Espacio publicitario

Procesos de paz (I)

Conferencia de París de 1919: La paz que provocó otra guerra

  • Leopoldo Puchi

16 de julio de 2017 09:00 AM

Actualizado el 01 de octubre de 2017 13:09 PM

PARA COMPARTIR

Conferencia de París de 1919: la paz que provocó otra guerra

Por Leopoldo Puchi

Si se quisiera encontrar un modelo a seguir sobre lo que no hay que hacer a la hora de realizar acuerdos entre partes en conflicto, ese sería el proceso de paz que se realizó una vez  finalizada la Primera Guerra Mundial, que tuvo lugar en París a partir del 18 de enero de 1919 y que se inició con la presencia de 27 países. Una Conferencia de Paz en la que se reunieron las potencias vencedoras para definir los términos de varios tratados que posteriormente deberían ser refrendados por los países vencidos. Entre esos tratados está el de Versalles, que sella la rendición de Alemania. Tres países aliados, Estados Unidos, Francia y Reino Unido, representados por Woodrow Wilson, Georges Clemenceau y David Loyd George, dictaban las pautas sin apelación.

Luego de una conflagración que ha sido considerada como una carnicería por lo cruento de los combates y el número de víctimas, las esperanzas estaban puestas en la Conferencia de paz. Pero todo comenzó mal: al encuentro que supuestamente rediseñaría un mundo de armonía no fueron invitadas las potencias derrotadas, Alemania, Austria, Hungría, de modo que no hubo oportunidad para que estos expusieran sus criterios y negociaran condiciones. Sólo les tocó firmar un hecho cumplido.

LA VEJACIÓN DE ALEMANIA

Al no haber sido negociados, sino impuestos de manera humillante a países acorralados por la derrota y al contener cláusulas vejatorias, los tratados no consolidaban una paz duradera sino que sentaban las bases para la guerra mundial que se desencadenaría veinte años más tarde. A Alemania se le obligó a aceptar toda la responsabilidad de la guerra, a desarmarse y quedar indefensa, pagar cuotas periódicas por sumas altísimas que la desangrarían y a ceder territorios más allá de lo razonable.

A pesar de que inicialmente se habían creado expectativas para una negociación más justa, sobre la base de la propuesta de catorce puntos presentada por el presidente Wilson en su discurso ante el Congreso estadounidense, que contemplaba el principio de autodeterminación de los pueblos, la diplomacia y no la fuerza como principio para dirimir cualquier conflicto y la apertura económica mundial, lo que en verdad ocurrió en la Conferencia de Paz fue algo muy distinto. La agenda y las intenciones de las potencias vencedoras era otras, muy diferentes a las que habían ilusionado al nuevo gobierno de la naciente República de Weimar de Alemania y a lo que esperaba el mundo. Como habría dicho el mariscal de campo británico Archibald Wavell: “Después de la guerra destinada a acabar con las guerras, parece que en París han tenido bastante éxito formulando la paz que va a acabar con la paz”

MERCADO DE BARAJITAS

En realidad la Conferencia se convirtió en una sucesión de reuniones en las que se pensaba poco en la paz y más en las ganancias territoriales, zonas de expansión de capitales, mercados para productos industriales terminados y en minas, petróleo y riquezas naturales para alimentar las necesidades de las fábricas de las potencias, que procedieron a repartirse el mundo en un regateo parecido al que tiene lugar en los mercados de baratijas. Cada uno llegó con una lista bajo el brazo con el fin de conseguir para sí la parte codiciada. Forcejearon palmo a palmo: para los franceses lo que es hoy Siria, para los ingleses Irak, sobre las ruinas del Imperio Otomano. Y así, aquí y allá, zonas de influencia en Europa, colonias y protectorados en casi toda Asia y África.

Seis largos meses duró la Conferencia para proyectar líneas sobre los mapas y empujarse los unos a los otros. Hasta a Italia, que había jugado un papel menor en el conflicto, le tocó un trozo, Libia; a Bélgica le dieron Ruanda y Burundí. Los inspirados 14 puntos muy poco contaron durante las deliberaciones y el mismo Wilson los olvidó al poco tiempo de llegar a París, no los puso con fuerza sobre la mesa y los dejó reposar en el maletín en el que los llevaba, a pesar de sus discursos cargados de idealismo y benevolencia para con los derrotados y del hecho de que para los planes comerciales de su país no interesaba una Alemania empobrecida.

