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Desenlace electoral (IV)

El nuevo gobierno argentino enfrentó la democracia como el futuro

La guerra de las Malvinas se derrumbó el mito de la superioridad militar y esa derrota también influyó en el resto de América Latina, en la que se miraba a los militares como organizaciones eficientes y preparadas, ya no solo para la seguridad y defensa, sino para guiar los destinos de las naciones.

  • FRANCISCO OLIVARES

03 de diciembre de 2017 10:00 AM

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El nuevo gobierno argentino enfrentó la democracia como el futuro

El sector militar argentino aspiraba a lograr una amnistía y una futura participación de las fuerzas armadas en el nuevo gobierno. 

El 24 de marzo de 1976 un golpe de Estado, encabezado por el teniente general Jorge Videla, derrocó a la Presidenta María Estela Martínez de Perón,  conocida como Isabel, quien dos años antes había asumido la conducción del país tras la muerte de su esposo, Juan Domingo Perón. 

Un país con grandes dificultades económicas, hiperinflación, profunda polarización política, división en el peronismo, presencia de organizaciones subversivas armadas de izquierda como el Ejército Revolucionario del Pueblo (EPR) crearon las condiciones para un golpe militar.

La junta militar que asumió el poder ofreciendo el llamado Proceso de Reorganización Nacional,  pudo mantenerse en el poder durante siete años pero dejó a su paso 30 mil desaparecidos, 400 niños robados de sus hogares, 700 suicidios de excombatientes en Las Malvinas y una deuda externa impagable para las siguientes generaciones, entre otras secuelas, dado el carácter extremadamente represivo utilizado por las juntas que asumieron el control del país durante esos años. “El asalto al poder, la impunidad desplegada en todos los ámbitos ocupados por los militares, los diferentes niveles de delincuencia, que iban desde “vaciar” los domicilios de los detenidos, hasta el robo a las arcas del Estado, generaron un estado de corrupción incontrastable con el discurso de orden que pretendían imponer los militares”, destaca un estudio firmado por los profesores e investigadores argentinos, Elio Rodolfo Parisi y Adrán Carlos Manzi.

LA GUERRA DE LAS MALVINAS
La madrugada del 2 de abril de 1982, la junta militar, que para entonces presidía el general Leopoldo Galtieri, las Fuerzas Armadas Argentinas desembarcaron en las islas Malvinas como una acción para recuperar la soberanía sobre las islas en poder de Reino Unido. Tres días antes, una concentración multitudinaria en la emblemática Plaza de Mayo, que fue fuertemente reprimida, exigía la salida de la junta militar, un proceso electoral libre para una transición a la democracia.

Historiadores y analistas coinciden en que fue una medida desesperada de la junta militar para recuperar la perdida influencia en la población. En efecto, en una concentración masiva convocada por la junta militar en la misma Plaza de Mayo, miles de argentinos se concentraron para celebrar la recuperación de las Malvinas. La adhesión de varios países del continente tampoco se hizo esperar con ofertas de ayuda económica y militar a excepción de Estados Unidos que se ubicó al lado de Reino Unido.

Pero luego de 74 días de combate contra las fuerzas británicas y 649 combatientes muertos en el frente, de los que 323 murieron tras el hundimiento del crucero General Belgrano, el prestigio alcanzado tras la toma de las islas se desmoronó produciendo una crisis profunda en los mandos militares.

En las Malvinas se derrumbó el mito de la superioridad militar y esa derrota también influyó en el resto de América Latina, en la que se miraba a los militares como organizaciones eficientes y preparadas, ya no solo para la seguridad y defensa, sino para guiar los destinos de las naciones. Las Malvinas corrió el velo de ese mito porque les tocó salir a garantizar  para lo que se supone los militares deberían estar preparados: la seguridad y defensa.

En unas reflexiones que hace en su libro, uno de los comandantes más importantes de las   Malvinas, el teniente general  Martín Antonio Balza, señala: “Ser prisionero de guerra proporciona una situación ideal para la reflexión, todo lo que había aprendido, las imágenes de superioridad, dictando clases de seguridad y defensa, cayeron aquel 13 de junio (…) tantos años perdidos hablando de soberanía, hablando de libertad, de estrategia, y no éramos soberanos, ni libres ni estrategas”. La reflexión del comandante revelan que las Malvinas permitió que se cayeran las grandes mentiras con las que los latinoamericanos habían vivido sobre sus fuerzas armadas. Al mismo tiempo sirvió como detonante para que se produjera una transición hacia la democracia en Argentina dominada por un poder omnipotente que para aquellos años parecía imposible de derribar. 

En efecto esa derrota profundizó la crisis interna de la junta militar. A la grave situación económica que generaba un profundo descontento popular, se sumó la decepción y un amplio sentimiento antimilitarista y contra la dictadura. 

Leopoldo Galtieri renuncia a la presidencia el 17 de junio de 1982, luego de la rendición ocurrida el 13 de junio, generándose en el país una gran desilusión. De tal manera que a cinco meses de la derrota, es la propia junta militar la que hace un llamado a “concertar” un acuerdo con los partidos políticos y sociedad civil para buscar una salida electoral.

Desde el sector militar se aspiraba a lograr una amnistía y una futura participación de las fuerzas armadas en el nuevo gobierno. Pero esa aspiración causó rechazo en sectores de la oposición quienes abogaban por una “justicia transicional” respecto al tema de los desaparecidos y la “represión sistemática” calificada como “terrorismo de Estado”.

La oposición se abocó a reestructurar sus organizaciones y a proponer las candidaturas presidenciales, en tanto que las ONG de derechos humanos evaluaban los efectos de la represión y recopilaron los casos de víctimas y desaparecidos.

Faltando un mes para las elecciones, en septiembre de 1983, la junta militar difundió la Ley de Amnistía. Esa Ley fue cuestionada y en especial, Raúl Alfonsín, quien basó su campaña en contra de cualquier acuerdo de amnistía para los militares incursos en delitos de derechos humanos. Alfonsín, del Partido  Radical, triunfaría frente al justicialista Italo Lúder. El perdón a los militares fue declarado nulo en la primera sesión del nuevo Congreso.

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