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Procesos de paz (IX) Diálogo en Irlanda

Acuerdo de Viernes Santo marca el fin de décadas de violencia en Irlanda

El Acuerdo del Viernes Santo del 10 de abril de 1998 fue conducido por representantes de las principales facciones de parte y parte; unionistas protestantes y republicanos católicos, asistidos por mediadores y el Gobierno británico.

  • JOSÉ ANTONIO GIL YEPES

10 de septiembre de 2017 09:45 AM

Actualizado el 01 de octubre de 2017 13:09 PM

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Las hostilidades entre Irlanda del Norte y el Reino Unido comenzaron en 1169 cuando los normandos invadieron al territorio de IrlandaAcuerdo de Viernes Santo marca el fin de décadas de violencia en Irlanda

Acuerdo de Viernes Santo de 1998 marca el fin de décadas de violencia en Irlanda

Por José Antonio Gil Yépez*

Es muy difícil llegar a acuerdos entre partes divididas por diferencias basadas en lealtades primordiales como la religión, la región, el género y la raza. 

El conflicto en Irlanda entre dos sectores irlandeses-católicos-nacionalistas (republicanos o separatistas) versus ingleses-protestantes-unionistas (colonizadores) tiene sus bases en lealtades primarias como son la religión y los regionalismos. Este tipo de lealtades, junto con las relacionadas al origen racial y al género, tienen  bases muy amplias y profundas en los seres humanos que conforman los grupos así caracterizados. Este tipo de grupo es propio de las sociedades tradicionales y una de sus características es la solidaridad automática con el grupo propio y la desconfianza y hasta la conflictividad hacia el grupo ajeno.

Además, este tipo de grupo tiende a definir de manera impositiva muchos aspectos del comportamiento social e individual y estas definiciones suponen la clasificación de otros sujetos u objetos sociales por adscripción o prejuicio, por ejemplo, por nacimiento, y no por sus obras. Esto supone que, no importa lo que el otro haga, siempre será percibido “como es”, “no puede cambiar”. 

Para dificultar más la aceptación del “otro” que es distinto a “uno”, estas posturas irreductibles están asociadas  con una orientación afectiva-emocional muy difícil de neutralizar y que bloquea la racionalidad. Este encuadre psicológico hace muy difícil cualquier intento de negociación y de convivencia entre las partes así diferenciadas o en conflicto. 

De lo anterior se desprende que el éxito en unas negociaciones de paz entre los pro Irlanda católicos y los pro Reino Unido protestantes es tan difícil de alcanzar como el éxito en las negociaciones entre judíos y musulmanes o entre aborígenes y colonizadores o entre blancos y negros. Sin embargo, a pesar de estas barreras y de los casos de hostilidades sostenidas, también se observan ejemplos notables de negociación, tales como los acuerdos de paz entre Israel y Egipto (judíos y musulmanes), entre los bandos raciales en Estados Unidos y aún en el caso de Irlanda del Norte, aunque este caso no se puede considerar como cerrado. 

También se observa que en casi todos los casos en los cuales hoy en día se presentan este tipo de hostilidades primordiales, quienes practican la violencia y la exclusión irreconciliable son minorías. Sin embargo, estas minorías generalmente están organizadas y recurren a prácticas violentas y, cada vez que se presenta la oportunidad de llegar a un acuerdo entre las partes, es común que dichas minorías traten de descarrilarlo utilizando la violencia, el ataque terrorista o el atentado para volver a radicalizar a las partes y  para descalificar a quienes promueven dichos acuerdos. Por su parte, las mayorías que rechazan el conflicto y que están dispuestas a tolerar y hasta cooperar e integrarse en una sociedad moderna, en muchos casos, no están organizadas, no tienen voceros ni han formulado un modelo compartido de sociedad y por eso sufren la tiranía de las minorías radicales con miedo y resignación. 