PARÍS, UNA FIESTA

Durante el primer semestre de 1919 París se convirtió en la capital del mundo, todas las miradas estaban atentas a lo que allí ocurría. Y no era para menos, “los grandes” decidían el destino de la humanidad. La ciudad se fue llenando de centenas de participantes, emisarios, diplomáticos, estadistas, acompañantes que discutían, pactaban y se reunían a diario. Al mismo tiempo que debatían sobre un amplio abanico de tópicos para arreglar el mundo, los delegados asistían al cine, iban al teatro o charlaban en los cafés. La vida nocturna no se había apagado con la guerra y todavía se sentían los aires de la Belle Époque en sus cabarés y galerías de arte.

Aunque no decidían nada, casi todos los países con algún tipo de diferendo enviaron delegaciones. Serbios, croatas, chinos, un mosaico de nacionalidades. ¿La razón? En la guerra entre los europeos participaron oficiales y tropas de variados países y zonas coloniales: Vietnam, Marruecos, Argelia y Senegal al lado de Francia. Los de India, del lado británico. Del mismo modo, se notaba la presencia de figuras de alto perfil, como la del propio presidente estadounidense en compañía de su joven esposa, que paseaba por tiendas o bulevares. También estuvo Winston Churchill, para entonces no tan famoso. Y se dejaron ver personalidades como Lawrence de Arabia, todavía con olor a desierto, y el economista John Maynard Keynes, quien profetizó en su libro Las consecuencias económicas de la paz, que la incapacidad alemana para pagar la deuda impuesta representaba un auténtico peligro de guerra. Pero al que sí no dejaron entrar a París y negaron la visa  fue a un pequeño coreano, Syngman Rhee, quien años después se convertiría en el primer presidente surcoreano.

RACISMO Y XENOFOBIA

Keynes al hacer un balance de la Conferencia, no dudó en calificar a Clemenceau como un xenófobo con “una ilusión, Francia, y una desilusión, la humanidad”. Eso era cierto, pero esa conducta no era solo la del líder francés, sino también la de los representantes de Washington y Londres, lo que se observaba con frecuencia en los pasillos de la conferencia donde eran comunes los comentarios y las burlas hacia la delegación de Japón, que en la guerra había peleado junto a los aliados. De modo que al discutirse el articulado de la Sociedad de Naciones que se crearía como conclusión de las deliberaciones, la propuesta japonesa de incluir una cláusula contra el racismo fue desechada.

Se pedía “un trato justo e igual en todos los aspectos, no haciendo distinciones ni legales ni de hecho en razón de raza o nacionalidad”. En el transcurso del debate el representante de Japón, Makino Nobuaki, propuso que se votara y obtuvo 11 votos de 16, aunque tuvo la oposición de las grandes potencias, pero el presidente Wilson dictaminó que la votación quedaba anulada por no haber unanimidad. El episodio no sólo generó el rechazo de los países más poblados del planeta, sino que marcó con el signo del racismo y la segregación a la misma Conferencia, la que en lugar de promover la paz estimulaba el odio y las ideologías discriminadoras, causa de sufrimientos, de confrontación y de guerras.

LOS BOLCHEVIQUES

Tampoco fue invitada a la Conferencia la recién creada República Socialista Federativa de Rusia, lo que le restaba de hecho el carácter mundial al evento, dadas las dimensiones de esa república, la extensión  de su territorio y sus millones de habitantes. Por lo demás, era el epicentro de una revolución que no podía ser ignorada y que marcaría los acontecimientos por décadas. Como había señalado con agudeza Metternich: “Rusia es un misterio entre Europa y Asia: nunca es tan fuerte como parece ni tan débil como parece”.

Sin embargo, para los bolcheviques la guerra que finalizaba era la del capitalismo en su fase de expansión imperialista, por lo que su prioridad no era la de buscar un acomodo en un dispositivo que a sus ojos solo servía a los fines de la explotación y la opresión de los países coloniales y para el armamentismo y la preparación de intervenciones militares.

