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Procesos de paz (VII)

La transición surafricana: negociación y reconciliación

  • JULIO CÉSAR PINEDA

27 de agosto de 2017 06:00 AM

Actualizado el 01 de octubre de 2017 13:09 PM

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La transición surafricana: negociación y reconciliación

Suráfrica en la Geopolítica regional y mundial ha sido y continuará siendo un actor de primer orden, y un modelo para las democracias del Siglo XXI que han tenido que pasar por un proceso de transición basada en diálogo y negociación; desde modelos autoritarios y dictatoriales hacia un constitucionalismo consensuado, pluralista, con justicia y libertad. Sudáfrica forma parte junto con Bostwana, Lesotho, Namibia y Swazilandia del África austral de un proceso transicional integral, además compartió la terrible experiencia y la lucha abierta contra el “Apartheid” en los denominados “Países del Frente” como fueron Angola, Malawi, Mozambique y Zimbabue.

 En Ciudad del Cabo, actual capital económica y social del país, se inició en el Siglo XVII la presencia europea con los “Boers”, colonos holandeses, los cuales extendieron sus conquistas sometiendo a los aborígenes. Al comienzo del Siglo XIX, los británicos interesados en las rutas marítimas de Ciudad del Cabo, desplazaron a los holandeses quienes crearon dos Estados Boers, el Transval y el Estado Libre de Orange. El interés británico también fue por las minas, especialmente de diamantes, que atrajo numerosos contingentes del Reino Unido. Y que profundizó las diferencias y confrontaciones con los “Boers”.

En 1872, los ingleses establecieron su gobierno en la colonia de Ciudad del Cabo con total autonomía frente a los holandeses pero vinculados a Londres. En 1899, fue la primera guerra entre ingleses y holandeses. En 1902, la superioridad británica fue incontestable y en 1910 proclamaron la Unión Sudafricana, luego con los Estatutos  de Westminster se estableció un régimen de Igualdad Legislativa entre los dominios autogobernados del Imperio Británico y el Reino Unido y fue después en mayo del 1961, en el contexto internacional, cuando se proclamó la República de Sudáfrica. Los británicos también controlaron a Rhodesia y Zambia, mientras que los alemanes se instalaron en Namibia y Tanganika.

DISCRIMINACIÓN A LA MAYORÍA

Fue en 1960 cuando el gobierno constitucionalizó el Apartheid, reafirmando así la discriminación de la mayoría de color que siempre existió, con el total control y dominio de los blancos que apenas eran el 20% de la población, se estableció el racismo y separación física de comunidades, una fragmentación de la sociedad que socavó el estrato heterogéneo de Sudáfrica.

Durante los años 1980, el régimen racista del Apartheid dio muestras de agotamiento producto de la resistencia interna y las sanciones externas, lo que conllevó a que en 1984 el Presidente Pieter Botha, concedió el derecho al voto a las minorías mulatas y asiáticas, a través de una reforma constitucional que apuntaba hacia una progresiva ampliación de la base social reconocida por el Estado. A pesar de estos esfuerzos, la situación político-social continuaba empeorando. Los grupos opositores, algunos arraigados a la violencia no lograban vencer al Estado, pero el coste económico y humano era ya insostenible. Paralelamente, la presión y maniobras de la comunidad internacional afectaban drásticamente la economía, teniendo como consecuencia inmediata el recorte y posturas estrictas de los acreedores internacionales, sofocando así uno de los puntos vitales del país.

Como es recurrente en estos escenarios, la aparición de un Cisne Negro cambió el curso de los acontecimientos. La sorpresiva enfermedad de Botha, forzó la llegada de una nueva dirección política, encabezada por Frederik De Klerk, precipitando así una transición debido a su actitud conciliadora y reformista, pero quien encontró también a un Nelson Mandela con un liderazgo sólido enmarcado por su partido, Congreso Nacional Africano (CNA), y con una nueva actitud para el diálogo y la reconciliación del país, dejando atrás el método de la guerrilla y la estrategia de guerra permanente, hasta la toma del poder. Fue sólo en 1989, cuando el Presidente Frederik De Klerk eliminó las leyes segregacionistas, impulsado por una ardua presión interna, liderada por Mandela y respaldada por la Comunidad Internacional.

