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Qué tiene de bueno lo malo

  • DANIEL ASUAJE

03 de enero de 2018 04:59 AM

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Qué tiene de bueno lo malo

Para algunos humoristas negros, más bien macabros, lo bueno es lo malo que se está poniendo la situación para el régimen. En nuestro caso queremos referirnos a las ventanas de oportunidades para la reconstrucción nacional que se nos abren en medio del desastre nacional.

La destrucción operada en la mayor parte del sistema nacional de producción y distribución de bienes y servicios bien podría significar nuestra oportunidad de insertarnos de modo exitoso en los muy lucrativos circuitos comerciales del globalizado mundo del conocimiento. Ésta puede ser nuestra mejor opción. 

Hoy la red de servicios a la población, a la producción y a la comercialización no sólo es deficitaria en relación con las demandas actuales, sino que está muy deteriorada por falta de adecuado mantenimiento. Nuestras cadenas de producción y distribución están o fracturadas o han dejado de existir. Nuestras industrias básicas unas desaparecieron en la práctica mientras que otras no producen más allá del diez por ciento de lo que fabricaban en 1998. Suerte parecida corrieron PDVSA y la red petroquímica, la red vial y de comunicaciones, el sistema de abastecimiento de agua para la población y las empresas, los centros de investigación, entre otras lamentables desapariciones.  Tenemos una población  desmejorada  en sus niveles nutricionales, educativos, salud y en cultura ciudadana, laboral y política. Todo ello hace muy difícil una recuperación de nuestro aparato industrial básico y aguas abajo y plantea dilemas agudos en el corto plazo pues una ligera recuperación del aparato productivo pondrá en jaque al sistema eléctrico nacional y tendrá que decidirse si dar agua a la población o a las empresas porque no hay suficiente para las dos y demandará más recursos humanos de los que hay. 

Podemos incrementar la lista mucho más pero el catálogo presentado es una buena muestra del desastre solo producido en socialismo por el régimen y las dificultades que habrá que solventar.  Para  corregir la situación, el enfoque tradicional impulsaría, entre otras cosas, la inversión en infraestructura básica y de servicios y buscaría sincronizarla con inversiones para la satisfacción de las demandas de la población en materia de agua, luz y demás servicios. Este será un proceso de décadas, porque se trata de tecnologías e infraestructuras bastante duras y altamente consumidoras de tiempo por sus procesos de maduración y habrá que realizar conjuntamente un cambio en la cultura ciudadana, laboral y política del venezolano que le enseñe que la clave de su destino está en su desempeño y no en las dádivas del Estado o de los filántropos.        

Sin renunciar a lo anterior, un enfoque alterno, complementario y, en muchos casos, sustitutivo, consiste en desarrollar programas de inserción de nuestro país en la sociedad globalizada del conocimiento. Se trata de tecnologías principalmente blandas. La oportunidad existe por cuanto los productos de la industria del conocimiento son cada vez más y más demandados y en los países más desarrollados su contribución en la economía está siendo superior al treinta y tres por ciento del PIB de esos países.  Pero además de la oportunidad de mercado tenemos una oportunidad de recursos disponibles. No se trata solamente de la proverbial creatividad de la que hacen gala nuestros compatriotas, se trata también que tenemos muy buenos desarrolladores de software y también somos uno de los países con mayores niveles de emprendeduría.  

Complementariamente al desarrollo de nuestra industria del conocimiento es menester promover el cambio de valores en nuestra población para que haya más emprendedores, gente más responsable con sus deberes y derechos, más comprometida con una visión y misión colectiva. Precisamos reconstruir las bases de nuestra identidad para ganar una sensación de pertenencia, de origen y destinos compartidos, que nos permita reconocernos como miembros solidarios y corresponsables de nuestras vidas y que redibuje la relación  ciudadano-estado desde la actual dependencia de la sociedad de la riqueza estatal hacia un estado que dependa de la riqueza de sus ciudadanos para el financiamiento de su gestión y  romper así para siempre el chantaje asistencialista. Una sociedad en la cual los ciudadanos participen efectivamente en la construcción de las decisiones públicas y puedan hacer seguimiento detallado y oportuno de la gestión pública, que el gobierno realice una oportuna y correcta rendición de cuentas al país y este pueda pronunciarse directamente, sin intermediarios sobre lo rendido.  

Estas posibilidades pueden crearse y promocionarse en el marco de la sociedad del conocimiento que hemos aludido más arriba. Una sociedad del conocimiento supone mayores y mejores niveles de información al ciudadano. Mejores tecnologías de comunicación, mejores niveles de respuesta.  La sociedad del conocimiento y sus frutos realmente harán posible la democracia participativa y nuestro progreso soberano.

@signosysenales

dh.asuaje@gmail.com

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