Para Lenin, el objetivo esencial en aquel año de 1919 era hacer triunfar la revolución en Alemania, en la perspectiva de una revolución mundial que se expandiera desde la Europa central hacia occidente. Su temor era que una insurgencia obrera  y un poder triunfante de los soviets alemanes fueran asfixiados por una intervención de la triple alianza que venía de vencer en la guerra y podía ir en socorro del capitalismo germano frente a las fuerzas del socialismo, bajo la excusa de que el nuevo poder no respetaría el Tratado de Versalles, por lo que recomendaba a los revolucionarios alemanes no centrarse en su denuncia, pues en algún momento el mantener el Tratado podía ser un escudo protector, a pesar de su carácter draconiano y humillante.

EL PETRÓLEO EN GUERRA

En la Primera Guerra mundial, los vehículos de motor y los tanques de guerra comienzan a tomarles la delantera a los caballos, por lo que el petróleo se convierte en un bien fundamental. El Reino Unido es una potencia, pero no tiene nada de crudo y Alemania tenía pocas reservas. Por eso se pelea en Turquía, en Egipto, en Siria. En 1917 entra Estados Unidos en la guerra, el mayor productor de petróleo del mundo, lo que hace indetenible la ofensiva aliada que consume una media diaria  de 12.000 barriles. “Los aliados alcanzaron la victoria en una ola de petróleo”, afirma el ministro británico Lord Curzo, mientras que el francés Henry Bérenger considera que el petróleo “ha sido la sangre de la victoria”. Allí está la clave del porqué con tanto detenimiento los diplomáticos de la Conferencia de Paz se esmeraron en trazar límites detallados y artificiales en los territorios de Irak, Jordania, Siria, Arabia Saudita…La mismas razones que condujeron a la guerra ahora guiaban las manos de quienes firmaban los tratados de paz.

“Los aliados alcanzaron la victoria en una ola de petróleo”, afirma el ministro británico Lord Curzo

PACTOS DE TRASTIENDA

Las cartas ya estaban trucadas desde mucho antes de que comenzara la Conferencia, puesto que buena parte del contenido de lo que se definiría en las discusiones estaba previamente comprometido por una serie de arreglos secretos que se habían firmado en el trascurso de la guerra:

En 1915 el tratado de Londres, cuando Italia se unió a la entente, para lo que se le prometieron varias anexiones en Europa, en las costas del Egeo y en África;
En 1916 el acuerdo Sykes-Picot, en el que Francia y Reino Unido se repartieron las posesiones del Imperio Turco.
La declaración de Balfour, según la cual se crearía un hogar judío en Palestina bajo supervisión internacional, lo que contradecía la promesa británica al emir Hussein  de un gran estado árabe independiente.

LA PAZ

Bajo la ofensiva aliada, en 1918 el frente interior alemán colapsa y una revolución social obliga al cambio de gobierno y a pactar un armisticio que se firma el 11 de noviembre de ese año.
En los primeros seis meses de 1919 las potencias vencedoras negocian los términos de los tratados entre ellas, que luego obligan a firmar a los países derrotados.
Tratados: Tratado de Versalles. Tratado de Saint germain. Tratado de Trianón. Tratado de Neully. Tratado se Sèvres.
Creación de la Sociedad de Naciones

Espacio publicitario

Nombre y Apellido:

Email:

Escribe tu comentario:

Escribe los caracteres que ves en la imagen:

Normativa para emitir comentarios
  • Al emitir su opinión en El Universal debe hacerlo con Nombre y Apellido, no se aprobarán mensajes con datos incompletos.
  • El Universal respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y a los participantes en este foro.
  • Invitamos a nuestros usuarios a mantener un contenido y vocabulario adecuado y apegado a las leyes.
  • El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio.
  • Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quien los escribe.
  • El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
  • El Universal no permite la publicación de mensajes xenófobos o discriminatorios.
  • El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.

Espacio publicitario

ENCUESTA

Espacio publicitario

Espacio publicitario