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Procesos de paz (III): Los Pactos de La Moncloa

Una negociación entre demócratas permitió la modernidad en España

La Moncloa es el nacimiento de una España civil, sin tutelaje militar y en la que el arma más poderosa es el voto y no las balas.

  • GUSTAVO LINARES BENZO

30 de julio de 2017 09:30 AM

Actualizado el 01 de octubre de 2017 13:09 PM

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Los acuerdos políticos se alcanzan no sólo por la voluntad de diálogo, sino por un cálculo realista de las fuerzas de cada parte.

Fraga y Carrillo suscribieron los pactos de la Moncloa y reafirmaron el compromiso democrático.

Gustavo Linares Benzo

El 25 de octubre de 1977, luego de las primeras elecciones  en cuarenta años en el junio anterior, el jefe de gobierno triunfador de esos comicios, Adolfo Suárez, logró coronar un largo proceso de negociación política con los llamados Pactos de la Moncloa, que en dos documentos separados enfrentaron los problemas económicos y políticos del momento. Esos acuerdos, denominados de La Moncloa  desde entonces por el lugar donde se firmaron, el palacio de gobierno de Madrid, profundizaron en lo político el proceso de desmontaje de las instituciones corporativistas (“sectoriales” dirían los fascistas de hoy) del franquismo y de modernización de la economía, acordando un mínimo de garantías democráticas, como la libertad de expresión, y de racionalidad económica, limitando la liquidez y poniendo tope al gasto público.

La historiografía convencional considera estos pactos como el momento fundamental para la transición de España hacia la democracia y como un modelo de acuerdo unitario nacional, al punto de que regularmente y en distintos países y coyunturas se habla de la necesidad de un pacto de la Moncloa, como en Argentina en el actual proceso de adecentamiento luego de los K. Lo de la transición a la democracia es bastante obvio, pues antes del proceso que comenzó con la muerte de Francisco Franco todo estaba por hacer; sin embargo, las elecciones del junio anterior fueron requisito indispensable para legitimarlo.

Como pasos hacia la democracia, los pactos de la Moncloa fue un ensayo de lo que después se consolidó en la Constitución del año siguiente, reflejo de la misma negociación. Se trataba de convertir a España en una democracia moderna, lo que implicaba sobre todo desmontar un Estado de signo completamente contrario, un estado corporativista, donde el partido de gobierno era el gobierno, el Estado y pretendía ser la nación. De allí los pactos políticos negociados en La Moncloa: libertades públicas esenciales y pasos adicionales en el desmontaje del Movimiento Nacional, que ya había comenzado,  expresión política del franquismo. El pacto de contenido fundamentalmente político, llamado “Acuerdo sobre el Programa de Actuación Jurídica y Política”, se refiere sobre todo a garantizar la libertad de los partidos políticos y a la democratización de las fuerzas de orden público.

Así, comienza con normas precisas sobre la libertad de expresión, prohibiendo la censura previa y dejando su control exclusivamente en manos de los tribunales (nada de organismo administrativos de censura, como Conatel). Parte de estas disposiciones eran las relativas a los medios de comunicación en manos del Estado, que pasaron a estar supervisados por una comisión parlamentaria plural que asegurara que Televisión Española y el resto del sistema público de medios estuvieran a la disposición de todas las corrientes políticas y no sólo del sector oficialista, como había sido durante el franquismo. Para los firmantes del acuerdo, la libertad de expresión iba más allá de un derecho de los ciudadanos a usar medios privados, también a usar los medios del Estado, que no podían serlo de un partido en exclusiva.

El capítulo VII del pacto político se refiere con detalle a la justicia militar. Usada a placer por el franquismo para saltarse las garantías propias de los tribunales civiles, esta jurisdicción quedaba claramente restringida a la aplicación a personal militar, inclusive previendo la posibilidad del desafuero, es decir, que hasta los militares debían ser juzgados por los tribunales civiles en casos de delitos no militares.  No puede olvidarse que el franquismo era un movimiento de honda raíz militar, Franco era un importante general en el ejército republicano y en esa institución fundó su hegemonía, construyendo a la par un movimiento político paralelo, el ya referido Movimiento Nacional.

Lo militar, si se mide por su extensión, casi la mitad del documento, fue la principal preocupación de los firmantes de La Moncloa. Porque inmediatamente después del tema de la justicia militar sigue la desmilitarización de la policía, específicamente la de orden público. Sobresale el acuerdo de poner el comando de las fuerzas de orden público, inclusive de las militares como la Guardia Civil (semejante a la Guardia Nacional), en manos civiles: estarán bajo la jefatura del Ministerio del Interior. El orden público democrático es un asunto civil en cualquier democracia, en el franquismo no lo era y en la España moderna que está naciendo se da este primer paso. Además, se prevén normas muy específicas  sobre el control de manifestaciones, la formación de las policías y la transparencia en la información.

