Espacio publicitario

Procesos de paz (VIII) Guerra Fría marcó conflicto de El Salvado

Chapultepec fue el escenario para poner fin a la guerra civil salvadoreña

La guerra civil que vivió El Salvador fue el resultado de la conjunción de tres elementos fundamentales: la falta de libertades democráticas, la abismal brecha en la población entre el sector más rico y el más pobre y la tensión internacional generada por la Guerra Fría.

  • PILAR DÍAZ

03 de septiembre de 2017 09:00 AM

Actualizado el 01 de octubre de 2017 13:09 PM

PARA COMPARTIR

Están pendientes por justicia los crímenes de los seis jesuitas y las dos mujeres, perpetrados en 1989 en San Salvador.

12 años de guerra civil en El Salvador dejó 75 mil muertos y ocho mil desaparecidos.

La guerra civil de El Salvador duró 12 años, entre 1980 y 1992, dejando una marca de sangre en todo su territorio con 75 mil muertos, ocho mil desaparecidos y 12 mil lisiados. La población salvadoreña en la década de los 80 apenas llegaba a 4,5 millones pero tuvieron que salir huyendo del país unos 500 mil ciudadanos.


La guerra civil que vivió El Salvador fue el resultado de la conjunción de tres elementos fundamentales que se dieron en la década de 1970 en todo Centroamérica: la falta de libertades democráticas de todo tipo, la abismal brecha en la población entre el sector más rico y el más pobre y la tensión internacional vivida entre las potencias que dirigían la Guerra Fría (Estados Unidos y la Unión Soviética).


Junto con El Salvador se encontraban Nicaragua y Guatemala, que vivieron una situación de violencia desmedida durante los años 70. El Sandinismo triunfó en Nicaragua en 1979; mientras que en Guatemala las prácticas de los grupos insurgentes se convirtieron en actos terroristas contra la población civil.


La guerra civil salvadoreña, así como el conflicto en Centroamérica fueron considerados derivaciones de la confrontación ideológica entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El gobierno salvadoreño tuvo el apoyo de los gobiernos de Jimmy Carter, Ronald Reagan y George H.W. Bush, mientras que la guerrilla salvadoreña tuvo el apoyo de la Unión Soviética a través de Cuba, Nicaragua y Europa del Este.


En 1983 se formó el Grupo Contadora con México, Panamá, Colombia y Venezuela para buscarle una salida pacífica a las guerras de Centroamérica que amenazaban la seguridad de todo el continente americano. La iniciativa provino del primer ministro sueco Olof Palme y los premios Nobel Gabriel García Márquez, Alfonso García Robles y Alva Myrdal.


Si bien Contadora no logró el fin de las guerras en Centroamérica por las trabas políticas impuestas por la Guerra Fría sí impulsó los acuerdos de paz de Esquipulas; y a partir de 1990 se convirtió en el Grupo de Río.


DESENCUENTROS NEGATIVOS

En 1972 el Consejo Central de Elecciones de El Salvador declaró como ganador en la contienda electoral al coronel Arturo Armando Molina, por delante del candidato de la oposición, el exalcalde de San Salvador, José Napoleón Duarte. Estudios posteriores corroboraron que fue una elección fraudulenta; un posterior golpe de Estado instaura un Gobierno que pretendía abrir las puertas hacia la democracia pero se frustró y esta situación aceleró la formación de los grupos guerrilleros salvadoreños. Para finales de la década los grupos paramilitares sumaban 100 mil miembros armados.


Para 1979 la violencia en El Salvador había degenerado en una guerra civil y el asesinato de monseñor Oscar Arnulfo Romero (1980) desató de forma virulenta los enfrentamientos entre ambos grupos en pugna.


Monseñor Romero se había convertido en el principal defensor de los derechos humanos del pueblo salvadoreño y sus denuncias contra la violencia lo hicieron blanco de los grupos poderosos (militares y empresarios).


Treinta y siete años después del asesinato los autores intelectuales no han pagado por el crimen, solamente se sabe que el tirador fue llamado Marino Samayor Acosta suboficial de la disuelta Guardia Nacional, que se desempeñaba en aquella época como miembro del equipo de seguridad del presidente salvadoreño coronel Arturo Armando Molina.