Desde 1990, con la legalización de los partidos políticos y la liberación de Mandela, se inició un nuevo proyecto para toda Sudáfrica, que se basaba en la reestructuración del Estado a través de la participación de todos los actores políticos. Fue importante el acuerdo entre el Partido Nacional (PN), en el poder desde 1948 y las dos tendencias de los grupos políticos de oposición, el de Mandela que era el CNA y el de IFP (Inkatha Freedom Party), que aglomeraba al movimiento zulú. También fueron tiempos difíciles, por la actitud radical en ambos sectores de grupos que entorpecían los acuerdos, con acciones violentas y confrontaciones permanentes. Sudáfrica no era ajeno a lo que ocurría en el mundo, la progresiva y drástica caída del Comunismo, vestigios de la Guerra Fría.

EL FIN DEL APARTHEID

En 1991, se abolió oficialmente el Apartheid y la mayoría de color comenzó a participar en los procesos políticos, bajo la dirección del CNA. En marzo de 1992, se acordó la constitución de un gobierno interino multirracial, que tras difíciles negociaciones aprobaban una Constitución provisional y varias leyes que en esencia pretendían regular el proceso de transición, promulgadas por el Parlamento Tricameral Racial entre septiembre y diciembre de 1993.

Curiosamente, dos partidos, claramente anti liberales, el PN y CNA, pactaron una Constitución en esta línea, lo que hizo acreedores a Mandela y De Klerk del Premio Nobel de la Paz, el 10 de diciembre de ese año. El cual, simbolizaba el respaldo internacional del proceso que lideraban. La formación jurídica de Mandela y de De Klerk, facilitó el diseño constitucional para una carta fundamental de Sudáfrica dentro del constitucionalismo democrático y la descentralización. Casi por un año, los equipos jurídicos y políticos, tomando en consideración la parte cultural y el proyecto de una economía compartida con garantías para todos, trabajaron durante un año en el World Trade Center local. Allí se buscaron soluciones y se facilitó la confianza para diseñar un sistema de garantías, especialmente para la minoría blanca que perdía hegemonía en el poder político, económico y militar. Estos encuentros de los grupos de negociación, también funcionaron fuera de Sudáfrica, dentro de la confidencialidad y el respeto, incluso en los momentos de agudas confrontaciones como la  Masacre de Boipatong en 1992, realizado por el IFP; los negociadores estaban convencidos de no detener el diálogo a pesar de la violencia; por eso, desde 1990 cuando Mandela salió de la cárcel, por 4 años se mantuvo la negociación. Esta actitud permitió que llegaran a un consenso, no fue necesario un referéndum como en el caso colombiano.

Sin embargo, la transición distó de ser sencilla, se caracterizó por una fuerte violencia con múltiples focos de origen, pero centrada sin duda, en la política. Inclusive, 6 meses antes de las elecciones generales de 1994, que proyectaban cerrar un ciclo bélico y sangriento, se contabilizaba una cifra cercana a más de 10.000 personas fallecidas, incluyendo el líder del Partido Comunista, Chris Hani, que marcó un hito de profunda tensión, pero fue manejado sabiamente por Mandela.

Un elemento constitucional esencial, fue la incorporación del nacionalismo afrikaaner de los blancos en la casa común. Posteriormente, se designó un Consejo Ejecutivo de Transición, que era garante de una hoja de ruta con elecciones, libres, democráticas y legítimas.

