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¿Jugando al colapso?

  • MIGUEL BAHACHILLE M.

20 de marzo de 2017 05:00 AM

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¿Jugando al colapso?

El plan socialista luego de 18 años de “gestión” se revela como lo que siempre fue: codicia de poder de grupos prejuiciados asentados en el más recóndito resentimiento social. Bajo esa premisa, una minoría accidental menos informada pretende imponer “su formato” sobre la mayoría mejor informada y por tanto más objetiva. Esa inferencia “a lo ajuro”, muy atrasada, se inscribe en lo que incurables marxistas denominan “sociedad sin preferencias” y que tanto daño ha causado y sigue causando al país. El llamado oficial al diálogo se fundamenta en un falso sumario que distorsiona o suprime cualquier espacio que implique respeto por las prácticas democráticas.  

La aserción elástica de patriotismo, propagandeada por el régimen, se asienta en una cruel mascarada que somete al pueblo a una especie de monarquía de dominio basada en “la administración del hambre”. Entretanto ninguna instancia del Estado “está autorizada” para investigar la gestión oficial claramente definida por hosquedad, ineficacia y corrupción. Las pesquisas de la Asamblea son anuladas de hecho echando mano a “la ley del más fuerte; el que más puede”; no por estatuto constitucional. ¡Colapso institucional!

Desde la costosa guerra Federal (siglo XIX) el país nunca había estado tan huérfano de institucionalidad en su sentido insigne. Por una parte están los grupos con haberes propios que pujan por advenimiento y armonía hipócrita basada en un supuesto diálogo. Por otra, el crítico (90% del país), que no cree en ofrendas luego de casi dos décadas de discursos falsarios. Entretanto el lugar del juez continúa vacío. El “nuevo famélico” no advierte veredicto que dé respuesta cierta a su angustia. ¿No configura ello la antesala de un colapso asociativo?

Bajo esas condiciones es imposible moderar los conflictos y, por contrario, se revierten reforzados. El oficialismo sigue guareciéndose  en guerras inventadas (ahora la del pan o la que sea) para justificar el evidente colapso sin entender que ya pasó la época en que las guerras ciertas o imaginarias servían para amortiguar las penurias sociales. El país no requiere de guerras. Le basta con las miserias acopiadas en cada familia, de dimensiones colosales, para percibir cómo “la inercia socialista” lo hunde en espacios destructivos en vez de brindar soluciones.

Mientras “el creído marxista criollo” alega que es imposible cristalizar la felicidad al pueblo en un tiempo no menor a tres décadas de socialismo, la mayoría exige soluciones en tres días. Cuba lleva 6 décadas de condicionamiento forzado causando el conocido colapso colectivo de la isla y, en paralelo, la represión oficial.

El constante estado de exaltación del vecino acrecentado por inéditos conflictos se revela de manera inédita. La gente se ha hecho agresiva; arremete de alguna forma contra personas con que se topa casualmente y en ocasiones con las que convive o frecuenta. Basta revisar el tétrico carácter de la nueva criminalidad para advertir el cambio. El hábito de agredir se está transformando en rito y, como en los países violentos, en neurosis colectiva. ¿No constituye ello un perfil de colapso recíproco?

La permanente excitación crea temor de que la protesta pudiere estallar de manera simultánea como antesala al patatús colectivo. Es imposible convivir, mucho menos desarrollarse con racionalidad, si el ciudadano siente que sus concepciones, proposiciones y decisiones, fluctúan de una crisis a otra. El gobierno, por su parte, justifica las fallas no rectificando sino culpando al primero que le llegue a la mente como por ejemplo “el apátrida”.

La realidad es que el fracaso económico se debe a la desmedida intervención estatal; el educativo, a la disparatada concepción de este básico sector, etc., etc. Con argumentos similares pudiera explicarse la ruina. Pero, ¿y qué de nosotros? Nos sentimos libres de toda culpa alegando que nadie nos preguntó a la hora de planificar. Al inocente le sirve muy poco que no se le crea. El culpable, por su parte, ya juzgado por el 90%, vive aferrado al poder con cinismo inusitado. Los entes gubernativos en Venezuela viven hundidos en una burbuja teatral ataviada de revolución mientras el pueblo pasa hambre. El colapso tiene diversas formas y el hambre es la peor de ellas.

miguelbmer@gmail.com

@MiguelBM29

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