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Decisión electoral (III)

Primeras elecciones en España después de 38 años de dictadura de Franco

El 15 de junio de 1977, los españoles, vacunados por el recuerdo de la Guerra Civil, rechazaron el extremismo y consagraron el centro como el espacio decisivo donde se dirimiría la conquista del poder.

  • PILAR DÍAZ

26 de noviembre de 2017 11:00 AM

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El diseño del sistema electoral fue uno de los logros del primer Gobierno Suárez. 

El nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno encargado en 1976 fue una jugada magistral 

El 15 de junio de 1977 se celebraron en España las primeras elecciones democráticas tras la muerte del general Francisco Franco y sus 38 años de dictadura. Más de 18 millones de españoles acudieron a las urnas en libertad; desde el 12 de febrero de 1936 (II República) el pueblo español no pudo ejercer el voto.

El 15 de junio de 1977 era miércoles. Se eligió un día laborable –con permiso retribuido de cuatro horas- para asegurar una alta participación. 

UN PROCESO DE TRANSICIÓN
Los primeros momentos de la monarquía de Juan Carlos I estuvieron caracterizados por la indefinición. Muchos sospechaban que la nueva monarquía sería una mera forma para darle contuidad al franquismo sin Franco. Sin embargo, el nuevo monarca se rodeó de un grupo de asesores, entre los que destacaba Torcuato Fernández Miranda y diseñaron un plan de cambio político. 

El nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno encargado en 1976 fue una jugada magistral para llevar a buen término la transición democrática, afirman los analistas políticos.

Pero en su momento el nombramiento de Suárez fue recibido con decepción entre el bando democrático, pese a que el nuevo Gobierno estaba formado por ministros aperturistas, muchos pensaron que Suárez no era el hombre adecuado para liderar el proceso hacia la democracia.

En septiembre de 1976 Suárez presentó el proyecto de Ley para la Reforma Política. Era la concreción legislativa del proceso de desmantelamiento del franquismo desde el propio régimen. Paralelamente inicio contactos discretos con la oposición democrática y no tan democrática como el Partido Comunista en la clandestinidad.

Los sectores más inmovilistas del franquismo, irritados por la evolución política y los atentados de  ETA y el GRAPO, empezaron a conspirar para organizar un golpe militar contra el proceso de reformas. En septiembre de 1976, Suárez nombró al teniente general Gutiérrez Mellado vicepresidente del gobierno, quien fuera una figura clave para controlar el peligro golpista en el Ejército, reseñó la Televisora Española en su página web en el 40 aniversario.

EL SISTEMA ELECTORAL
El diseño del sistema electoral fue uno de los logros del primer Gobierno Suárez.  Se descartó el escrutinio mayoritario puro, al estilo inglés, defendido por Manuel Fraga, y el sistema proporcional exigido por el PSOE, los técnicos gubernamentales –dirigidos por Landelino Lavilla y Miguel Herrero Rodríguez de Miñón– consiguieron reequilibrar las diferencias de población que existían entre las 52 circunscripciones y disponer de un instrumento que junto a una atractiva oferta política de centro pudiera conseguir mantenerles en el poder.

El Congreso de los Diputados estaría formado por 350 diputados, elegidos por un sistema de escrutinio proporcional siguiendo el método D’Hondt, que favorece las candidaturas mayoritarias. 

Para evitar la fragmentación partidista que impidiera articular mayorías estables se estableció un mínimo del 3% de los votos para entrar en el reparto de escaños, y un mínimo de 2 escaños para cada una de las 52 circunscripciones provinciales, excepto Ceuta y Melilla que solo tenían uno. 

Estos mínimos reforzaban las candidaturas más votadas. De hecho, en un gran número de circunscripciones –las menos pobladas y con menos representantes-, el sistema funciona como si fuera mayoritario, y prácticamente sólo obtienen representación los dos partidos más votados.

También, preocupado porque no hubiera dudas sobre la limpieza del proceso electoral, decretó la incompatibilidad de todos los altos cargos de la Administración, incluidos ministros, para ser candidatos. Para evitar la prohibición Leopoldo Calvo Sotelo, ministro de Obras Públicas, dimitió a finales de abril y se puso a confeccionar las listas electorales de la futura Unión de Centro Democrático (UCD).

El 3 de mayo, Adolfo Suárez, después de semanas encubriendo sus intenciones y al borde mismo del plazo legalmente establecido, anunció su esperada candidatura en la lista de UCD por Madrid. 

La campaña electoral comenzó el 24 de mayo, duró 21 días. Se pretendió que los partidos políticos  tuvieran tiempo de ser conocidos y presentar sus ofertas programáticas, que en general fueron mensajes directos, poco sofisticados, muy ideológicos y centrados en la dicotomía cambio o reforma.

UNA FIESTA ELECTORAL
Concurrieron 5.343 candidatos y 22 partidos se presentaron en casi todas las circunscripciones.  La disputa electoral se fue concentrando en las fuerzas que el 15 de junio se convertirían en protagonistas de la nueva etapa: la Alianza Popular de Manuel Fraga, la UCD de Suárez, el PSOE de Felipe González, el Partido Comunista de Santiago Carrillo y las formaciones nacionalistas de País Vasco (PNV) y Catalunya (la Convergència de Jordi Pujol concurría en la coalición Pacte Democràtic). 

La Unión de Centro Democrático (UCD), el partido de centro derecha encabezado por Adolfo Suárez, ganó las elecciones generales con el 34,52% de los votos, seguido por el PSOE de Felipe González, que se convirtió en el principal partido de la oposición, con el 24,44% de los votos, seguido a más distancia por Alianza Popular (actual Partido Popular) (8%) y el Partido Comunista (6,3%). La participación en estas elecciones fue muy elevada, del 78,83%.

