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Especial de la India

Taj Mahal: El espléndido colorido de una lágrima blanca

Gracias a la invitación oficial que hizo el Ministerio de Asuntos Exteriores de India a un grupo de periodistas de América Latina y el Caribe, para familiarizarlos con las novedades de ese país, pudimos apreciar cómo esta “corona del palacio” es tan nívea como colorida, majestuosa, vivaz, romántica, todo a la vez

  • YAMILETH ANGARITA

12 de noviembre de 2017 05:01 AM

Actualizado el 19 de diciembre de 2017 10:18 AM

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Como sucede en todos los países que trabajan por su desarrollo, en la India lo tradicional y lo antiguo conviven con la novedad y lo moderno. 

Darwaza simboliza el paso de lo material a lo espiritual.


Descripciones sobre lo qué es y lo que representa para la India y el resto del planeta hay muchas. Pero disfrutar conocerlo desde el mismo momento que decide ir a Agra, incluidos el calor del día, el color de todo tipo de gente y la emoción de tenerlo ante sí, siempre será un asunto muy personal.

“El eterno mensaje del amor de un hombre a una mujer escrito en piedra blanca”

Una de las 7 maravillas del mundo moderno… Patrimonio de la Humanidad… la obra más representativa del arte musulmán en la India… las calificaciones que ostenta el Taj Mahal ciertamente denotan su magnificencia e importancia cultural para el quehacer y la historia humana. Pero tener la oportunidad de verlo directamente, siempre será un hecho muy íntimo que, al igual que conocer a la India, puede -o no- emocionar, cautivar, sensibilizar.

Y hasta enamorar.

Magnífica coincidencia esta, siendo que del amor de un hombre hacia una mujer nació el edificio que, con el devenir de los siglos, ha permanecido dando fiel testimonio de tal rendición... materializada en mármol blanco.

Sorpresas en la vía

Esta “corona del palacio” -aproximación a la traducción al español de su nombre- se encuentra localizada en Agra, en el estado de Uttar Pradesh al norte del país. A unos 200 kilómetros de la capital, en Nueva Delhi, tres horas se deberán recorrer en vehículo hasta esa ciudad turística, con la oportunidad de encontrar antes otras edificaciones milenarias que denotan la riqueza arquitectónica y la herencia cultural dejada en la India por sus diferentes conquistadores.

Como sucede en todos los países que trabajan por su desarrollo, en la India lo tradicional y lo antiguo conviven con la novedad y lo moderno. E ahí que también en este camino hacia el Taj Mahal irrumpirán estructuras vanguardistas y estaciones de servicio para que pueda descansar y proveerse de combustible si fuera necesario.

Aproveche y tome algún refrigerio en los comercios de comida rápida, la oferta incluye desde comida local, tradicional hasta hamburguesas y todo tipo de sándwichs al más puro estilo occidental. Las tiendas de recuerditos típicos de la India están incluidas en estas paradas, pero por cuestiones de costos, deje las compras para cuando vaya a los mercados populares, su bolsillo lo agradecerá.

Ya en Agra y en las calles próximas al monumento que atrae a alrededor de 7 millones de visitantes cada año, el espacio comienza a estrecharse a tal punto que la congestión del tráfico es una prueba a la paciencia y pericia de los conductores, los cuales de manera increíble evitan chocar entre sí.

Entonces es cuando debe dejar el vehículo y seguir camino a pie hasta los puntos de control que la policía de Agra tiene dispuestos para supervisar el acceso a tan importante sitio. Justo ahí la emoción comienza a competir con el tedio, el intenso calor y el apretujamiento humano generados por la fila obligatoria para ser revisados minuciosamente, eso sí, mujeres y hombres por separado.

Un apesadumbrado mausoleo

“La vida y la juventud, la riqueza y la gloria, todas se desvanecerán ante el fin del tiempo”

Poco tiempo después nada de lo anteriormente soportado se comparará con la envoltura de arte e historia que lo rodeará… solo una puerta, Darwaza, lo separará de lo que ha permanecido durante siglos repitiendo el mismo mensaje: “La muerte no es el fin… te amaré eternamente”.