A medida que las sociedades se han modernizado, han tendido a pluralizarse sus composiciones sociales y a disminuir o desaparecer el papel de las divisiones por criterios étnicos, raciales, de género, religiosos o regionales. No obstante, la adopción de una organización de la sociedad con base en sectores modernos, tales como políticos, empresariales, sacerdotales, sindicales y obreros, militares, etc. no quiere decir que también hayan sido superadas las actitudes y criterios utilizados por los participantes para clasificar y tratar a los demás actores u objetos de manera tradicional o primitiva. Es decir, que en muchas supuestas sociedades ya modernizadas, como la venezolana y la colombiana, siguen vigente actitudes y criterios de exclusión, rechazo o, al menos, de desconfianza entre los sectores. Esto supone modelos de élites divididas o en conflicto que le restan sinergia y potencialidades a las sociedades que sufren tales rezagos propios de la sociedad tradicional. Inclusive, en las sociedades modernas,  el papel de las ideologías políticas de extrema izquierda o derecha, como los viejos socialismos, el nacionalsocialismo y el liberalismo es equivalente al de las lealtades primordiales en cuanto a que primitivizan a las minorías que adoptan dichas ideologías y las hacen excluyentes y hasta violentas entre sí. Esto tiene el agravante de que, si bien las divisiones sociales en función de religiones, razas, géneros o regionalismos se consideran políticamente incorrectas en las que parecen ser sociedades modernas, todavía las ideologías extremistas y la desconfianza intersectorial pueden ser, por el contrario, consideradas como políticamente correctas. Este es el problema que presenta la división entre los duros del chavismo y de la oposición en Venezuela, lo cual es comparable al reto de la integración de la guerrilla colombiana al curso mayoritario de esa sociedad y es comparable con el reto de terminar de una vez por todas con la pacificación de Irlanda del Norte, en la cual, a pesar de la reducción significativa de la violencia, no dejan de evidenciarse muertes, sabotajes y confrontaciones y, sobretodo, no deja de evidenciarse que todavía el camino a recorrer en la superación de actitudes hacia los sujetos y objetos sociales, de parte y parte, es todavía muy largo como para llegar a considerarse miembros iguales y solidarios de una misma sociedad moderna pluralista.  

Acuerdo de Viernes Santo de 1998

Las hostilidades entre Irlanda del Norte y el Reino Unido comenzaron en 1169 cuando los normandos provenientes del territorio hoy Gran Bretaña invadieron al territorio de los galos en Irlanda. Estas hostilidades se agravaron con la colonización por parte de Enrique VIII el siglo XVI, quien impuso la religión anglicana en una Irlanda netamente católica. Las hostilidades entre ambos bandos a lo largo de estos 10 siglos han sido cíclicas. Se agravaron a partir de 1968 y, a partir de ese año, se registraron diversos esfuerzos y acuerdos de paz, como el de  Sunningdale,  en 1973. 

El Acuerdo del Viernes Santo del 10 de abril de 1998 fue conducido por representantes de las principales facciones de parte y parte y asistidos por mediadores: Tony Blair, primer ministro británico, interlocutor con el Sinn Féin (partido político próximo al IRA, movimiento armado separatista) sin romper con los unionistas del Ulster (Irlanda del Norte); Bertie Ahem, primer ministro de la República de Irlanda; David Trimble, líder del Partido Unionista del Ulster (UUP), fuerza política principal de Irlanda del Norte, quien enfrentó dura oposición en sus filas; Gerry Adams, líder del Sinn Féin, primer interlocutor aceptado por los unionistas, jugó un papel protagónico en mantener dentro de los acuerdos a los sectores más radicales del nacionalismo separatista; John Hume, líder del Partido Social Democrático y Laborista católico del Ulster, ejerció de mediador durante años e impulsó la participación de Estados Unidos de América. George Mitchell, ex senador estadounidense y ex asesor del presidente Bill Clinton, medió entre las partes. 

La mediación es una típica  herramienta de negociaciones entre partes en conflicto severo, así como también lo es la creación de una Junta Independiente de Seguimiento del Cumplimiento de los Acuerdos, como se dio en este caso. 

