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Habita en la zona fronteriza

La vida de una niña refugiada colombiana en Venezuela

Tenía sólo 10 años cuando sus abuelos empacaron lo poco que podían cargar y abandonaron su hogar y su tierra para salvar sus vidas.

  • CORTESÍA

20 de junio de 2017 10:00 AM

Actualizado el 20 de junio de 2017 16:07 PM

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Familia refugiada en Venezuela cuenta sus dificultades para obtener documentos legales, permisos, propiedades y créditos para su granja

En Venezuela, Acnur coopera con las autoridades locales para identificar a personas que viven en situación de refugiados

Aunque era apenas una niña cuando todo ocurrió, Gabriela todavía recuerda de forma vívida el terror que sentía cada vez que tenía que huir de su casa en el medio de la noche y en la plena oscuridad del valle donde vivía, para esconderse de los hombres armados. Su ciudad natal, ubicada en el departamento del Norte de Santander (Colombia), en la frontera con Venezuela, estuvo afectada por la violencia durante años, cuando varios grupos armados ilegales establecieron operaciones en las colinas que rodeaban el pequeño pueblo.

El abuelo de Gabriela trabajó como activista de derechos humanos. Su trabajo lo convirtió en un blanco para todas las partes del conflicto. "Solían venir por él, atarle las manos y llevárselo lejos, en algunas ocasiones incluso llegaban y entraban a nuestra casa. Con mi abuela, a veces, lo buscábamos por horas, sin saber si se lo había llevado la guerrilla o los paramilitares".

Tenía sólo 10 años cuando sus abuelos empacaron lo poco que podían cargar y abandonaron su hogar y su tierra para salvar sus vidas. Todos se trasladaron a una pequeña casa cerca de la frontera donde creían que estaban a salvo. Estaba tan lejos del pueblo más cercano que Gabriela tenía que cruzar un río para llegar a la escuela y se quedaba varada cuando la marea subía. Sin embargo, un día su abuelo fue identificado por un ex vecino que se había unido a un grupo armado ilegal en la zona, y la única opción que tuvieron fue cruzar la frontera hacia Venezuela para encontrar refugio.

Al principio adaptarse a un nuevo país no fue fácil y representó graves dificultades y múltiples obstáculos. El proceso para obtener el reconocimiento como refugiados implica un esfuerzo muy largo y requiere viajes constantes a la ciudad, lo que ha sido una carga costosa para la familia que vive en el área rural. Sin embargo Rosa, la abuela de Gabriela, asegura que "es indudablemente mejor pasar hambre que vivir aterrorizada de ser asesinada". Su esposo detalla que ha sido difícil obtener los documentos legales necesarios, permisos, propiedades y créditos para iniciar su propia granja y por lo tanto son completamente dependientes de las parcelas de otras personas, lo cual es mucho más costoso y arriesgado. Además de esto, durante la pasada temporada perdieron todas sus cosechas de fresa por causa de una plaga, lo cual afectó su economía y la llevó al límite.

La familia se reunió por primera vez con un funcionario del Acnur durante una visita de registro a una zona rural del estado Táchira, en Venezuela, donde se identificaron muchas familias solicitantes de refugio y otras personas que vivían en situación de refugiado. Ellos recibieron asistencia y orientación sobre sus derechos y el proceso legal para obtener el estatus adecuado, lo cual resultó clave para la familia; pero para Gabriella la parte más importante de la reunión fue una sesión de terapia psicosocial. "Todavía no entiendo por qué tantas cosas horribles me han pasado, si nunca le he hecho daño a nadie", dice. Las lágrimas recorren sus mejillas mientras comparte cómo soportó la violencia doméstica y apenas escapó de las balas disparadas contra ella y sus abuelos en su propia casa. Fue a través de las sesiones de terapia dirigidas por HIAS, y con el apoyo de Acnur, como ella comenzó a aprender a manejar el dolor y comenzar la curación.

En Venezuela, el Acnur coopera con la Comisión Nacional para los Refugiados para identificar a personas que viven en situación de refugiados en los lugares más remotos de todo el país. Durante los dos últimos años más de mil nuevos solicitantes de refugio fueron registrados, gracias a las jornadas efectuadas en el campo.

A la edad de 17 años, Gabriela acaba de graduarse de la escuela secundaria. Ella se retrasó un año debido a la diferencia entre los sistemas colombiano y venezolano y fue constantemente intimidada por ser extranjera y tener un acento diferente. "No fue fácil, pero estoy muy contenta de haber alcanzado mi objetivo y poder hacerlo por mí y mis abuelos, que realmente son mis padres", explica. Su familia está muy orgullosa y la ayuda a prepararse para los próximos pasos.

"Quiero estudiar psicología. Me encanta hablar y escuchar. Sería estupendo apoyar y ayudar a otros a afrontar sus miedos. Sólo quiero que los demás mejoren también", afirma Gabriela. Este será un gran desafío porque requeriría su traslado a la capital Caracas, lo cual tiene implicaciones económicas que podrían superar las capacidades de la familia. El Acnur también le ofreció a Gabriela la posibilidad de buscar e incorporarse a otros programas que le permitan convertirse en una mujer independiente y fuerte que pueda ayudar a su familia a largo plazo y contribuir con el país que le proporcionó nuevas oportunidades para construir una vida pacífica.

Mientras el acuerdo de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno de Juan Manuel Santos ya fue firmado y comenzó a ser implementado, el Acnur ha expresado su apoyo al proceso de paz y proveerá su experiencia durante la ejecución de dicho acuerdo, centrándose en las reparaciones a las víctimas. La Agencia también continuará su labor para brindar oportunidades y asistencia para alcanzar / lograr soluciones duraderas para los millones de personas desplazadas y refugiados forzados a huir del conflicto violento, ya que es una pieza indispensable para la construcción de una paz sostenible en Colombia.

Fuente: Acnur

Autor: Acnur

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