Muy al contrario de lo que piensa la mayoría de las personas, “el Taj” no es un alegre palacio sino todo lo contrario, un apesadumbrado mausoleo.

Y es que tal cual como lo modeló con palabras el poeta indio Rabindranath Tagore, esta “lágrima en la mejilla del tiempo”, el Taj Mahal, es el último tributo del amor del emperador Shah Jahan a una de sus esposas, Arjumand Banu, la más amada entre todas, renombrada como Mumtaz Mahal, la “perla de palacio” o “la elegida del palacio”.

Ordenó la construcción de este monumento en el siglo XVII tras el fallecimiento de esta al dar a luz a su décimo cuarto hijo. Sumido en una tristeza tan profunda que hizo que poco a poco fuera perdiendo poder en su reino, Sha Jahan quiso bajarle el cielo a su difunta esposa, pero, al no poder, hizo guardar sus restos en lo que imaginó sería el paraíso eterno.

Una puerta abre a lo eterno

Darwaza simboliza el paso de lo material a lo espiritual.

“No es un edificio”, aclara el guía turístico. Es una majestuosa estructura de arenisca roja, con grabados en mármol blanco, bajorrelieves e incrustraciones de piedras preciosas, que abre el paso hacia el Taj Mahal.

A su alrededor verá personas de todo tipo, entre visitantes locales y del extranjero, todos en una suerte de “embrujo inquietante” por el increíble momento que están a punto de experimentar… sobrarán los “selfies” y quienes quieren figurar en las fotos propias y ajenas. Eso también es parte del paseo, encontrar gente sonriente, dispuesta, alegre.

Cuando se disponga a entrar, la oscuridad en el interior de esta puerta precederá el inevitable deslumbramiento al superarla y comenzar a ver tras ella la nívea estructura de lo magnífico…

Las fotografías van y vienen mientras el “Taj” mira elegante, sereno, como quien está acostumbrado a lo banal mientras permanece en los siglos observando, custodiando lo eterno... el amor.

“Deje que esta lágrima caiga sobre sí, deje que este Taj Mahal siga resplandeciendo en la mejilla del tiempo”

Ya sea desde los bancos dispuestos para la comodidad de los visitantes, o desde cualquier punto del espléndido Jardín del Paraíso, sobrarán las oportunidades para llevarse todas las imágenes que quiera de esta impresionante construcción.

Sin embargo, tómese el tiempo para simplemente admirar su silueta… la impresión que deje dentro de sí seguro lo conmoverá más que cualquier fotografía.

Un “poema de amor en piedra”

Muy curioso es que el blanco de la estructura del Taj Mahal se vea salpicada por el colorido de las centenares de personas que constantemente hacen fila para poder pasar a su interior. Así mismo esta “lágrima en la mejilla del tiempo” será tan blanca como multicolor según como le plazca a la luz del sol envolverla en su diario andar.

Su construcción estuvo en las manos de más de 20.000 hombres, entre artesanos y obreros de India, Turquía, Persia y Arabia, que desde 1632 tardaron más de 22 años en hacerlo real.

El mármol salió de las canteras de Rajastán, en la misma India, transportados por más de mil elefantes. Las piedras preciosas llegaron desde China, Egipto, Persia, Afganistán, Rusia, Damasco y otros lugares distantes.

Los arquitectos más importantes del imperio participaron en su construcción, la más contundente muestra del estilo mogol. De perfecta simetría -excepto por la ubicación del sarcófago de Sha Jahan, descentrado al lado del de su esposa- y magnífica proporción, la longitud de la altura del edificio (sin contar el remate de su cúpula) es igual a la de cada uno de los lados.

