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Andrea Imaginario: con el fado en las venas

 Andrea Imaginario junto al Vitral de la Biblioteca Central de La Universidad Central de Venezuela, de Fernand Léger

PABLO PUPO

  • SIMÓN VILLAMIZAR

15 de mayo de 2016 11:37 AM

Actualizado el 15 de mayo de 2016 11:51 AM

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Andrea Imaginario: con el fado en las venas

Tenía catorce o quince años cuando le preguntó a su padre qué era exactamente esa música que solía tocar en casa. “Eso se llama Todo es fado”, recuerda Andrea Imaginario que le respondió él antes de comenzar a cantar.  Y ella dice haber quedado “subyugada” desde entonces por el género musical portugués.

"Yo convertí esa canción en una especie de leit motiv de mi vida, no sólo porque era la favorita de mi padre, sino porque cuenta la historia de mis sentimientos, de mi manera de ser. Muchas de las cosas que están allí, así, como están dichas allí, las he sentido yo”, reconoce sin pruritos la cantante venezolana, de genes portugueses, que el 21 de mayo planea subirse al escenario del Centro Cultural BOD para rendir un homenaje a Lisboa.  

Un concierto en el que quizás estrenará, sí, algún tema de su cuarto y próximo disco, al que bautizará como A solas, porque debido al formato –únicamente voz y piano– se siente ahora  más expuesta. Al desnudo, según ella.
Un álbum que tiene canciones de Simón Díaz, Billo Frómeta, César Portillo de la Luz,  Eladia Blázquez, Juan Luis Guerra y Joan Manuel Serrat. Pero el concierto del BOD, advierte, estará dedicado sobre todo al género portugués y a algunos de sus subgéneros: el fado corrido, fado menor, fado canción, fado marcha, y fado mouraria..

-Canta usted el fado como si fuera portuguesa, aunque, tal vez debido a sus estudios, suena bastante lírico.    
–Pero no es que uno busca hacer un fado lírico, porque además el fado requiere de la sonoridad de pecho, que le da un drama característico, que le alimenta ese sentido dramático. Ahora, hay gente que ha hecho alianzas específicas y directas entre el canto lírico y el fado. Cuando uno piensa en una voz como la de Dulce Ponte, por ejemplo, que es en quien yo inspiro mucho de mi trabajo, puede decir que suena lírico, pero es evidente que es una voz educada por la manera como ella hace los tránsitos a las zonas agudas. Quizás eso es lo que percibas.

–El fado le canta sobre todo a los valores tradicionales portugueses, a la familia, al hogar, al amor.

-Totalmente. En el fado hay un conjunto de temas que se repiten constantemente, y uno de ellos es la ciudad. ¿Por qué? Porque en la ciudad ocurre la vida nocturna que le dio origen. Por ejemplo: En el caso de Lisboa, a la que vamos a rendir homenaje en el concierto, es una ciudad de puerto, donde ocurren muchas cosas desde el punto de vista de tránsito, de comercio, de conciencia del límite y de los bordes. Y todo eso tiene un impacto en la cultura. Otros temas que tienen impacto en el fado son el amor, vivido como un destino, trágico o no. Y como todo destino, es un carga, un fardo. Los valores tradicionales de la vida cotidiana, donde entra justamente la familia, también son muy importantes.

–Incluso hubo una época en la que el fado tuvo mucho que ver con la política…
–Sí, porque la dictadura en Portugal fue muy larga, y entonces se creó una tradición de fados rebeldes, de protestas, que fueron censurados. En este concierto hay un número de  mi primer disco, Entre dos orillas, que es un canto a la libertad. Se llama Hombre en la ciudad, y es un homenaje a la revolución de los claveles, y a ese espíritu de libertad que impregna a las ciudades, porque realmente los procesos libertarios ocurren desde las ciudades. Es allí donde se va  construyendo ese discurso del sujeto que quiere abrirse su camino y necesita un ambiente de libertad que se lo haga posible. Pero más que de protesta, es como una bienaventuranza sobre la libertad que se conquistó en Portugal.

–De modo que la letra es algo muy importante en el fado…
–Sí, y sobre todo la poesía, sea de poetas populares o reconocidos. Y es importante porque en el fado no hay nada de lugar común. Hay una canción de Silvio Rodríguez en la que se  burla de los lugares comunes de los temas que escuchamos siempre en la radio: “Yo también canté en tonos menores/te quiero, mi amor/no me dejes solo, no puedo estar sin ti/mira que yo lloro”. Estas son las maneras de decir las cosas que tienen los escritores. Pero el fado, aunque habla de amor y de lo que todos hemos sentido y hemos vivido, logra superar eso.

