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El gas: nuestro nuevo petróleo

Podemos transformarnos en un actor internacional de relieve en el campo del gas

El gas: nuestro nuevo petróleo
  • ALFREDO TORO HARDY

20 de enero de 2016 00:00 AM

El 12 de diciembre de 2015, y por consenso de sus 195 participantes, se adoptó el Acuerdo de París sobre Cambio Climático. La totalidad de la comunidad internacional suscribió por esta vía un tratado legalmente vinculante que persigue reducir el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados. El significado de lo acordado es claro: sólo una tercera parte de las reservas de hidrocarburos disponibles en el planeta podrán ser utilizadas, mientras las dos terceras partes remanentes deberán permanecer en el subsuelo.

La seriedad otorgada al tema queda claramente evidenciada por dos hechos adicionales. Un panel de 750 expertos internacionales elaboró una lista de las mayores amenazas a la economía global en la que coloca a las catástrofes asociadas al cambio climático como la mayor de ellas. Dicho informe fue comisionado por el Foro Económico Mundial para ser presentado en el encuentro de Davos que comienza esta semana. Por otro lado, y según afirmaba un artículo de Vivienne Walt aparecido en la revista Fortune el 15 de diciembre pasado, en la comunidad bancaria se discute ya acerca de la necesidad de que las empresas declaren la pérdida de valor de aquellas acciones sustentadas en reservas de hidrocarburos. En el mismo artículo se reproduce una declaración post Acuerdo de París del ex Vicepresidente estadounidense Al Gore. Según la misma las compañías energéticas tendrían billones (millón de millones) de dólares en activos enterrados en el subsuelo que no podrán ya ser explotados.

El petróleo en cuenta regresiva

Si bien no es posible dudar sobre la seriedad otorgada al tema, es importante establecer una distinción entre los tres combustibles fósiles: el carbón, el petróleo y el gas. El primero entró ya en cuenta regresiva e inminente de desaparición. El segundo puede prolongar su viabilidad hasta mediados de este siglo, aunque su cuenta regresiva comenzará a partir del 2023. El tercero se proyecta como combustible "puente" hasta que la energía renovable tome el control de la situación, con la posibilidad de que permanezca como combustible "de destino" para algunas regiones del mundo.

Dado que el destino del petróleo y el carbón parecieran ser claros, valdría la pena centrar nuestra atención en el gas cuyo futuro resulta más ambivalente. Si bien la energía renovable avanza a pasos agigantados, evidenciando impulsos tecnológicos insospechados hasta hace pocos años, lo cierto es que su implantación masiva y comercial tomará aún varias décadas. Las energías solares y eólicas encabezan la lista de aquellas que van en camino a tomar en sus manos la generación eléctrica, al tiempo que otras como la biomasa o la fotosíntesis compiten con las baterías de litio para imponerse como fuentes de movilización del transporte. A su vez el hidrógeno se plantea como la vía ideal para almacenar la electricidad generada por fuentes intermitentes. Entre tanto la energía nuclear y la hidroeléctrica, que son fuentes ya consolidadas de energía limpia, no gozan del favor público. La catástrofe de Fukushima en Japón abortó de cuajo el esperado renacimiento de la primera, mientras que la fuerte oposición de los ambientalistas brinda poco aliento a la segunda. Es así como el gas, siendo el menos contaminante de los combustibles fósiles, se presenta como la opción natural de transición hasta que las energías renovables se implanten definitivamente.

Bienvenido el gas

En virtud de lo anterior se habla del gas como energía "puente". No obstante algunos expertos sostienen que este combustible podría ser la energía definitiva o "de destino" para algunas regiones. Tal es el caso de Jonathan Stern, Director de Investigaciones en Gas del Oxford Institute for Energy Studies, uno de los principales centros de análisis en materia energética del mundo. De acuerdo a éste el gas natural podría imponerse como solución energética a largo plazo para los países en vías de desarrollo (Panos Cavoulacos, "Natural Gas, the Fuel of the Future: An Interview with Jonathan Stern", Schlumberger Business Consulting, Summer 2015). Si bien este planteamiento es anterior al Acuerdo de Cambio Climático de París no sería descartable una salida práctica que brindase a los países en vías de desarrollo una opción menos onerosa que la representada por la reconversión a la energía renovable. Máxime cuando ello se vería compensado por la consolidación de esta última en el mundo desarrollado.

Venezuela tiene que empezar a pensar seriamente en el declive del petróleo y en el emerger del gas natural. Por algunas décadas podremos todavía depender del primero, pero es en el segundo donde debemos centrar nuestras expectativas de futuro. Olvidémonos de que disponemos de las mayores reservas petroleras del planeta y recordemos que ocupamos el renglón número ocho en reservas mundiales de gas. Con más de cinco billones y medio de metros cúbicos de gas natural podemos transformarnos en un actor internacional de relieve en este campo. El gas es nuestro nuevo petróleo.

altohar@hotmail.com

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