Los acuerdos logrados fueron significativos y siguen teniendo vigencia: Creación del Parlamento de Irlanda del Norte, cuyas decisiones serían aprobadas por la mayoría de los representantes de ambas partes. Formación de un Ejecutivo de Irlanda del Norte por un sistema de “poder compartido”, usando el método d’Hondt para repartir Ministerios. Establecimiento de un Consejo británico-irlandés con representantes de todas  las Islas Británicas. Desarme de los grupos paramilitares, desmilitarización de la Policía de Irlanda del Norte y retirada de las tropas británicas. Plazo de dos años para la entrega de las armas de todos los grupos paramilitares. Entrega que se cumplió al cabo de siete años y sin cobertura de medios para no avergonzar a los desarmados de ambas partes. Liberación de los presos paramilitares si sus organizaciones respetaban el alto el fuego. Modificación de la reclamación constitucional irlandesa de soberanía sobre Irlanda del Norte, así como la Eliminación de la Ley de Gobierno de Irlanda de 1920 por parte del Parlamento británico, en la que se proclamaba la partición de Irlanda. 

El motivador fundamental para lograr este acuerdo, y los anteriores fue evitar el alto costo de la violencia en vidas humanas, deterioro económico, inseguridad y conflictividad personal entre vecinos y hasta parientes. Una buena medida de la disposición a evitar dichos costos y en pro de la pacificación la representan los resultados de los dos referendos aprobatorios para ratificar el acuerdo: el 94% de los irlandeses y el 71% de los irlandeses del norte votaron a favor. Se considera que este acuerdo ha sido exitoso, aunque en unas pocas ocasiones han brotado hechos aislados de violencia de menor impacto realizados por extremistas de ambas partes.

Acuerdos sobre la paz en Bosnia Herzegovina

Estos acuerdos fueron firmados en 1995 en la base aérea de Wright-Patterson, en Dayton (Ohio, Estados Unidos) y luego ratificados en París por Croacia, Serbia-Montenegro y Bosnia Herzegovina para poner fin de la Guerra de Bosnia, dentro del conjunto de conflictos armados acaecidos entre 1991 y 1995 entre estas naciones durante el proceso de desmembramiento de Yugoslavia. Estos acuerdos fueron impulsados por el presidente Bill Clinton, el negociador-mediador estadounidense Richard Holbrooke y el general también estadounidense Wesley Clark, y fueron suscritos por los presidentes de cada una de las tres naciones.  

Al igual que en el caso de Irlanda, las hostilidades entre las otrora regiones dentro de una misma nación, Yugoeslavia, estaban basadas en lealtades primordiales difíciles de armonizar pues esta nación estaba compuesta por seis repúblicas, siete religiones, cinco naciones, cuatro culturas, tres lenguas, dos alfabetos y ocho raíces culturales. Las motivaciones principales para llegar a un acuerdo de paz fueron evitar los estragos causados por la violencia y la capacidad de presión norteamericana, fundamentalmente ejercida mediante su fuerza aerea a muy bajo costo para los norteamericanos y a muy alto costo para los rebeldes o terroristas de cualquiera de las nacionalidades involucradas interesados en mantener hostilidades. 

Los tres Estados balcánicos se comprometieron a guiarse en sus relaciones de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, respetando plenamente “la igualdad soberana de las demás” y arreglando las controversias por medios pacíficos. El Estado de Bosnia Herzegovina se estableció como la Federación de Bosnia-Herzegovina y de la República Srpska. Aunque altamente descentralizado en sus Entidades, todavía conservaría un Gobierno central, con una Presidencia rotatoria, un Banco Central y un Tribunal Constitucional. Al igual que en el caso de Irlanda del Norte, el acuerdo estableció organizaciones internacionales para monitorear, supervisar e implementar los componentes del acuerdo. La IFOR, dirigida por la OTAN, fue la responsable de la implementación de los aspectos militares, complementada por la Unprofor (Fuerza de Protección de las Naciones Unidas).

La Oficina del Alto Representante se encargó de los asuntos político-administrativos y la Organización para la Seguridad y la Cooperación de Europa fue la encargada de organizar las primeras elecciones libres en 1996.

Bajo estas condiciones, la paz ha prosperado en la ex Yugoeslavia. 

*José Antonio Gil Yépez es sociólogo y profesor

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