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La doctrina Istúriz

  • ROBERTO GIUSTI

26 de enero de 2016 00:00 AM

Una de las banderas tradicionales del socialismo duro, valga decir con pujos totalitarios, ha sido la superioridad moral frente a lo que se considera el capitalismo explotador de las grandes y sufridas mayorías. Esa convicción se sustenta en el dogma según el cual toda arbitrariedad que se cometa, con el fin de alcanzar los objetivos supremos de la revolución, no solo está justificada sino que su ejecución se concibe como un deber ineludible del buen revolucionario porque, en el fondo, lo que se persigue es la liberación de los oprimidos mediante la destrucción del orden establecido.

Ocurre, sin embargo, que la imposición de ese criterio expeditivo, implica la existencia de una estructura de poder que otorga, a quienes lo detentan, una discrecionalidad absoluta, en paralelo a la histórica ineficiencia cuando se trata de convertir al Estado en el único agente económico, social y político, lo cual genera toda clase de incongruencias y se manifiesta en penurias para esa grandes mayorías. Ante la incapacidad para generar bienestar y armonía porque el nuevo orden no aparece por ningún lado y lo que hay es caos y violencia, se recurre a la represión y así, en nombre de su liberación, se cometen toda clase de crímenes en contra del pueblo, rebajado a la condición de masa acrítica, dócil y temerosa de expresar su rechazo frente quienes exhiben impúdicamente, tras el tenue ropaje de la retórica marxista, unas ansias de poder que se manifiestan en el ansia no menor del saqueo inmisericorde de las arcas públicas.

Es falsa, entonces, la tesis que ahora asoma con todo cinismo el vicepresidente Istúriz, según la cual "el socialismo no ha fracasado porque no lo hemos construido". En primer lugar está cuestionando la palabra sacrosanta del supremo gigante, quien bautizó su nueva-vieja versión del potingue soviético, recalentado y aderezado con piña colada enlatada en Cuba y finalmente el toque hispano con sabor a cocido madrileño que le pusieron los chicos de Iglesias, con el pomposo título del "Socialismo del Siglo XXI". De manera que, según el exdirigente de AD, el MEP, Causa R, Patria para Todos y el PSUV, su fenecido y máximo patrón, engañó a todo el planeta y lo que hemos sufrido en los últimos tres lustros es una vulgar patraña, una trágica farsa a punto de concluir. A menos que haya ocurrido lo contrario y Aristóbulo sea, entonces, quien miente.

Pues sí, al final quizás haya algo de verdad en las palabras del Aristóbulo quien, pese a su duro trajinar de tienda en tienda, buscando la huidiza verdad que solo encontró luego de su aterrizaje en el poder, por fin ha dicho lo que piensa porque si en algo se distingue de sus compañeros de partido es que él sí piensa. Una distinción importante porque con engaño o sin él, lo que trae el viejo y el nuevo socialismo (en su versión totalitaria) es lo mismo que sus dirigentes atribuyen al malvado y despiadado capitalismo.

@rgiustia

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