–En su voz hay también mucho de eso que llaman “saudade”.
–Me lo han dicho, pero no lo hago a propósito. Lo que creo es que hay ciertas cosas que uno no puede cantar igual si no ha sufrido. Es decir: Hay música que se puede interpretar mejor cuando uno logra conectarse con esa energía de montones de dolores que se han juntado en esas tradiciones.

–Eso ocurre con el bolero. Y también con el fado.
–Cuando uno canta un fado, por ejemplo, está participando de la tradición de un pueblo que ha sufrido mucho. El fado comienza a cultivarse en la segunda mitad del siglo XIX, un período económico muy difícil para Portugal, porque tuvo que desprenderse del ideal del imperio. Portugal, que había sido un país inmenso, multicontinental, despierta de pronto en una pobreza muy dura que sobre todo ocurrió en el contexto de la II Guerra Mundial. Porque aunque no participó, igual sufrió sus consecuencias. Fue la época en la que muchos portugueses vinieron a Venezuela. Y eso, las migraciones, las separaciones familiares, que Venezuela experimenta ahora por primera vez, las vivió Portugal con mucho dolor en la primera mitad del siglo XX. Las propias dificultades políticas de la nación, inherentes a ese proceso de dictadura; la búsqueda de un proyecto que se debate entre ser monarquía y ser república; todo eso acumuló dolor. Y cuando uno interpreta eso, se monta uno en toda esa carga espiritual que está ahí.

Por cierto, al principio las mujeres eran muy mal vistas por cantar fados.
–Con toda seguridad, eran muy mal vistas, porque eso era música de taguara, de pueblo. Además, al principio era cosa de mujeres pobres. Pero fíjate que Maria Severa fue muy famosa en el siglo XIX, pese a tener un trabajo considerado sospechoso. Y hubo mujeres de la aristocracia portuguesa que se atrevieron a cantar fado, como María Teresa Noronha, pero bastante  tuvo que luchar…  Y ahí está Amália Rodrigues, quien hizo una alianza interesante con el compositor y arreglista portugués Alain Oulman, y comenzaron a trabajar con los poetas portugueses reconocidos como (Fernando) Pessoa y (Luis de) Camoes. Eso permitió que el fado consiguiera un nuevo lugar y, gracias a Dios, Portugal puede decir que tiene una voz reconocida en el mundo.

–Usted grabó un disco maravilloso con poemas del hombre de los cien heterónimos.
–Hay un crítico de nombre Harold Bloom que dice que los dos poetas más grandes del siglo XX son Neruda y Pessoa. Y la importancia de Pessoa se deja ver claramente, porque es un poeta muy cercano a nuestra sensibilidad, y porque sus heterónimos introdujeron elementos importantes en la literatura. Aporta, por ejemplo, el concepto del personaje poético, porque en el fondo eso es un heterónimo. Creó más de setenta, que son famosos. Y Pessoa evadió la poesía amorosa. Las veces que habló del amor en poesía, lo hizo de una manera completamente original.

–Al igual que había hecho María Bethania, usted le puso música al poema Las cartas de amor son ridículas.
–Él lo dijo: Todas las cartas de amor son ridículas, pero los únicos seres que son verdaderamente ridículos son los que no han escrito una carta de amor. Eso está en el disco, que para mí fue importante porque surgió en colectivo, de la mano del Instituto Portugués de Cultura, que ha sido un apoyo significativo para mí.

–Otro de los temas importantes del fado es el destierro.
–Portugal es un país de navegantes, de exploradores marítimos, y eso siempre ha tenido   mucho peso en la historia del país. Como te dije, tras la II Guerra Mundial ocurrió mucho. Pero fíjate que el tema de la soledad también puede ser entendido como un destierro.

–Teresa Salgueiro ha dicho que quedó marcada por Amália Rodrigues. ¿A quiénes mencionaría usted?
–A Amália, sin duda; Dulce Ponte, y Paulo de Carvalho. Los tres tienen mucho que ver con mi manera de cantar. Por supuesto que hay más que me gustan. Hay un fadista extraordinario que se llama Ricardo Ribeiro. Pero te hablo de aquellas maneras de interpretar que han sido modelo para mí, pese a que yo tengo también mi propio lenguaje.

–Diría que el género ha conquistado terreno en un país como Venezuela, ¿o está supeditado apenas al gusto y nostalgia de la colonia.
–El público está totalmente abierto. Para mí ha sido una gratísima sorpresa ver cómo el público venezolano se involucra cada vez más con el fado, y es muy genuino su interés. Muchos venezolanos son los que me han invitado a hacer esto. Y eso es muy significativo. Por eso cada cosa que hago siempre va dirigida al público venezolano y al portugués. 

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