En 1994, se dieron las primeras elecciones generales que condujeron a Nelson Mandela a la presidencia de la República, con un resultado favorable del 62%  al CNA, De Klerk del PN con 20%, y en tercer lugar, el IFP con 10%, y seguido por diversos partidos más que aglomeraban la esencia de las elecciones, la presencia de todos los sectores e ideologías políticas de la sociedad sudafricana.

La nueva Asamblea Nacional tenía poco que ver con el antiguo parlamento constituido con criterios raciales. El 73 % de la población de color se reflejaba en un 52 % de los parlamentarios de diferentes etnias; el 15 % de población blanca mantenía todavía un 32 % de representantes. Por otra parte, hubo un 27 % de mujeres en la nueva cámara. Estos resultados reflejaban un nuevo espectro en lo que se perfilaba como el nuevo horizonte político, social y cultural de la Sudáfrica plural, fraterna y democrática que continua hasta hoy. Solo ochenta y siete de los cuatrocientos miembros de la cámara procedían del anterior Parlamento Tricameral. El sindicalista Cyril Ramaphosa fue elegido presidente del Parlamento.

EDUCAR Y CAPACITAR

Los objetivos del CNA, se centraron en educar y capacitar a las personas que habían sido segregados durante las décadas pasadas. Incluso se contrató profesionales de países colindantes, para así contribuir a la emancipación del que sería posteriormente el único país catalogado como desarrollado del continente y uno de los pocos del hemisferio. A Mandela le sucedieron los Presidentes Thabo Mvuyelwa Mbeki (1999-2008), Kgalema Petrus Motlanthe (2008-2009) y Jacob Zuma quien actualmente preside la República de Sudáfrica y de ideologías enmarcadas en las bases del Congreso Nacional Africano.

Fue muy importante el papel de las Iglesias, tanto las europeas como las locales, destacándose la participación del Arzobispo de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu, quien siempre fue partidario de que sólo con elecciones libres, democráticas y universales se podría generar la nueva nación arcoíris.

Igualmente, fue vital la creación y funcionamiento de una Comisión de la Verdad y la Reconciliación, un organismo oficial creado por el gobierno de Sudáfrica que buscaba alcanzar la justicia restaurativa después del fin del régimen del apartheid, integrada por todos los sectores de la sociedad.

Siguen vigentes las palabras de Mandela en su toma de posesión “Nunca más, esta hermosa tierra volverá a vivir la opresión de unos sobre otros, ni a sufrir la indignidad de ser la vergüenza del mundo”.

EXPERIENCIA A SEGUIR

El caso surafricano es una interesante expresión de transición política ya que surge en un escenario marcado por una profunda violencia política y social, caracterizadas por el extremismo y la inflexibilidad de los factores y sectores que intervenían. El Apartheid, fue el símbolo más notorio, ya que durante varias décadas se segregó a la mayoría racial de un país, lo que desencadenó con el tiempo, en constantes confrontaciones.

Luego de un férreo proceso, enmarcado por la persecución política y asesinatos, los dos líderes más influyentes del momento, De Klerk del Partido Nacional (PN), y Nelson Mandela del Congreso Nacional Africano (CNA), ambos en un principio orientados en una tónica de confrontación y supremacía, decidieron afrontar un problema que le había costado la vida a más de 10.000 personas, mediante la fórmula más factible y segura, el diálogo y la negociación transparente y ecuánime.

Juntos impulsaron un Consejo Ejecutivo de Transición (CET), que funcionó bajo un diálogo permanente, y que posteriormente se reflejó en las primeras elecciones libres, legítimas y universales de Sudáfrica en 1994, con la democratización y reestructuración del Estado hacia uno más justo, fraterno y democrático. Por supuesto, no fue un proceso sencillo, pero demuestra como la madurez política y el raciocinio se impone ante el fanatismo eufórico y sordo, de los que Venezuela debe aprender, y tomar como ejemplo para perfilar así un nuevo horizonte de cordialidad y esperanza nacional. 

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