UN PACTO EN LA ECONOMÍA

El pacto económico, menos famoso que el político, no fue en cambio menos importante. No sólo por la verdad de Perogrullo de que política y economía van juntas, sino porque las medidas acordadas, muy detalladas y referidas a todos los sectores, tenían como base un modelo de economía social de mercado. Así, las medidas tienen dos claros objetivos: controlar la inflación y favorecer la inversión privada y pública. No puede olvidarse que estábamos en 1977, en plena crisis energética por el aumento de los precios del petróleo y que España era muy vulnerable, pues dependía casi totalmente de las importaciones para su abastecimiento de crudo. Esa crisis afectó al país tanto en el nivel de precios, por el aumento de los costos de la energía, como en la balanza comercial, por el alto precio de las importaciones petroleras.

Era urgente, por lo tanto, controlar la inflación. Y para ello hay pocas recetas y todas incluyen el ingrediente de controlar la base monetaria, evitando la financiación del gobierno con la impresión de billetes. Así se acordó expresamente. Además, se restringió el aumento de los salarios, en los que se veía un componente importante de la presión sobre los precios. El pacto económico incluía también una fuerte austeridad en el gasto público, la reestructuración de las empresas públicas y amplias medidas de reforma agrícola y pesquera.

Los pactos de La Moncloa pueden resumirse en una palabra: modernidad. Modernidad en lo político, en donde España estaba muy retrasada, y en lo económico, aspecto en el que enfrentaba una dura crisis. Pactos de muy largo alcance y que parecieran un idealista proyecto de académicos, una maravilosa tesis de grado,  si no fuera por quienes lo suscriben: el presidente del gobierno, Adolfo Suárez, y los representantes de los principales partidos, desde la centro derecha representada por el propio Suárez, pasando por la izquierda moderada encabezada por el luego presidente Felipe González, hasta llegar al Partido Comunista en la persona del legendario Santiago Carrillo.

Los pactos de La Moncloa pueden resumirse en una palabra: modernidad. 

Este gran acuerdo partía  del respeto a la voluntad electoral, pues de su manifestación en los comicios de junio de 1977 habían salido los grupos políticos firmantes. Voluntad electoral que se basaba en el dogma esencial de la democracia, una persona un voto, que no fue respetado por el franquismo y su corporativismo sectorial. El voto universal, directo y secreto tiene que ser un voto igual, sin que unas personas valgan más que otras. Esa sobre representación es común a todos los totalitarismos, de izquierda a través de soviets o comunas, de derecha con falanges y movimientos nacionales. Sólo ese origen popular democrático hizo posible un acuerdo, pues el peso de los actores era exactamente el mismo que le había dado el pueblo español en las urnas.

De allí que los pactos de La Moncloa no se explican sin los resultados de las elecciones del 15 de junio de 1977 (se acaban de cumplir 40 años) en que salieron triunfadores los moderados de derecha, Suárez, y de izquierda, Felipe González, mientras que los comunistas de Carrillo y los posfranquistas de Manuel Fraga sacaban exactamente lo mismo, llegando empatados en un lejano tercer lugar .

En otras palabras, con todo lo noble que es el gesto de los radicales de derecha e izquierda, Fraga y Carrillo, de suscribir los pactos de la Moncloa y reafirmar el compromiso democrático, ello fue consecuencia del más claro respaldo a la voluntad popular expresada en las elecciones parlamentarias de tres meses antes. En otras palabras, la unidad fue sobre todo un pacto entre las dos grandes fuerzas de la política española del momento, la Unión de Centro Democrático (UCD) de Suárez, germen del Partido Popular, y el PSOE de Felipe González. De hecho, esas dos fuerzas han gobernado a España desde entonces.

 La Moncloa es el nacimiento de una España civil, sin tutelaje militar y en la que el arma más poderosa es el voto y no las balas.

La Moncloa es así consecuencia más que causa, es resultado de un proceso de transición (la Transición, con mayúscula, se dice en España), que tanto por cumplirse cuatro décadas desde entonces, como por la muerte de Adolfo Suárez en el 2014, está siendo estudiado y analizado con renovado interés. Ha sido recordado como símbolo de la nueva España, la España de Europa (ver cuadro), de la democracia y de la prosperidad, de la modernidad, para insistir en lo esencial. Como negociación, revela que los acuerdos políticos se alcanzan no sólo por la voluntad de diálogo, sino por un cálculo realista de las fuerzas de cada parte: la posibilidad y los costos de la imponerse frente al otro frente a los beneficios del pacto; las expectativas luego del acuerdo.

La Moncloa fue un éxito, qué duda cabe, porque las partes que más cedieron, la izquierda radical y el franquismo, se percataron  de que la democracia era la nueva regla de juego, que ya habían  perdido la partida,  pero que vendrían más que podrían ganar. Los más beneficiados, la derecha y la izquierda moderadas, ya habían renunciado a sus respectivos orígenes ideológicos en los extremos de cada una, la centro derecha venía de hecho de ganar y  la centro izquierda ganaría en poco tiempo.

Sobre todo, La Moncloa es el nacimiento de una España civil, sin tutelaje militar y en la que el arma más poderosa, la bomba atómica, es el voto y no las balas. Una España democrática, donde cada persona tiene un voto y ningún sector tiene privilegios políticos sobre otro, es la España sin corporativismo fascista ni sectorialismo comunista. Las reglas se imponen democráticamente y no por la fuerza, en los hechos o como amenaza. La Moncloa fue un pacto entre demócratas.

Por Gustavo Linares Benzo, abogado y profesor de Derecho Administrativo en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

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