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Desde la V República a la Quinta Paila

  • DANIEL ASUAJE

23 de marzo de 2016 05:00 AM

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Desde la V República a la Quinta Paila

La posibilidad de un apagón general no es una idea paranoica propia de un adicto a   fantasías catastróficas, es un riesgo muy serio que se cierne sobre todos nosotros. Si la electricidad llega a fallar por varios días, estaremos de lleno en una sociedad para la que no estamos preparados.

Nuestro sistema eléctrico fue diseñado para aprovechar las ventajas comparativas que representaban tener combustible abundante para la generación termoeléctrica y el aprovechamiento de nuestro potencial hidroeléctrico. Se los concibió complementarios e interconectados: en tiempos de lluvia sería el sistema hidroeléctrico la fuente principal de energía. En tiempos de sequía sería la termoelectricidad la responsable de que el país se moviera. Hoy esto no es posible.

El conocimiento y la previsión son de las primeras que cosas que sucumben en una revolución. Sus dirigentes hicieron caso omiso de las advertencias hechas por los  profesionales del sector eléctrico, quienes desde hace años vienen alertando sobre la situación que hoy vivimos. La situación era previsible y de hecho lo fue, pero el gobierno desatendió a quienes sabían por “escuálidos”. Sacó de nómina a los expertos y desprofesionalizó al sector eléctrico al igual que lo hizo con Pdvsa. De la misma manera dejó de hacer mantenimiento preventivo y el correctivo perdió calidad de realización. Hoy el estado de la red de generación es deplorable: Planta Centro está paralizada, Tacoa y las plantas Rafael Urdaneta, Ramón Laguna y Termozulia operan muy por debajo de su capacidad. Ante las advertencias de años sobre los efectos de El Niño, el gobierno debió poner en marcha la reparación del sistema termoeléctrico, el de la red de distribución, racionar el suministro desde Guri para no sobre explotar el recurso y evitar así el riesgo de parálisis de las ocho turbinas superiores de este sistema. Varias plantas nuevas no han sido puestas en operación por falta de piezas o de repuestos a pesar de presupuestos millonarios para realizar el mantenimiento.

No vamos a detallar la situación del sector, porque ya ha sido explicada hasta la saciedad, y porque nuestro empeño es destacar las consecuencias sociales que un apagón de varios días tendría en nuestra sociedad. Tal evento está la vuelta de la esquina, pues en la actualidad el sistema de generación de energía depende  fundamentalmente de un Guri a punto de paralizarse por días o semanas, hasta que alcance nuevamente niveles de llenado para hacerlo funcionar por varios días al menos. 

De producirse este evento solo las casas y establecimientos con capacidad de autogeneración contarán con energía por algunos días, pero la sociedad estará en general sin teléfonos, Internet o televisión. Tampoco habrá gasolina porque los surtidores necesitan energía para servirla a los automóviles. Sin aire acondicionado, ascensores ni equipos funcionando se paralizarán las empresas. Sin bancos  quedaremos  sin dinero después de cierto tiempo. Comerciaremos haciendo trueques. Será realidad el sueño de Chávez: el de una sociedad desmonetizada. En realidad será el dinero quien nos abandonará. Quienes tengan cocinas a gas tendrán algo de consuelo por algún tiempo, pero los gasoductos  requieren electricidad para bombear el gas y las plantas para llenar las bombonas. No habrá policía ni ejército nacional, solo reinos feudales con efectivos armados.  La seguridad vecinal estará en manos de los propios residentes. La carne y demás víveres perecederos se perderán, y no habrá agricultura urbana que valga pues sin energía no habrá agua y sin ésta última es imposible sembrar. 

El dantesco panorama arriba delineado nos pondría a las puertas del infierno. La anarquía sería la norma social, la fuerza pública sería incapaz de frenar a las turbas desatadas. No habría gobierno ni autoridad capaz de coordinarse, se fragmentaría el Estado. Si quedarnos sin energía es un evento dentro del horizonte de sucesos posibles, la gran pregunta es ¿qué hace el gobierno para prevenirla, ahora que tenemos al agua a los tobillos? En el orden funcional: ¿Qué planes de contingencia está tomando para hacer frente a tal eventualidad? ¿De dónde saldrá la energía para bombear agua a las ciudades? ¿Está el sistema eléctrico interconectado en condiciones de distribuir desde las plantas termoeléctricas que puedan generar energía, la carga necesaria para bombear agua? ¿Hay suficientes camiones cisternas operativos para llevarla desde las fuentes de suministro hasta las comunidades? ¿Estas fuentes son suficientes solventar la demanda durante ante un apagón? En el orden político: ¿cómo preservará el orden social y la integridad del Estado? ¿Cuándo informarán y orientarán al país? Respuestas no se conocen, el régimen parece jugar al avestruz.

Un apagón general continuado implicaría un caos descomunal indeseable y nos condenaría a una oscurana social, económica y política. Todos padeceríamos, la mayoría sobreviviría, pero al régimen se le apagaría la luz para siempre. ¿Será que no se dan cuenta?

dh.asuaje@gmail.com                                          

@signosysenales

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