En el Jardín del Paraíso

Tal como debe asumirse su carácter sagrado, no podrá pisar la pureza de la terraza sobre la que descanza el Taj Mahal sin antes despojarse de su calzado, o quizás envolverlo en zapatillas desechables gracias a las rápidas máquinas dispuestas para eso.

Cada paso que dé hacia su puerta y la excitación irá en aumento… joyas y piedras preciosas para decorar el “jardín de flores” que adorna sus paredes; formas talladas de manera exquisita en mármol blanco y oraciones del Corán custodiando sus portones, todo en perfecta armonía envolviendo el cuerpo de la “perla de palacio” y de su esposo, el emperador Shah Jahan, quien la acompaña en la eternidad.

El interior del Taj Mahal es muy delicado, con adornos exquisitos y relieves de plantas y flores que semejan descripciones de cómo sería el paraíso. En ese lugar las cámaras fotográficas y de video están prohibidas, así que prepárese para grabar lo que más pueda en su memoria.

Los expertos señalan que sus paredes de mármol tienen incrustaciones de 28 tipos distintos de piedras preciosas: ágata, zafiros, lapislázuli, amatistas, jaspe, crisolita, jade, turquesas, perlas, malaquita, cornalinas, cuarzo… sin dejar a un lado el cristal, los diamantes y el ámbar. Los inexpertos e inocentes solo podrán sentir que están en un lugar sublime.

Las leyendas cuentan que una vez los artesanos finalizaron el trabajo la orden real fue que les cortaran las manos, y hasta que les dejaran ciegos, para que jamás pudiera haber una réplica de tal belleza.

Sin embargo, el guía de la visita explica que era de tal minuciosidad el trabajo que debían hacer los artesanos, con técnicas muy rudimentarias, que les saltaban a sus ojos fragmentos milimétricos de las pequeñas partes de las piedras preciosas, eso año tras año, originando la razón verdadera de su posterior ceguera.

Igual sucedía con los mínimos pedazos que se incrustaban en la piel de sus dedos y pasaban a través de estos al torrente sanguíneo, enfermándolos poco a poco.

Pese a eso, aseguran que hoy en día todavía se encuentran artesanos que preservan la técnica milenaria de sus ancestros.

“Aquí permanece el  mensajero del  amor, custodiado, con el Yamuna a sus pies”

Cuatro minaretes autónomos, al más puro estilo de la arquitectura mogol, encuadran el mausoleo. Muy probablemente el deslumbramiento que le dejará ver el edificio principal y todo su entorno no le permitirá darse cuenta de que están ligeramente inclinados hacia adentro, algo que está prendiendo las alarmas de cara a la posibilidad de que terminen derrumbándose.

Un poco más externos, dos edificios secundarios, idénticos, custodian el Taj Mahal: una mezquita (Masjid) y lo que se cree sirvió como hospedería real. Ambos están construidos con piedra arenisca, cuyo color rojo contrasta, pero sin imposición alguna, con el mármol blanco del edificio principal.Complementa la geografía del sitio el río Yamuna, cuyo cauce se dice fue desviado para que sirviera de espejo al Taj Mahal. En su orilla izquierda se construyó el Fuerte Rojo, donde Sha Jahan pasó los últimos años de su vida mirando tristemente donde yacía su amada Mumtaz Mahal.

Continuando con más leyendas, se dice que en la ribera opuesta del Yamuna el emperador deseó construir un gemelo del Taj Mahal donde debían ser sepultados sus restos. Este edificio, en imponente mármol negro, debía estar unido al blanco por un puente de oro. Cierto o falso, lo cierto es que nunca existió, dejando colgada en los siglos esta única lágrima blanca, llena de amor y teñida de color al despuntar el alba.

"Nunca te olvidaré, amado, nunca", rumora en silencio.

Y así terminó un paseo extraordinario, solo posible gracias al acercamiento que la India quiere hacer a América Latina y el Caribe a través de los programas del Ministerio de Asuntos Exteriores de ese país.

Yamileth Angarita

yangarita@eluniversal.com

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