento de los venezolanos) formarían parte de una futura agenda para el reinicio del diálogo con la oposición. El régimen descarta lo que considera sería “claudicar” a sus objetivos revolucionarios. De lo contrario habría mandado señales de buena voluntad. No la tiene. No le interesa transigir. Su único fin es preservar el poder. Los negocios que hace desde esa posición de privilegio. Pasando incluso sobre la constitución y las leyes. Para el régimen retomar el diálogo (solo) supondría seguir ganando tiempo aunque prolongue la crisis. Retrasar sanciones internacionales. Evitar el aislamiento. Quitarse la etiqueta de dictadura. Y, de ser posible, lograr, como está planteado en el documento de temas entregado por los expresidentes mediadores a la MUD, que la Asamblea Nacional (declarada en desacato por el TSJ) avale actos inconstitucionales del Ejecutivo y lo autorice a seguir endeudando al país. ¿Diálogo? Concertación es lo que se impone, camarita.

msanmartin@eluniversal.com

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