UNA PAZ NECESARIA
Las negociaciones previas para terminar con la guerra civil salvadoreña se iniciaron a mediados de los años 80. Los encuentros entre representantes del Gobierno y del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) se realizaron en 1984, 1986 y 1987 en diferentes países americanos. Y aun cuando no se logró nada, se puso sobre la mesa la posibilidad de una solución negociada del conflicto. Los dos sectores reconocían que no tendría ninguno un triunfo en el campo militar.


En 1989, el gobierno de Alfredo Cristiani convocó una mesa de diálogo en México y se acordó la solicitud conjunta de la mediación dirigida al secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar, quien al consultar al Consejo de Seguridad nombró como representante al peruano Álvaro de Soto.


En abril de 1990 los representantes del Gobierno y del FMLN se reunieron en Ginebra y fijaron cuatro puntos fundamentales en el proceso de negociación: Terminar con el conflicto armado por la vía pacífica,  impulsar la democratización del país, garantizar el irrestricto respeto a los derechos humanos y la reunificación de la sociedad salvadoreña. En mayo de ese mismo año se crearon en Caracas las dos delegaciones negociadoras.


LOS ACUERDOS PREVIOS
En 1990 los representantes del Gobierno salvadoreño y del FMLN firmaron en San José de Costa Rica el compromiso de respetar los derechos humanos, este acuerdo dio origen a la Resolución 693 del Consejo de Seguridad para la formación de una misión de observadores para la resolución del conflicto.


Un año después –en 1991– firman el acuerdo sobre la tenencia de tierras y se introdujeron las reformas constitucionales de orden judicial, militar, electoral y de derechos humanos; esa firma se realizó en el castillo de Chapultepec en México.


Hasta ese momento el punto inconcluso era la situación de las Fuerzas Armadas; en septiembre de 1991 en la sede de las Naciones Unidas se logró firmar el acuerdo para la modificación constitucional de las Fuerzas Armadas.


Este acuerdo se logró por la presión de la Comisión Nacional para la Consolidación de la Paz (COPAZ) formada por miembros de todas las fuerzas políticas de El Salvador, siendo la primera comisión multipartidaria de ese país centroamericano.


FACTORES DETERMINANTES
Entre los factores determinantes para lograr la paz en El Salvador hay que resaltar dos escenarios. En el interno estaba el anhelo del pueblo salvadoreño de lograr el fin de la guerra.


El asesinato de seis jesuitas y de dos mujeres empleadas domésticas de la casa sacerdotal de la Universidad Centroamericana José Simenón Cañas (UCA) en noviembre de 1989 fue un punto de quiebre para la deslegitimación de la Fuerza Armada, y un factor clave en el cambio de la posición institucional del Ejército.


Los asesinos formaban parte del batallón Atlacatl bajo las ordenes de René Emilio Ponce y el objetivo era matar a Ignacio Ellacuria (SJ), rector de la Universidad y no dejar testigos. Este crimen levantó el repudio internacional y la presión para que se acelerara el diálogo de paz en El Salvador.


En cuanto a los factores externos se cuenta la mediación de la ONU, la presión de Contadora. Pero fue de gran peso el nuevo escenario de la geopolítica mundial regional. El fin del bloque soviético rompe con la Guerra Fría.


La firma de la paz se logró el 16 de enero de 1992 en el castillo de Chapultepec, el fin de los combates fue el primero de febrero bajo la supervisión de la COPAZ; representantes de las policías de varios países estuvieron presentes en el trabajo de la Policía Nacional formada sin ningún vínculo con el sector militar salvadoreño.


En 1997, Butros Butros Ghali, secretario general de la ONU para ese momento, dio por finalizado el proceso de paz en El Salvador; pues aun cuando no todos los acuerdos se cumplieron, el grado era aceptable.


UNA VIOLENCIA HEREDADA
Si bien el fin de la guerra civil de El Salvador permitió el reinicio de un proceso de democracia, el desarrollo económico, político y social no llegó con la rapidez deseada por el pueblo salvadoreño.