Las Cortes resultantes de esos comicios se formaron de acuerdo con la Ley de Reforma Política aprobada en 1977 y siete dirigentes de esos cuatro partidos con más representación y de las formaciones catalanas fueron los encargados de redactar después la Constitución de 1978 poniendo fin así a la Legislatura Constituyente.

El resultado electoral fortaleció la naciente democracia, perfiló un sistema de partidos comparable al existente en cualquier país de Europa y facilitó al Congreso electo discutir y aprobar una Constitución basada en el consenso.


El resultado más importante de las elecciones de 1977 fue el virtual empate en términos de apoyo popular entre los partidos de derechas y los de izquierdas (dejando a un margen los partidos regionales y nacionalistas). 


Si PSOE y el PSP de Tierno Galván se hubieran presentado juntos, habría habido un empate entre UCD y el Partido Socialista. Lo que explica que después de las elecciones surgiera el consenso es precisamente este equilibrio de fuerzas entre los dos bloques.

El consenso no fue una cuestión de altura de miras, de actitudes generosas y magnánimas: se explica más bien por la incapacidad de cada bloque de imponerse frente al otro.

El bloque de la derecha lo intentó, pero fracaso: su primer impulso fue que la Constitución la elaborara un grupo de expertos formado por el gobierno; ante la resistencia de la izquierda, se estableció una ponencia constitucional en el Congreso, pero durante los primeros meses los trabajos iban saliendo adelante gracias a la suma de los votos de UCD y AP. Sólo cuando el PSOE se plantó y amenazó con abandonar la ponencia, se recondujo la situación y se empezó a fraguar el famoso consenso constitucional.

UNA CAMPAÑA DISPAR

Las campañas de los principales partidos fueron dispares. Suárez prácticamente no hizo campaña, se limitó a una visita a su pueblo, contadas entrevistas a los medios, y la decisiva aparición en el último espacio electoral en televisión, que decantó a su favor un considerable número de votos.

Suárez contó con otros factores propicios: primero, el papel de Alianza Popular como polo de atracción del voto más franquista.

Los siete magníficos, encabezados por Fraga Iribarne, se empeñaron en captar el voto del pasado y del miedo, Carlos Arias Navarro, presidente del último gobierno franquista, era candidato al Senado por Madrid. Fraga tampoco contribuyó a crear una imagen moderada; no dudaba en enfrentarse a provocadores y manifestantes que le injuriaban.  

La división de la izquierda jugó favor de Suárez. El PSP de Tierno Galván consiguió más de 800.000 votos –UCD obtuvo escasamente un millón de votos más que el PSOE. Si el partido de Tierno hubiera concurrido con el PSOE, el resultado de los socialistas habría sido arrollador.


Otro de los grandes aciertos de Suárez fue la presencia en las elecciones del PCE. En el diseño inicial de la reforma, tanto Suárez como el PSOE no incluían la legalización inmediata de los comunistas, pero Carrillo maniobró hábilmente para forzarla. Se presentó en Madrid, forzó su detención y obligó al Gobierno a tomar una decisión. 

Adolfo Suárez, con una gran visión política y táctica, apostó por la legalización de los comunistas y cobró dos piezas de un tiro: la presencia del PC era la prueba definitiva de que la transición y las elecciones eran absolutamente democráticas y homologables a la mayoría de países europeos. Y de rebote, la presencia electoral del partido de Carrillo dividía más a la izquierda.

Sin duda, la campaña más eficaz fue la del PSOE. Junto a una imagen moderada lanzó a un líder joven y con futuro, Felipe González. Apoyados por los socialdemócratas alemanes, disponían de un aparato poderoso que habían venido preparando desde 1973, cuando fundaron la sociedad anónima ITE-PSOE, dedicada a realizar estudios de opinión y elaborar estrategias políticas. Además, viajaron a otros países y aprendieron las más modernas técnicas electorales.

CIFRAS IMPORTANTES

Votó el 78,89% del censo electoral. La mayor abstención se registró en las cuatro provincias gallegas (47% en Orense). El recuento duró dos interminables días.

Los primeros resultados provisionales llegaron a primeras horas de la tarde del día 16. Las principales tendencias del voto empezaban a dibujarse y se consolidaron el día 17 con el 95% de los votos escrutados.

Suárez había logrado revalidar en las urnas su liderazgo. La UCD obtuvo una mayoría cómoda, 166 escaños –a 10 escaños de la mayoría absoluta-, que le permitiría presidir un nuevo gobierno con respaldo suficiente. 

El sistema electoral, tan laboriosamente diseñado, había funcionado con gran precisión. La coalición centrista con el 34,44% de los votos había obtenido el 47% de los escaños.

Los 118 diputados obtenidos por el PSOE sorprendieron a casi todos –menos a sus dirigentes. El PCE, con 20 escaños, y Alianza Popular, con 16, obtuvieron resultados muy por debajo de sus expectativas y deberían conformarse con jugar un papel secundario.

En el País Vasco –PNV con 8 escaños- y en Cataluña –Pacte i UDC sumaban 13- confirmaron el protagonismo de los partidos nacionalistas moderados.

Pero más allá del reparto de escaños, la principal conclusión fue que se había impuesto el voto moderado en izquierda y derecha. Entre UCD y PSOE sumaban casi el 70% de los votos. El bipartidismo imperfecto que ha caracterizado el mapa político desde entonces empezaba a dibujarse.

El 15 de junio de 1977, los españoles, vacunados por el recuerdo de la Guerra Civil, rechazaron el extremismo y consagraron el centro como el espacio decisivo donde se dirimiría la conquista del poder.

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