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La mediocridad política

  • TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ

01 de marzo de 2017 05:01 AM

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La mediocridad política

La orfandad intelectual-política de este territorio es el verdadero fantasma que recorre nuestra realidad. No hay ideas, no hay pensamiento, sólo regreso a  los duendes sesentosos y a la luz por excepción, esto es, con excepciones que confirman la regla, pues hay que admitir que todavía hay algunos políticos que parecen políticos y algunos dirigentes que parecen tales, a menos que se nos engañe como en el famoso cuento “El diente roto”.

Si bien este territorio nunca fue prolijo en producir ideas políticas propias, al menos tuvimos, en períodos más afortunados, gente culta, gente formada, gente que miraba a la política con mirada larga. Hay que admitir también que se formularon ideas y alguno que otro lanzó concepciones jurídicas o de organización del Estado que merecían tales nombres.

Tenemos un espacio cansado que aceptó viejas enfermedades que Europa vivió en toda su plenitud, como dos especialmente dañinas, el nacionalismo y el populismo. Tenemos grandes masas de población proclives a la demagogia, a la ausencia total de criterio sobre lo que debe ser un gobierno y viejos problemas heredados que perviven con tal fuerza que podría llegar a pensarse jamás fueron enfrentados con políticas acordes a la modernidad o al simple sentido común.

Si bien buena parte de la población subyace en la ignorancia política, en la falta de criterio político, hay que admitir que la élite intelectual se subyugó en el medrar y en la  protección gubernamental. Ya no se pensó, menos sobre la organización social y sobre las formas políticas. La praxis del poder pareció convertirlo todo en una especialización en la triquiñuela matando de raíz la acepción de estadista, es decir, de aquel que ve más allá de lo presente para hurgar en las consecuencias de los procesos a largo plazo o en los resultados de programas implementados en procura de una prosperidad factible.

Las viejas formas democráticas entran en crisis por su ineficacia, renacen la democracia anquilosada y el populismo, los pueblos vuelven a cansarse y entonces llegan a la trágica conclusión de ser clientes de un Estado que debe proporcionar todo, en lugar de ejecutar políticas que permitan atacar la pobreza y lograr estadios más altos de educación y bienestar. 

teodulolopezm@outlook.com

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