Familias desmebradas, hijos huérfanos o abandonados tuvieron que hacerle frente a las necesidades más básicas y la delincuencia fue el campo más fácil para cubrir esas necesidades. Surgen así las llamadas maras, bandas delictivas que se apoderaron del acontecer diario y se expandieron,  siendo el elemento más dañino en estos momentos para el desarrollo de El Salvador.


El mal manejo de los gobiernos de los años 90 al tema de las pandillas permitió el crecimiento y desarrollo de tales grupos. Por su parte la sociedad civil frente al trauma de la posguerra no pensó que las pandillas crecerían de la manera que lo han hecho.


La solución sin duda pasa por la realización de políticas sociales que aborden la raíz del conflicto social y no quedarse en coyunturas temporales.


Sin duda las maras son la consecuencias de la violencia de la guerra civil salvadoreña y debe ser abordada como parte del complejo entramado de los acuerdos de paz.

UNA DEUDA PENDIENTE

Veinticinco años y ocho meses después de la firma de paz de Chapultepec un grupo de organizaciones de familiares y víctimas de los crímenes de guerra llevaron al Congreso el pasado 31 de agosto una propuesta de ley de “reparación integral”. 


De acuerdo con la Asociación Probúsqueda, que se encarga de encontrar niños desaparecidos durante la guerra civil, con esta propuesta buscan la creación de un “fondo de reparación, un registro de víctimas y distintas medidas de reparación simbólica y materiales”. 


Esto servirá para “garantizar la restitución, compensación, rehabilitación, satisfacción y la no repetición” de las violaciones a derechos humanos “para cientos de víctimas que han sido desoídas desde los Acuerdos de Paz firmados el 16 de enero de enero de 1992”, indicó Probúsqueda. 


El vocero de la agrupación indicó que la propuesta responde a las recomendaciones del Informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas de 1993 y de una sentencia de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de 2016, que dio al traste con una ley de amnistía que impedía investigar y juzgar crímenes de guerra. 


EL CRIMEN DE LOS JESUITAS
También están pendientes por justicia los crímenes de los seis jesuitas y las dos mujeres, perpetrados en 1989.
La defensa del exviceministro de la Defensa de El Salvador, Inocente Montano, requerido por España por el asesinato de los seis jesuitas, cinco de ellos españoles, apelará una resolución que desbloqueó su extradición desde Estados Unidos a España. 


Carlos Mauricio Guzmán, abogado e hijo de un compañero de armas de Montano sobre el que también pesa una solicitud de extradición por este caso, detalló que la apelación se hará ante la Corte de Apelaciones del Distrito de Carolina del Norte y, “si la decisión es desfavorable, pedirán que sea revisada por la Corte Suprema Estatal, antes de que ese proceso llegue a ser definido por el Departamento de Estado, que es quien tiene la última palabra”. 


La Justicia de El Salvador celebró un juicio contra Montano y otros 19 militares, pero el juez de la Audiencia Nacional española Eloy Velasco consideró que fue un fraude de ley porque los hechos no fueron, a su juicio, correctamente investigados y, por eso, reclamó en 2011 la extradición de 17 acusados. 


De todos los involucrados en el cruel asesinado solo guarda prisión el coronel Guillermo Benavides, quien durante un juicio en 1992 fue condenado a 30 años de cárcel, junto a Yusshy Mendoza, quien colabora como testigo en la Audiencia Nacional de España. PD

Espacio publicitario

Nombre y Apellido:

Email:

Escribe tu comentario:

Escribe los caracteres que ves en la imagen:

Normativa para emitir comentarios
  • Al emitir su opinión en El Universal debe hacerlo con Nombre y Apellido, no se aprobarán mensajes con datos incompletos.
  • El Universal respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y a los participantes en este foro.
  • Invitamos a nuestros usuarios a mantener un contenido y vocabulario adecuado y apegado a las leyes.
  • El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio.
  • Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quien los escribe.
  • El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
  • El Universal no permite la publicación de mensajes xenófobos o discriminatorios.
  • El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.

Espacio publicitario

ENCUESTA

Espacio publicitario

Espacio publicitario