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Retomar el misterio

  • TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ

22 de febrero de 2017 05:01 AM

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Retomar el misterio

El hombre de este milenio luce cansado y pesimista, sumido en un despropósito hacia un mundo que no le da respuestas, que no le tranquiliza, sino que, por el contrario, lo sume en un conflicto que le anega en un profundo deterioro intelectual y cultural.

La creación de una nueva realidad se le asemeja a una especie de misión irrealizable para la cual alega carecer de fuerzas. La palabra solución parece haberse escapado como un errante cuerpo celeste no sometido a gravitación alguna. Ya pensar en las salidas posibles se le antoja un derroche innecesario de tiempo, una característica baldía de su antepasado de los tiempos históricos terminados. Algunos pensadores están llamando a este tiempo en el que estamos uno entre paréntesis.

Los conflictos forman parte connatural de lo humano, pero el hombre siempre tuvo la intención de comprenderlos y de ejercer sobre ellos toda la fuerza que permitiera transformarlos. Hoy mira la realidad con cansancio y el pesimismo se establece como un pesado herraje que impide el poder transformador de la cultura.

Quizás el hombre posmoderno piense que el conocimiento que tiene de la historia es suficiente para autocondenarse. Es una particular ataraxia que sustituye con imperturbabilidad la condición alerta. El hombre es alguien que llega a ser. Sin embargo, ahora parece sembrado melancólico en un presente abrumador negativo que se le asemeja a un fin de camino, olvidando su condición de ser que se trasciende a sí mismo.

Debemos volver a preguntarnos porqué el ser humano se ha alejado de su papel de descifrador de enigmas. La insatisfacción con lo existente parece haber perdido su capacidad de motorizar el eterno viaje hacia el conocimiento. El hombre ha perdido la fuerza para imponer la sumisión de la realidad al orden simbólico. Esto es, el hombre ha dejado de interrogarse y no me refiero en exclusividad a la especulación filosófica sino a la pérdida global de una estructura reflexiva. El cansancio ha alcanzado hasta el comprenderse a sí mismo. Esto es, parecemos presididos por una renuncia a la necesidad básica de sentido. En otras palabras, nunca como ahora el hombre ha dejado de saber lo que es. Debe retomar el misterio, reinventarse, sustituir la duda, reinstalarse.

teodulolopezm@outlook.com

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