Espacio publicitario

Cinco pecados mortales en seguridad

  • ALFREDO YUNCOZA

07 de noviembre de 2017 05:00 AM

PARA COMPARTIR

Cinco pecados mortales en seguridad

En ocasiones se incurre en omisiones o hábitos que, de acuerdo con su magnitud y frecuencia, pueden ir socavando la seguridad de cualquier organización hasta hacerla totalmente vulnerable. Es lo que llamo los pecados mortales de la seguridad. Son los que facilitan el desarrollo del delito en sus diversas modalidades

El motivo de dichos pecados puede ser en oportunidades, sencilla ignorancia sobre los temas relacionados con la inseguridad y de las consecuencias que traen consigo. Cuando eso ocurre, por lo general los responsables asumen los hechos y facilitan la aplicación de las medidas correctivas necesarias.

Por otra parte, existen aquellos que, a sabiendas del riesgo, deciden gestionarlo adecuada y responsablemente y para ello asignan los recursos de diversa naturaleza, necesarios para minimizar su impacto. Cuando se logra alcanzar un nivel superior, la seguridad es un valor, forma parte de la cultura y “se respira” en el clima organizacional ya que todos se identifican y asumen la seguridad como parte de sus responsabilidades.

Pero existe un tercer grupo de organizaciones donde sorprendentemente en pleno siglo XXI, la seguridad es relegada, “es un asunto que podremos manejar en su momento”. Allí se producen la mayoría de los eventos con consecuencias a las personas y activos que se relacionan directa o indirectamente con la organización. La reactividad y los impactos financieros son casi permanentes, los trabajadores directos, contratistas y aliados, califican de “pesado” el ambiente por lo que sus actuaciones rayan en la desconfianza y la animadversión mutuas.

Algunos de los pecados mortales tienden a repetirse y son fáciles de identificar cuando se desarrolla una gestión de consultoría. Compartiré algunos de ellos.

Aislarse del entorno. En el caso específico de Venezuela, es un país definitivamente hostil en lo que ha seguridad se refiere. Para sólo mencionar un par de indicadores, aquí se encuentran siete de las 50 ciudades más violentas del mundo. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, al cierre del 2016 habrían ocurrido 28.479 homicidios a nivel nacional, lo que es igual a 78 cada día o aproximadamente 3 cada hora.  El síndrome del avestruz, sólo le facilitará una falsa sensación de aislamiento. De no conocer al mayor nivel de detalle posible su entorno, le será prácticamente imposible tomar las medidas necesarias para afrontar las amenazas.

Negarse a invertir. He conocido accionistas a los que escuchar que deben invertir en seguridad casi que les produce una erupción en la piel. Consideran innecesario mantener un sistema de seguridad ante eventos “que nunca han sucedido”. Y contrario a lo que puedan pensar no se trata exclusivamente de tacaños de la tercera edad dueños de empresas familiares. También he conseguido jóvenes que adoptan esta posición. Sólo después de una detallada y convincente explicación del impacto financiero, entre otros, que tiene la reactividad, sus antiguos puntos de vista empiezan a ceder y dar paso a la racionalidad.

Cerrarse al cambio. Venezuela no es el mismo país de hace 10 años en diversos aspectos de la vida diaria, entre ellos la inseguridad. Si la organización viene haciendo lo mismo a pesar de la evolución del delito y de los impactos que sufre, se podría decir que pasa a ser cómplice por omisión. La respuesta “es que aquí siempre se ha hecho así”, es la explicación clásica de una mentalidad prehistórica.

Irrespetar a sus aliados. Cuando observo que, al responsable de la seguridad, la organización le asigna una minúscula oficina, mal iluminada, con deteriorado mobiliario de alrededor de los años 70 y ubicada en el sótano de la edificación, evidencio una total falta de respeto al titular del cargo. Cuando dicho trabajador independientemente de su nivel debe realizar otras actividades no relacionadas con la protección, es una manifestación de total menosprecio hacia la gestión de la seguridad. Si alguien debe asumir tareas tales como llevar al automóvil las compras del jefe o administrar los insumos de limpieza, no aspire el mejor rendimiento alrededor de lo que deben ser sus objetivos fundamentales.

No escuchar. En repetidas oportunidades cuando se consulta a los trabajadores sobre su percepción hacia la seguridad y a las posibles soluciones, los resultados son sorprendentes. Hay que recordar que quienes desarrollan diariamente una o un grupo de tareas son quienes pueden estar en la posición de detectar interesantes oportunidades de mejora. Para que las mismas sean implementadas no sólo deben contar con la ayuda de un profesional de la seguridad, sino que todos deben sentir que los miembros de la dirección tienen interés en escucharlos. Esto no solamente logra multiplicar la cantidad de quienes se ocupan de la seguridad, sino que contribuye a mejorar el clima organizacional y a la percepción de un ambiente de trabajo confortable.

Nunca es tarde para romper paradigmas alrededor del tema de la seguridad y tomar conciencia de lo que todos podemos hacer para contribuir a minimizar el delito y sus consecuencias. Lo que no se justifica es a pesar de conocer los pecados, seguirlos cometiendo ya que se estaría abonando el camino a cierto tipo de infierno.

ayuncoza@gmail.com

@alfredoyuncoza

Espacio publicitario

Espacio publicitario

PORTADA DEL DIA

ENCUESTA

Líderes por el bien

  • FRANCISCO J. ARIAS CÁRDENAS
21/11/2017 05:01 AM

El diálogo político que Venezuela necesita tiene como condición insustituible la genuina, verdadera intención de...

Cien mil

  • GUSTAVO LINARES BENZO
21/11/2017 05:01 AM

Una tristeza profunda invade a quienes hasta hace poco sentían que Zimbabue estaba más lejano...

Lo que vi en la OEA...

  • ORLANDO VIERA-BLANCO
21/11/2017 05:00 AM

Jamás había escuchado a centímetros el relato de padres descorazonados por la pérdida de un...

Espacio publicitario

Espacio publicitario